internacionales , Lima Sábado, 5 julio 2014

¿Es Pekin una futura Lima?

Luego de 12 horas sentado en un avión y una más entre colas, trencitos y el tradicional juego de preguntas y respuestas con el operador de migraciones, salí a buscar un taxi que me lleve a Pekin. El aeropuerto queda un poco a las afueras de la ciudad, a casi 30 kilómetros de la puerta de Tiananmen. Más o menos la misma distancia que hay entre el Jorge Chavez y el estadio Monumental.

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El cuadro de Mao en la puerta de Tiananmen. Foto: Carlos Tello, cortesía del International Reporting Program

escribe Carlos Tello

Para tomar un taxi en el aeropuerto, hay que formar filas en el estacionamiento, entre barras de metal. Cuando llega tu turno, el taxista se baja de su auto, coge tus maletas, las acomoda en la maletera y se vuelve a subir. No sé si habrá sido porque no tenía cara de Chino, pero el conductor no me dirigió la palabra. Yo solo atiné a subirme al carro mientras mi traductora y el chofer cruzaban un par de palabras en Mandarín. Intuyo que le habrá dicho para dónde íbamos, porque el hombre encendió el auto y empezó a manejar. Yo, sinceramente, de Chino no entiendo un carajo.

Luego de salir del aeropuerto, todo transcurrió sin novedad hasta que súbitamente el auto dejó de avanzar. El taxista dio un suspiro, puso freno de mano y apagó el motor. Mi traductora, que iba en el asiento del copiloto, volteo y me dijo: “hay tráfico”. Yo bajé la luna del auto, asomé un poco la cabeza y solo vi carretera, autos y luces rojas. Pensé que estaba en una escena de The Walking Dead. O peor aún, en la Javier Prado un viernes a las 6 de la tarde.

Desde ese momento, los 10 días que estuve en Pekin no dejaron de recordarme a Lima. Más que recordar Lima, me hicieron pensar si Lima está encaminada a ser como Pekin, una ciudad ultramoderna pero llena de contrastes. Una ciudad que tiene en el “Nido de Pájaros” uno de los estadios más bellos del planeta, pero que se asfixia respirando aire tóxico. Una ciudad que tiene algunos de mejores destinos turísticos del mundo, pero cuyos problemas para deshacerse de la basura son tan grandes que en el 2010 tuvo que instalar cañones desodorantes en uno de sus tiraderos. Una ciudad con todos los atractivos del primer mundo, pero con muchas de las taras del tercero.

 

¿Tráfico? El de Pekin

El taxista encendió el auto nuevamente a pesar que nadie se movía y no había una una sola salida de carretera a la vista. Sin que se le suban los colores al rostro, viró el timón todo a la derecha y se metió por la vía auxiliar, pegado a la valla de seguridad. “De verdad estoy en Lima”, pensé. La pendejada no duró mucho, a los pocos metros encontramos tráfico en la vía de emergencia.

Llegar mi hotel, que quedaba a pocas cuadras de la puerta de Tiananmen, tomó alrededor de hora y media. Google Maps dice que, sin tráfico, el trayecto dura 21 minutos. Movilizarse en carro en Pekin es una pesadilla.

Según el South China Morning Post, para el 10 de julio del 2013 habían mas de cinco millones y medio de vehículos en Pekin. En todo el país habían 240 millones al inicio de ese mismo año. Para las Olimpiadas del 2008, Pekin adoptó el sistema “par-impar” para limitar el número de autos. Si tenías una placa que terminaba en número par, podías manejar hoy. Si terminaba en impar, mañana. Para el 2011, la ciudad adoptó una lotería de placas para limitar aun más el número de vehículos. Ese año, uno de cada 10 salía sorteado. Ahora, sale uno de cada 150. Si tienes plata, puedes comprar tu placa en el mercado negro. ¿El precio? Hasta 33 mil dólares, según Reuters.

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Un militar Chino durante la ceremonia de izado de bandera en Tiananmen. Foto: Carlos Tello, cortesía del International Reporting Program

Que mas de cinco millones de autos se muevan en una ciudad que es aproximadamente 6 veces más grande que Lima puede sonar a una pesadilla, pero, aunque no lo crean, las cosas podrían estar peor. Pekin tiene uno de los sistemas de metro más grandes del mundo, con más de 12 líneas y un volumen de aproximadamente 10 millones de pasajeros diarios. Además, la ciudad cuenta con un sistema de buses de alrededor de mil líneas.

¿Cómo estamos el Lima? Según La República, para junio del 2012 circulaban en la capital un millón y medio de vehículos, y la tasa de crecimiento anual era del 15 por ciento. Según Terra, actualmente circulan 30 mil unidades de transporte público. ¿La calidad del sistema de transporte público? Bueno, ustedes ya saben.

A simple vista Pekin la tiene bastante peor que Lima. Su índice de vehículos per capita (260 por cada mil habitantes) es bastante más alto que el de Lima (173 por la misma cantidad de personas), y al ya tener un buen sistema de transporte público, no parece haber solución que pueda resolver sus problemas de congestión en el corto plazo. Pero si observamos más atentamente, no es descabellado intuir que en Lima estamos caminando en la misma dirección que la capital China. El Comercio reportó que en mayo pasado se vendieron 16,323 autos nuevos, el 68.47 por ciento de ellos en Lima. Aunque se prevé que los vehículos nuevos reemplazarán a los más viejos, según Perú.21 el parque automotor Peruano aumentará de dos millones en el 2012 a 4.5 millones en el 2020.

Si algo nos puede enseñar Pekin es el riesgo que se corre cuando no se incentivan métodos alternativos de transporte. A principios de los 2000, el 40 por ciento de Chinos iba al trabajo o al colegio en bicicleta. Pero a medida que más Chinos accedieron a la clase media, fueron cambiando las bicicletas por carros. Tener un auto se convirtió en símbolo de estatus. El gobierno, con la intención de estimular el consumo interno, dedujo impuestos y dio subsidios para la compra de vehículos. El resultado: el número de carros en Pekin aumentó en 1.6 millones en dos años y el uso de bicicletas disminuyó a menos del 20 por ciento. Ahora Pekin ha desarrollado un sistema de arriendo de bicicletas para tratar de solucionar el desastre.

 

Respirando muerte

El tráfico en sí mismo jode pero no mata. Lo que sí mata es la contaminación del aire. Y Pekin tiene uno de los aires más contaminados del mundo. La situación es tan crítica que un colegio construyó un domo de cinco millones de dólares para que los niños tengan un espacio con aire limpio donde jugar. Pasar un día en las calles de Pekin puede equivaler a fumar 21 cigarros, según algunos estimados.

La contaminación del aire en Pekin no es generada exclusivamente por la cantidad de autos en la ciudad. Según la BBC, los carros son solo responsables del 31 por ciento de gases tóxicos. El resto es generado por, entre otros, fabricas, viviendas y construcciones. Y Pekin no es el único culpable por la toxicidad de su aire; muchas veces el smog es traído por corrientes de viento desde ciudades vecinas.

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Pekin en un día de smog. Foto: Carlos Tello, cortesía del International Reporting Program

En un día de smog, Pekin se tiñe de plomo. Al respirar, el aire llena los pulmones, pero no oxigena. Al contrario, te ahoga. El smog no te deja ver a más de unas cuadras de distancia. Si te suenas la nariz, sale hollín. Es como vivir en el tubo de escape de un micro viejo.

Una de las maneras de medir la contaminación en el aire es medir la cantidad de partículas contaminantes de menos de 2.5 micrómetros de tamaño (PM 2.5). Estas partículas tienen la capacidad de ingresar por el tracto respiratorio, llegar a los pulmones y generar desde enfermedades respiratorias hasta cancer. La Organización Mundial de la Salud recomienda una concentración de PM 2.5 no mayor a 20 microgramos por metro cúbico. En los últimos años, Pekin ha superado varias veces los 300, y en sus peores días, ha llegado a más de mil.

Nuevamente, ¿cómo estamos en Lima? La Organización Mundial de la Salud reportó en setiembre del 2011 que la media anual de la capital es 34.2. Bastante mejor que Beijing, pero también por encima del máximo recomendado.

La Dirección General de Salud Ambiental del Ministerio de Salud tiene datos más recientes. En el 2013, una estación ubicada en Santa Luzmila registró una medida máxima de 74,95 y un promedio anual de 46,31. Otra, ubicada en el hospital Hipólito Unanue en el Agustino, registró una máxima de 82,96 y un promedio de 44,97. La estación de control en Lima Sur tuvo mejores medidas: una máxima de 28,28 y un promedio de 23,03.

 

Nadando en basura

Tal vez lo que más disfruté en China es la comida. No sabe igual que el Chifa, pero es fácil agarrarle el gusto. Una de las cosas que más me recordó a Lima es la cantidad de puestos de de comida en la calle. En Pekin, están en todos lados. Se puede encontrar desde sopa Wantán hasta escorpiones fritos, pasando por estrellas de mar y testículos de res a la parrilla.

Como en Lima, la comida casera se sirve principalmente en platos descartables. Y se come con palitos Chinos, también descartables. En Pekin, como en Lima, lo que no se come va a la basura. Y, como en Lima, todo va al mismo tacho. No hay política alguna de reciclaje.

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Alguna vez esto fue un río. Foto: Carlos Tello, cortesía del International Reporting Program

No reciclar ni tratar la basura trae problemas. Especialmente si ya no tienes espacio donde tirarla, como en Pekin. Para el 2010, Pekin había sido rodeada por tiraderos de basura, muchos de ellos ilegales. La cantidad de deshechos era tanta y los tiraderos estaban tan cerca de la población que el gobierno tuvo que instalar cañones desodorantes. Y eso no era lo peor. La basura no tratada contaminó la tierra y fuentes de agua.

En Lima tampoco tenemos una cultura de reciclaje. Y nuestra basura también contamina tierra y fuentes de agua. El río Rimac, por ejemplo, es usado como basural no solo por pobladores, sino también por empresas mineras. El marzo de este año, El Comercio reportó que la Autoridad Nacional del Agua ha identificado 700 puntos en el río donde se arrojan residuos sólidos. El Ministerio de Agricultura incluye a nuestra principal fuente de agua en su lista de ríos más contaminados del país.

Muchos consideran que China esta viviendo una crisis medioambiental, y una visita a Pekin ayuda a confirmar que no están exagerando. China creció económicamente 10 por ciento al año durante las últimas tres décadas, cifra record el la historia moderna de la humanidad. Según China Business Review, la clase media en China creció de casi cero en 1995 a un estimado de 87 millones de Chinos en 2005. Pero el precio ha sido alto. Ríos contaminados, smog, desertificación y comida contaminada son solo algunas de los problemas medioambientales del país. Problemas que han llevado a los Chinos a perderle el miedo a su gobierno central (famoso por su gusto por la censura y la represión) y a salir a las calles a pedir soluciones y una mejor calidad de vida.

Estrellas de mar y erizos fritos en el mercado de comidas Dong Hua Men. Foto: Allison Griner, cortesía del International Reporting Program

Estrellas de mar y erizos fritos en el mercado de comidas Dong Hua Men. Foto: Allison Griner, cortesía del International Reporting Program

Luego de 10 días en Pekin, y habiendo aprendido a contar hasta cinco en Mandarín y a no hacer tanto el ridículo comiendo con palitos Chinos, me tocó tomar el avión para regresar a Vancouver, la ciudad donde vivo desde hace casi dos años. Sentado al lado de la ventana esperando el despegue, me preguntaba si en Perú podremos aprender de experiencias como la de China y lograr un balance entre crecimiento económico y cuidado del medioambiente. O si en unos pocos años, a algún periodista extranjero le va a tocar ir a Lima a escribir una historia como esta.

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