sociedad Sábado, 6 abril 2019

Si solo vas a leer un artículo hoy que sea este de Julio Cotler preguntándose por qué el Perú sigue funcionando

Diego Pereira

I'm back, bitches / twitter: @algunpereira / correo para chismes: diego@utero.pe

Escribe hoy Alberto Vergara: “[Julio Cotler] era, en fin, ese cascarrabias alegre y pinchaglobos sin el cual los pueblos no progresan“. Y Cotler pinchó globos hasta el final. Fernando Vivas rescata aquí su última entrevista para El Comercio en el 2015 donde menciona “la fascinación” que tiene por responder una pregunta. Si nuestro Estado está tan hasta las huevas,  ¿cómo es que seguimos funcionando?

Eppur si muove”. La fascinación que tengo es que puedo hablar que el Estado es así o asá, pero funciona. Cuando yo hago el recuento, educación pésima, salud mira cómo está, al final uno se pregunta, ¿cómo subsistimos?

Ese mismo año, Cotler escribió este artículoLa democracia y el Estado en Perú— en el que entra en detalle sobre por qué la pregunta es clave.

Composición: Utero.pe

Composición: Utero.pe

Y empieza con un análisis quirúrgico del Perú contemporáneo

De arranque, Cotler señala que “es evidente” que el Perú tiene un déficit institucional que le impide resolverse, originando malestar social y “desafección al régimen democrático y al Estado”. Pero, ¿cómo llegamos aquí?:

La imposición del régimen autoritario en 1992 y el apoyo de las instituciones financieras internacionales facilitaron la implementación de las reformas neoliberales, permitiendo a los tecnócratas sanear y fortalecer las finanzas públicas y generar, a espaldas de la ciudadanía, un orden institucional que concentra las decisiones económicas en el ejecutivo y privilegia la actuación empresarial y la inversión privada.

Sí, eso fue tal cual lo que pasó. Y claro, vino la estabilización y llegó la inversión y crecimos. Se redujo la pobreza y todos estaban optimistas. El Perú avanzaba. Y, anota Cotler, “figuras representativas de la tecnocracia y del pensamiento neoliberal” se encumbraron gracias a todo esto.

Un Estado que no funciona

Cotler menciona qué fue lo que llevó a que hoy en día no tengamos un Estado competente:

Para no remontarnos más atrás, la “década perdida” de los años ochenta y el catastrófico gobierno de Alan García (1985-90) postraron al Estado, las organizaciones sociales y los partidos políticos. En esas condiciones, la imposición del régimen autoritario recuperó parcialmente la autoridad estatal y recortó las atribuciones económicas del Estado, adjudicándolas a la iniciativa privada.

Esto llevó a la incapacidad del Estado para cumplir con “funciones básicas” como controlar el territorio, hacer cumplir la ley, arbitrar conflictos y atender necesidades y expectativas sociales:

Vastos espacios del territorio están en poder de grupos dedicados a actividades ilegales que involucran a la población local, al tiempo que amenazan o corrompen a las autoridades para desenvolverse libremente.

A pesar de que el Estado prioriza los intereses empresariales y mantiene una fluida comunicación con sus representantes y voceros, no pasa un día que no se quejen, privada o públicamente, por los obstáculos burocráticos que enfrentan, sin que las autoridades se decidan a hacer algo al respecto.

 Por eso cuando un empresario dice estar a favor de la “desregulación”, por lo general significa que quiere que regulen a su favor.

Y por eso estamos en crisis

Que los peruanos tengan desafección por el Estado es producto de la crisis de representatividad social y política en la que vivimos:

Uno de los nudos problemáticos derivados de la crisis de representatividad es la difícil relación entre la tecnocracia educada y titulada en renombrados centros de educación superior –que pretende dirigir técnicamente el desarrollo económico, desligándose de toda consideración política– e improvisados “representantes” de dudosa trayectoria, que han ganado una curul parlamentaria gracias a una transacción con el “dueño” de una “franquicia política”. Ignorantes de las formas democráticas pero avezados en la práctica clientelista, no pierden oportunidad para hacerse de fama y fortuna, apoyando a cualquiera que ofrezca esa posibilidad, sin prestar atención al “ruido político” en los comentarios de opinión pública.

Este matrimonio entre la clase empresarial peruana y la corrupción institucionalizada en la política nos está destruyendo. 

Ok, fin del post

Escribe Diego Cerna en Twitter (sobre cómo empezar a responder la pregunta de Cotler):

Esto, por supuesto, implica no aceptar explicaciones facilistas y que parten de sentidos comunes, y nos debe llevar a interrogar la realidad de manera incisiva, como creo que él lo hizo a lo largo de su trayectoria pública.

Eso sería todo. Vayan a a leer el artículo completo, es más que necesario para que se ganen con el diagnóstico final de Cotler: ¿hay solución?

Diego Pereira

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