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El fallecimiento de mamá Angélica nos recuerda por qué la memoria siempre “ofenderá” a algunos

Su nombre era Angélica Mendoza Ascarza, pero la llamaban “mamá Angélica” porque era imposible no identificar a nuestras madres en aquel rostro de angustia que solo se refleja en el semblante de una mamá que ha perdido a su hijo.

Imagen: icrc.org

Imagen: icrc.org

1. Maltratada hasta sus últimos días

Diez días antes de fallecer, el 18 de agosto, el Poder Judicial confirmó que, en 1983, su hijo, Arquímedes Ascarza, fue desaparecido por un grupo de militares del cuartel Los Cabitos (Ayacucho), donde existía un horno crematorio para cometer ejecuciones extrajudiciales.

Ese día, los jueces le hicieron esperar hasta las 3:20 de la mañana para que conociera el veredicto. El maltrato empezó desde temprano, cuando le hicieron esperar junto a las otras madres, porque la sentencia aún no estaba lista.

2. “Vieja de mierda, déjalo”

Cuando Fernando Belaunde Terry era presidente del Perú, Arquímedes Ascarza Mendoza, un estudiante universitario de 19 años, fue sacado de su casa a rastras por los militares. El hecho ocurrió el 12 de julio de 1983 en Huamanga, frente a los ojos de doña Angélica, quien lo contó a la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR).

“Entraron a las 12:30 a.m. a mi casa. Eran 30 encapuchados. Allanaron mi casa, pero como no encontraron nada, buscaron a mi hijo. (…) Se lo llevaron apuntándole con un arma en la cabeza. (…) Yo les dije: ‘¿Para qué se llevan a mi hijo?”, y me dijeron: ‘No, mañana será testigo. Solo por eso lo llevamos’.

(…) Me aferré al brazo de mi hijo y me dijeron: ‘Carajo, vieja de mierda, déjalo‘. (…) En la puerta me empujaron, me golpearon, me torcieron la mano y me tiraron al suelo. Se llevaron a mi hijo y los seguí, pero cuando dispararon, no pude continuar”.

A doña Angélica le negaron que su hijo estuviera en Los Cabitos o en alguna otra dependencia militar y/o policial. Desde ese día inició la búsqueda infructífera de su hijo, alcanzando solo esa sentencia que condenó a un grupo de militares que hoy están prófugos.

3. Un museo que “ofende”

Para alcanzar un poco de justicia, fundó la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú, organización que en el 2004 creó el Museo de la Memoria ‘Para que no se repita’ en Ayacucho.

Museo de la Memoria en Ayacucho. Imagen: ANFASEP

Museo de la Memoria en Ayacucho. Imagen: ANFASEP

Este museo no sería del agrado del primer ministro si tomamos en cuenta sus declaraciones del último domingoFernando Zavala ensayó una defensa al ministro de Cultura, Salvador del Solar, luego del despido del director del Lugar de la Memoria (el del Estado en Lima, no el de ANFASEP) por una muestra que no le gustaba a los fujimoristas ni al gobierno:

“No se trata de la muestra, sino de que había ciertos lineamientos. El museo de la memoria tiene que ser un sitio que no ofenda a nadie, tiene que ser un sitio de reconciliación“.

Decíamos que el museo fundado por mamá Angélica no sería del agrado del premier porque expone obras de arte como estas:

Imagen: Correo

Imagen: Correo

La escultura denominada “cerámica Quinua/Ayacucho” fue una “ofensa” que explotó en el 2015. Entre los ofendidos estaban el fujimorista Carlos Tubino y hasta Daniel Mora, quien también es militar:

Tubino: “Esta imagen muestra a las Fuerzas Armadas como violadora de los derechos de los campesinos; es una imagen muy dura y fuerte que no merece estar ahí ni ser exhibida”.

Mora: “Parece que no saben que las fuerzas de orden combatieron al terrorismo y lucharon por un gobierno democrático. Esos actos dejan mal parado al Ejército”.

Imágenes originales: La República y Anfasep

Imágenes originales: La República y Anfasep

Afortunadamente el museo no respondía a ningún gobierno de turno y la cerámica continúa en el lugar. Tan presente como la figura de mamá Angélica, una lideresa que se fue el mismo día del 14º aniversario de la entrega del Informe Final de la CVR y que, al cierre de esta nota, no ha merecido ni un tuit del presidente PPK.