politica , sociedad , violencia Sábado, 30 agosto 2008

¿Los adolescentes tienen opinión política?

Esa parece ser la pregunta de fondo en medio del escandalete que ha armado Meche Cabanillas. Por ejemplo, una de las imágenes que le dieron síncope fue esta:

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Ojo que esto es parte de un libro para quinto de secundaria, no tecero de primaria. Pero la profesora Cabanillas parece creer que esta realidad debe ocultársele a los adolescentes, que el debate es perjudicial para los alumnos. Dice así:

«los textos grafican una serie de carteles como ‘Fuerzas Armadas genocidas, expertas en derrotas’, con suscripción del Partido Comunista Peruano y luego le dicen al alumno: Observa la imagen y señala a qué obedece el contenido. ¿Estás de acuerdo? ¿Por qué? Creo que acá hay contrabando ideológico. El viceministro Vexler es el responsable de los contenidos pedagógicos de los programas curriculares que se recogen de los textos».

Alucinante que esta señora sea la «experta» del Apra en el campo educativo. Sócrates se conseguiría un chicle de cicuta. ¿Pretende que no haya discusión en las aulas? ¿Los adolescentes no tienen capacidad para enfrentar dilemas? En todo caso, lo criticable es que en una página se dé la cifra de 25 mil y en otra la de 69 mil. Supongo que sería mejor dar la única establecida por una entidad del Estado: 69 mil (insistiendo en que se trata de un aproximado estadístico).

La verdad no es que Cabanillas crea que los chicos de quinto de secundaria son tarados, sino que, como ha señalado Álvarez Rodrich, quiere remover al viceministro Idel Vexler y poner un aprista en su lugar. De otra manera no se explica un ataque tan virulento a ¡un miembro de su propio gobierno! Y de otra manera no se explica que haya atacado al viceministro y no al ministro, que finalmente es el que responde por su cartera.

El colmo del asunto es que Meche le ha pedido un informe técnico a la Dircote -que debe tener decenas de casos más relevantes que investigar- para averiguar si estos textos son apología al terrorismo. Lástima que no haya delito de apología de la ignorancia.

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