libertades , noticias , politica , sociedad Miércoles, 14 julio 2021

RIP Vargas Llosa: 7 razones para echarle tierrita a Zavalita porque, ahora sí, ya se jodió

Lo que verán a continuación es una historia triste, pero real. Real de verdad, no como la realidad alterna de Mario Vargas Llosa.

Ya, sécate las lágrimas. Intervención: Útero.Pe

Ya, sécate las lágrimas.
Intervención: Útero.Pe

1. Jalón de orejas internacional

Ayer el diario El País de España, en el que Mario Vargas Llosa escribe un espacio quincenal, le llamó la atención al premio Nobel por su reciente columna en ese medio. ¿La razón? Un usuario envió una carta al Defensor del Lector con una queja por las mentiras vertidas por el escritor.

«Este domingo encuentro en las páginas del diario la difusión de un bulo gravísimo, grosero y, francamente, peligroso. Me refiero a la afirmación, vertida por el sr. Vargas Llosa en su columna habitual de que en Perú «se está perpetrando un fraude electoral» por parte del partido que ganó dichos comicios y, aún más, que ese fraude electoral se ha llevado a cabo con la complicidad de las instituciones que deben velar por la transparencia de la democracia peruana, nombrando específicamente al Jurado Nacional de Elecciones», empieza el reclamo.

La respuesta del Defensor del Lector, que es un espacio autónomo pero adscrito al diario, contestó básicamente que Vargas Llosa paltea. Bueno, no con esas palabras, pero dijo que todo lo que publique el escritor es solo responsabilidad de él.

«En efecto, esa frase incluye una afirmación no basada en ninguna decisión oficial ni en el ámbito de las autoridades electorales peruanas ni en el terreno judicial. Por tanto, la responsabilidad de la misma corresponde exclusivamente a Mario Vargas Llosa, quien ya ha hecho hace días alguna mención similar sin que la avalen los organismos e instituciones peruanas.

Es cierto que las opiniones son libres y que el periódico respeta y acoge todas salvo las que propugnan la violencia, pero los hechos son sagrados y no hay base legal u oficial para mantener ese tipo de acusaciones de fraude, porque las autoridades electorales de Perú aún no han emitido su dictamen definitivo tras concluir el examen de los recientes comicios y las posteriores denuncias de irregularidades».

Pero lo de ayer solo fue el rezo previo a su entierro. Hace días, y hoy, varios de los que alguna vez admiraron no solo su talento para la ficción sino su defensa del liberalismo, han escrito columnas marcando distancia del Vargas Llosa del presente, que finalmente acudió al llamado tribal.

2. «Vargas Llosa: la verdad de sus mentiras»

El domingo que pasó, Marco Sifuentes, en su espacio en la plataforma Patreon, dio inicio al asesinato del padre. La columna empieza con una fila de frases escritas por el propio Vargas Llosa del pasado, todas sacadas de contexto. Frases como esta:

«Un rasgo particularmente triste de esta campaña electoral ha sido la alineación con la opción de la dictadura del llamado sector A, es decir, la gente más próspera y mejor educada del Perú, la que pasó por los excelentes colegios donde se aprende el inglés, la que envía a sus hijos a estudiar a Estados Unidos, esa «elite» convencida de que la cultura cabe en dos palabras: whisky y Miami. Aterrados con los embustes que fabricaron sus propios diarios, radios y canales de televisión, desencadenaron una campaña de intoxicación, calumnias e infamias indescriptibles, que incluyó, por supuesto, despidos y amenazas a los periodistas más independientes y capaces.»

Eso último fue escrito por Vargas Llosa después de la segunda vuelta electoral, cuando los directivos de varias empresas periodísticas en el país decidieron despedir a conductores, editores y reporteros, cuyo trabajo se ajustó a la verdad y no a una candidatura.

Marco termina su columna tratando de explicarse cómo así Vargas Llosa termina sus días convertido en un argumento tan simplón como el del rey viejo manipulado. La decadencia. De hecho, aclara que eso solo pasa en Perú, pues a nivel internacional el escritor ya era pieza de la ultraderecha (marchar con Vox, apoyar a Uribe de Colombia o a Bolsonaro de Brasil, por ejemplo).

Pero hay más.

3. «El hablador»

Patricia del Río no trata de explicarse nada, más bien va de frente a la crítica sobre el papel ruin de Vargas Llosa al gritarle al mundo, de manera irresponsable y sin una sola prueba, que en el Perú hubo fraude.

Le recuerda quiénes fueron y son las personas con las que ahora se junta:

«En el pasado fue vapuleado por millones de personas con las que hoy se agarra de las manos, unos a otros unidos, intentando llegar donde jamás había ido: es decir, a destruir instituciones, desprestigiar a un presidente honesto como Francisco Sagasti, esparcir mentiras o medias verdades; alentando el terror de una dictadura que ni siquiera existe aún, pues no tenemos ni presidente electo».

También le recuerda la solitaria batalla que emprendió en contra de la dictadura fujimorista durante la década de 1990. Esa postura le valió perder amigos, pero no importaba porque era lo correcto:

«En ese entonces, el escritor emprendió una batalla en solitario que le ganó odios y le costó amistades porque eso era lo correcto. Porque no estaba dispuesto a vender la democracia a costa de implantar un modelo económico con el que claramente estaba de acuerdo: se fajó por valores y principios que, creímos, no eran negociables. Y para eso se apoyó en hechos, no en prejuicios y fanatismos.

Patricia termina su columna con la misma reflexión que hace al inicio, separar al artista de la obra. Incluso proteger a la obra no solo del artista, sino de la estupidez.

4. «Las ficciones de la tribu»

Iván Lanegra ha escrito una especie de ensayo-columna en Ojo Público, muy detallado, en el que trata de explicar cómo así Vargas Llosa eligió terminar sus días como el decadente representante de un liberalismo rígido.

Lanegra cita el ensayo «La duda y la fe» del mexicano Jesús Silva-Herzog Márquez, en el que separa el liberalismo en dos. El primero, el escéptico, que es flexible, que duda, que es moldeable, que se adapta a los cambios. El segundo, el de la fe, más rígido, capaz de «adoptar posiciones autoritarias», anteponer libertades personales en defensa del modelo económico.

Según explica Lanegra, en «El llamado de la Tribu», el premio Nobel también habla el liberalismo y llama «espíritu tribal» a su oponente, el cual «encarna lo irracional, las pulsiones ocultas detrás de la “civilización”, una rémora del pasado, de lo tradicional».

De pronto, el Vargas Llosa que el Perú ve ahora, defendiendo a Keiko Fujimori y reproduciendo la falsedad sobre un fraude electoral, es aquel que abraza el liberalismo de la fe, el que está llenecito de dogmas. Finalmente el escritor cedió a su propia pulsión irracional.

Y ya que hablamos de tribus, Godoy también ha publicado un escrito bastante descarnado de lo que queda de Vargas Llosa.

5. «El llamado de su Tribu»

En la web «patamarilla.com», José Alejandro Godoy intenta otra explicación para que Vargas Llosa haya bajado el último escalón que le faltaba para asimilarse a la realidad paralela en la que vive la ultraderecha mundial.

Para Godoy, el conservadurismo de Vargas Llosa salió a la luz en La llamada de la Tribu, pero no era lo que estamos viendo ahora, sino uno más bien político:

«Cuando revisé este texto tras su aparición hace tres años, me llamó la atención que no aparecieran otras figuras que han caracterizado el pensamiento liberal y que, además, han tenido una preocupación genuina por la democracia y los derechos humanos, por los que Vargas Llosa bregó durante varias décadas de su carrera. En particular, resaltó la ausencia de John Rawls y Amartya Sen. Y no terminaba de entender las razones de dichas omisiones».

Y continúa:

«Lo que parecía incomprensible es como una persona meridianamente informada como el más insigne de nuestros novelistas termina comprando la narrativa falsa del fraude montada por la señora Fujimori y sus seguidores. A menos que recordemos un rasgo natural de nuestro escritor: el dogmatismo político».

Para Godoy, Vargas Llosa es un «predicador abandonado», alguien que culpa a factores externos (como un fraude) de una realidad que no quiere aceptar: «su prédica no prendió». Nadie lo siguió, como sucedió en 1990.

6. Hasta Rosa María

En su programa de hoy, Rosa María Palacios dedica unos minutos a hablar sobre la cansina estrategia fujimorista de petardearlo todo. Incluye, en su reclamo, el hecho de que el economista Daniel Córdova, vocero naranja, haya convencido a Álvaro Vargas Llosa y este a su vez a su papá Mario de creerse esta gigantesca FakeNews.

Lamentablemente es una pena que gente que ha dedicado su vida a defender la democracia termine embarrado en este asunto.

Pueden verlo desde el minuto 8:30 al 11:00

Y por último

7. La columna de Tanaka en El Comercio

El título de la columna de Martín Tanaka en El Comercio no hace alusión a ninguna de las obras de Vargas Llosa, más bien, sintetiza todo lo que va a decir a continuación. En «Negación electoral e institucional», el politólogo critica el poco aprecio por la institucionalidad de la izquierda y la derecha cuando los resultados electorales no les son favorables.

Sin embargo, hace una diferenciación con los liberales y toma como ejemplo al liberal Vargas Llosa del 2011 quien hizo a un lado sus convicciones para apoyar a Ollanta Humala frente a lo que representaba (y representa) el fujimorismo.

«Resulta difícil de entender la postura asumida hoy por MVLL. Los peligros que denuncia en Castillo pueden tener algún fundamento, pero el camino no es “mandar al diablo” las instituciones, sino, como decía a propósito de AMLO, “liderar una oposición que, desde el Parlamento y todas las instancias públicas, no desde las barricadas, ejerza una vigilancia crítica sobre el poder, denunciando sus errores, apoyando sus aciertos, y presentando en todo momento alternativas convincentes a las políticas que considera equivocadas”.».

Aunque no lo crean, en este Útero también estamos dolidos por el fin de Vargas Llosa. Pudo morir de autoasfixia erótica pero murió jodido, piensa, ahora quién mirará la avenida Tacna sin amor, piensa, también ya se jodió.

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