discriminación , noticias , sociedad Miércoles, 10 junio 2020

La pandemia también ha revelado la semiesclavitud en la que se encuentran las trabajadoras del hogar

«La mía (la trabajadora del hogar) está en casa toda la cuarentena. (…) Igual podrías ponerle televisión en su cuarto para que esté entretenida», escribe una empleadora en un grupo de Facebook luego de que otra preguntó cómo están haciendo con ‘las señoras que apoyan en casa’. «Si su empleada necesita su trabajo, debería sacrificarse y permanecer un tiempo con usted», la secunda otra. «La nana no ha salido desde esa fecha», añade una tercera.

Imagen: Captura de Facebook

Algunos de los screenshots que compartió el periodista Marco Avilés. Imagen: Captura de Facebook

Las clones de las Maldini hablaban con normalidad sobre cómo explotar a las trabajadoras del hogar, pero esas palabras están lejos de la normalidad y más cerca del delito. La Defensoría del Pueblo ha tenido que recordar que retenerlas atenta contra la libertad personal y hasta le ha pedido a la Policía estar alerta.

«No me llaman la atención estas conversaciones, pero condeno a estas señoras», nos responde Paulina Luza, la secretaria general de la Federación Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar Remunerados del Perú (Fentrahogarp). Ella cree que entre generaciones de empleadoras se recomiendan unas a otras cómo tratar a las «domésticas» para perpetuar la explotación:

«Las familias peruanas, por más modernidad o estudios académicos que tengan, su comportamiento humano es de la época feudalista, explotadora y abusiva. Tienen a las trabajadoras del hogar cama adentro, en una habitación reducida donde se guarda la ropa para lavar y, en los peores casos, hemos encontrado trabajadoras que no tienen ni cama, sino una tarima de cemento con un colchonchito de esponja».

A quien tampoco sorprende este tipo de conversaciones es a Leddy Mozombite, secretaria de la Federación Nacional Trabajadoras y Trabajadores del Hogar Perú (Fenttrahop). «Si ellas se ponen a comentar de esa forma, en su cerebro no están pensando que la persona que está trabajando es un ser humano, sino cualquier cosa».

Lo único que la pandemia ha logrado con ellas es desnudar su realidad laboral. «Las compañeras están trabajando en casa, en cuarentena completa, no salen desde el 18 de marzo a ver a sus familias, están trabajando sobrehoras, las familias (empleadoras) no están contribuyendo en la limpieza de la casa y encima les han reducido el salario», cuenta Paulina.

Ese solo es uno de los tantos abusos que están padeciendo. Leddy se da el trabajo de enumerar otros más:

  • Al no tener un contrato por escrito, no podemos supervisar la relación laboral.
  • Muchas hemos sido despedidas sin ningún beneficio.
  • No hemos accedido a ningún bono. 
  • Muchas están trabajando más horas porque ahora todos los integrantes de la familia están en la casa.
  • En algunos casos, las trabajadoras están ganando la mitad de lo que percibían.
  • En otros, les dicen que se queden, pero que no saben cuánto les van a pagar.
  • Y hay trabajadoras a las que tienen encerradas durante toda la cuarentena.
Imagen: Difusión

Imagen: Difusión

En pleno siglo XXI, aún no tienen una ley

Ellas son tendencia en redes cada vez que un grupo de empleadoras comparten consejos sobre cómo explotarlas mejor en Facebook. Pero ellas tienen voz propia. Por ejemplo, han iniciado una campaña para que el Ministerio de Trabajo cumpla con el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo a través de una nueva ley.

Ya hay un decreto  (el 1499) que dicta que ellas deben tener un contrato escrito y que no pueden trabajar si no tienen 18 años, pero falta asegurarles un sueldo mínimo, seguridad y salud en el trabajo, vacaciones, gratificaciones y CTS. Y eso, recalca Leddy, solo se logrará con una ley. «Hay un predictamen en la Comisión de Trabajo del Congreso, (…) esperamos su decisión política».

«En esta pandemia ni a los congresistas, ni a los ministros, ni a los políticos les interesamos», reclama Paulina. Ella cree que en el Congreso no las apoyan porque hay legisladores que tienen trabajadoras del hogar sin derechos. Recuerda a Carmen Omonte, quien fue denunciada en 2015 por su extrabajadora del hogar por no pagarle sus beneficios de ley. Omonte no solo era congresista, sino también ministra de la Mujer. Paulina también se acuerda de otra congresista de Alianza Para el Progreso:

«Hasta ahora no he escuchado nada, señora Irene (Carcausto Huanca). Hablamos, conversamos. ¿No se acuerda de mí? (…) ¿Usted qué dijo, congresista? ‘Ni bien llegue al Congreso, voy a pedir que se agende la aprobación de la ley’. Ahora no ha dicho nada. ¿Se dan cuenta? Qué fácil es pedir votos, y cuando están adentro, se olvidan».

Esta caricatura de Andrés Edery para El Comercio es

Esta caricatura de Andrés Edery para El Comercio es un resumen de nuestro Perú.

Apuntan a la ley para que el Ministerio de Trabajo y Sunafil las proteja. Y con estas palabras intentan llegar a quienes tienes el poder:

Paulina: «Lo único que estamos pidiendo es ser tratadas como trabajadoras del hogar porque aquí, en nuestro país, se nos ha tratado a lo largo de la historia peruana como esclavas, como sirvientas, aquella que no tiene derechos, aquella familia que pueda utilizarla, desgastarla su fuerza, pasan los años y la despiden».

Leddy: «Le decimos al Estado, al presidente, que mientras ellos están en sus quehaceres, una trabajadora del hogar está en su casa, limpiando su casa, cuidando a sus niños, cocinando, lavando su ropa y planchando».

La nueva convivencia no solo amerita nuevas acciones de la gente, sino también del Estado. ¿Abolirán por fin la semiesclavitud?

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