noticias Sábado, 1 agosto 2015

Facebook: Esto es lo que no sabes del cuestionado Te Deum evangélico al que fue Humala

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Te Deum por Fiestas Patrias. Foto: peru.com

 

Escribe Juan Fonseca

 

Ayer, por primera vez en su gobierno, Humala participó en la ceremonia de acción de gracias organizada por un grupo de pastores evangélicos. La cobertura de la prensa revela su poco conocimiento y sus contradicciones sobre el mundo evangélico y el tema del Estado laico. Por ejemplo, hoy en columna, Augusto Alvarez Rodrich elogia la participación de Humala en el Te Deum evangélico, sobre la base de varias inexactitudes. Conviene aclarar algunas de ellas:

La primera es que dicho evento es organizado por las iglesias cristianas evangélicas. Eso no es exacto. Es organizado por un pequeño grupo de pastores agrupados en el llamado Ministerio de Acción de Gracias, y liderados por Miguel Bardales, un pastor carismático y ultraconservador, que sólo representa a su congregación ubicada en La Molina. El CONEP (Concilio Nacional Evangélico del Perú), que es la asociación que agrupa al 80 % del protestantismo institucionalizado en el Perú nunca ha estado presente en dicho evento. Sus líderes más bien lo han cuestionado. Tampoco participa UNICEP (Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú), mucho más pequeña que CONEP, pero con algo de representatividad. Así que es un evento no avalado por ninguna denominación evangélica, y cuyos organizadores representan a menos del 1 % del universo protestante.

En segundo lugar, dicho evento, como el Te Deum católico, trasciende de su sentido supuestamente espiritual y es una plataforma de acción política revestida de simbolismo religioso, tanto por las componendas que existen detrás de su organización, como por el discurso del portavoz religioso de turno. Sobre lo primero, la opinión pública debería saber que el Te Deum evangélico fue fruto de una componenda política entre un sector de pastores ultraconservadores liderados por Bardales y algunos políticos apristas y fujimoristas de confesión cristiana. Por ello, Alan García, que ya conocía personalmente a Bardales, fue un entusiasta propiciador del evento apenas ascendió al poder. Asistió religiosamente al Te Deum evangélico mientras fue presidente, e incluso después. Cuando ganó Humala, según las propias fuentes evangélicas, él se negó a asistir pues conocía las componendas de Bardales y su grupo de pastores pro-fujimoristas. Más bien se intentó que CONEP y UNICEP organizaran el evento, para darle más institucionalidad. Pero la poca pericia de los líderes de estas organizaciones, combinada con la astucia estratégica de Bardales y compañía, diluyó esa posibilidad. El Te Deum evangélico siguió realizándose, pero sin la presencia de Humala. Al menos hasta ayer.

Seguro que en los predios del gobierno conocen estas componendas. E incluso saben de que Bardales es uno de los voceados para acompañar a Keiko en su plancha presidencial para las elecciones del 2016. Aspira a ser el nuevo Julio Rosas de un probable gobierno fujimorista. Pero al parecer pudieron más las urgencias de popularidad del presidente, o quién sabe otras motivaciones, para que finalmente asistiera y le diera el respaldo político que el sector evangélico ultraconservador buscaba hace tiempo. Todo esto lo maneja muy bien Bardales, el Cipriani evangélico, que sin representar realmente al mundo evangélico, se erige ante el poder político nacional como si fuera un portavoz autorizado de los evangélicos. En su sermón, pobre en lo hermenéutico y estéril en lo espiritual, básicamente lanzó los puntos básicos de su probable performance política: seguridad ciudadana, pedido de que “ya dejemos de acusarnos” y “olvidar los errores de ayer”, defensa de la familia (en su sentido homofóbico), etc. Las ideas-fuerza del fujimorismo en versión eclesial.

En tercer lugar, este evento no ayuda en nada a fortalecer al Estado laico. Alvarez Rodrich arguye que el Te Deum evangélico compensa el peso político de la Iglesia católica. En verdad, no compensa nada, sino que añade al Estado un nuevo peso político: el de los evangélicos conservadores. Frente a ello, hay dos opciones. La primera, es la que se aplica en Estados Unidos, un Estado aconfesional, pero que reconoce la pluriconfesionalidad de la nación convocando él mismo a las confesiones religiosas del país a un servicio ecuménico (National Prayer Service). En el más reciente, por presión de Obama, dicho servicio incluyó incluso a los musulmanes, hinduistas y sijs. Si de todas maneras va a haber un evento religioso oficial en Fiestas Patrias, ¿por qué no se hace un Te Deum ecuménico con representantes de todas las religiones reconocidas en el país?

La segunda opción es simplemente eliminar todo Te Deum, como ocurre en muchos Estados laicos auténticos. Pero parece que estamos a años luz de ello, pues más bien siguen apareciendo más Te Deums. En cualquier momento, los fieles a la Pachamama podrían pedir organizar uno, y tal vez con mayor razón histórica que los católicos y evangélicos.

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