noticias , periodismo , sociedad Miércoles, 17 agosto 2016

El primer artículo en inglés de un peruano es una de las 100 piezas excepcionales de periodismo para The Atlantic

portada

Imagen: Portada del artículo de Marco Avilés en Smithsonian Magazine

Hace solo un par de días, una grata noticia tomó por sorpresa al periodista y cronista peruano Marco Avilés. Se enteró que su primer artículo en inglés, llamado «How Food Became Religion in Peru’s Capital City«, ahora forma parte de una selección prestigiosa. La revista The Atlantic incluyó su artículo como parte de su selección de las 100 piezas excepcionales de periodismo del año 2015.

1. «Yo no sabía nada»

Avilés cuenta en su cuenta de Facebook que el reconocimiento a su obra le llegó cuando menos lo esperaba.

«Qué despistado. Mi primer artículo en inglés es una de las 100 piezas excepcionales de periodismo del 2015, según la revista The Atlantic, y yo no sabía nada. Hace un ratito mi esposa pegó un grito en su oficina al enterarse, y vino a felicitarme. Es raro leer mi nombre entre los de Karl Ove Knausgaard, Jon Mooallem, Michael Paterniti, Atul Gawande, entre otros que he leído con atención de aprendiz».

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Así introduce The Atlantic la publicación de Marco Avilés. Imagen: Captura The Atlantic.

El también autor del libro «¿Dé dónde venimos los cholos?», uno de los best sellers de la reciente edición de la Fería de Libro de Lima, al que nuestro colaborador Paco Bardales pudo entrevistar, dejó el enlace del artículo que escribió para la revista Smithsonian y que ahora ha sido presentado al mundo como uno de los mejores del año anterior.

Estos son algunos pasajes que se dedican a explicar que, aunque la alta cocina es lo que define a Lima hoy, el boom culinario empezó hace décadas, en tiempos de conflicto.

2. El remedio para la tristeza era la comida de la calle

Cuando en los años 80 las Fuerzas Armadas se enfrentaban a los terroristas de Sendero Luminoso, en medio de toques de queda y apagones, en Lima no la pasaban bien. Marco Avilés explica que la Lima a la que hoy las personas de todo el mundo quieren venir a conocer por su comida, era muy distinta.

«Santos pronto descubrió que el remedio para su tristeza estaba en la calle con la comida que era servida por otros migrantes (…) Él se animaba cuando me contaba sobre las delicias que podías comer en la capital. Pero para mis hermanas y para mí ir hasta allá estaba fuera de los límites; las calles eran un lugar en donde bombas estallaban y las personas morían».

«(…) una noche, cuando mi padre no estaba alrededor, Santos decidió llevarme. La Lima que vi esa noche estaba casi completamente sin postes de luz: un mundo de puras avenidas y bloques de departamentos, sin un restaurante real a la vista. Era nada comparada con la ciudad que tres décadas más tarde nosotros estaríamos llamando la capital culinaria de Latinoamérica -una ciudad de periodistas, chefs y visitantes de todo el mundo en busca de nuevos platos y sitios elegantes para comer».

3. Una de estas comidas eran los anticuchos

Si bien hoy uno puede comer anticuchos en casi todo restaurante de Lima, en los 80’s, en plena guerra contra el terrorismo, esto era impensable. Avilés menciona el caso del restaurante La Norteña, que comenzó en las calles vendiendo anticuchos y hoy es un restaurante al que todos quieren ir.

«La Norteña estaba en un vecinadario cercano al aeropuerto. Los dueños empezaron en los 90’s, vendiendo brochetas en la calle a cualquiera de los eventuales comensales. cuando la guerra finalmente acabo y Lima se volvió más próspera, su negocio creo. Al comienzo ocuaba el patrio de los dueños de una casa. Después, se expandió hasta el comedor y, luego, hasta el primer piso de la casa. Hoy, es normal para una familia esperar 10 0 20 minutos para obtener una mesa en La Norteña».

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Restaurante La Norteña. Imagen: Lianne Milton

4. A lo que llamamos boom hoy

El autor también resalta que es en la Lima después del terrorismo, en la que se habla de un «boom» culinario, y lo que pasa es que por entonces cocinar profesionalmente se convirtió en algo a lo que muchos aspiraban. En su artículo narra que todo fue tomando forma a mitad de los 90’s con el restaurante Astrid y Gastón.

«El cambio sucedió en un pequeño restaurante llamado Astrid y Gastón. Los dueños de el restaurante eran una joven pareja -ella (Astrid) es alemana; el (Gastón) es peruano- y ellos han estudiado cocina en París. Entonces, ellos hacían comida parisina, hasta que un día se cansaron de servir esos platos. Fue allí cuando decidieron servir comida peruana, con el mismo respeto y cuidado otorgado a la cocina europea (…) esta decisión debió inspirar a una generación entera de jóvenes chefs y eventualmente ayudo a elevar la cocina peruana alrededor del mundo».

Y termina diciendo que…

«Intenta imaginar por un momento una ciudad diferente, en donde millones de personas saborearon comidas con sus familias en silencio, departamentos oscuros, pensando acerca de los hogares que dejaron recientemente. Entonces, podrás entender en donde el boom culinario realmente empezó».

Puedes leer aquí el artículo de Marco Avilés

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