corrupción , noticias , politica Viernes, 5 junio 2015

Hildebrandt: “Es el Perú resignado y podrido el que reclama benevolencia con la Primera Dama”

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En su columna “Matices” de su semanario, César Hildebrandt escribe sobre todos los que quieren pasar por agua tibia el escandaloso caso de Nadine Heredia.

La cultura de la permisividad hace que algunos piensen que 38.000 dólares son muy poca cosa frente a lo que robaron otros. Es el Perú resignado y podrido el que reclama benevolencia con la Primera Dama.

Comprarse una camisa de 1.200 dólares no está mal, aunque resulte repulsivamente manirroto, para quien se los ha ganado. Sí está mal para quien no se los ha ganado limpiamente y para quien hablaba en nombre de los pobres al lado del marido que desgañitaba anunciando el cambio sustancial que se venía si lo elegían. Resulta obvio que la señora no puede justificar el dinero que gasta ni siquiera con el sueldo que le acaba de inventar su equipo de asesores: 6.000 soles mensuales, pobrecita.

Los 38.000 dólares no están solos, Allí están Martín Belaunde y la mafia, consentida por Palacio, a la que perteneció. Allí está todo lo que se hizo para que no viniera. Allí están los negocios de las obras públicas. Allí está la primita en la SUNAT y la amiguita en la OSCE. Allí está la plata que -ahora sí- se admite como procedente de Venezuela. Allí están las preferencias por ciertas empresas brasileñas investigadas en sus sedes centrales por coimear a funcionarios de otros países.

Dan vergüenza estos dos aventureros. Sus explicaciones taradas, sus poses de víctimas, sus falsos enojos dan vergüenza. Que la señora mande a decir con su abogado que ella compraba cosas para la titular de la tarjeta no es ni siquiera un insulto. Es un recurso desesperado de mentirosa profesional.

Y que salga el señor a hablar como marido ofuscado es una escena robada a “Al fondo hay sitio”.

¿Qué se ha creído este par?

Absolutamente de acuerdo, esta vez, con Hildebrandt. Dejen de estar comparando el caso de Nadine con las tropelías de los apristas y fujimoristas. Es una muy miserable versión del nosotros-matamos-menos.

Pueden leer la columna completa en Hildebrandt en sus Trece.

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