noticias Jueves, 12 octubre 2006

¿Y ahora qué hacemos con el 7?

Y por fin el gobierno se deshizo de María del Pilar Tello (aunque Del Castillo afirma -bien caballero- que la doña «renunció»).

Bonito gesto, pero el problema de fondo persiste. Ese problema se llama imparcialidad.

Eduardo Villanueva, en Casi un blog, ha publicado un pequeño ensayo con propuestas para una televisión pública en el Perú. Vale la pena leer completo el documento -en PDF-, pero aquí les dejo los párrafos que abordan el tema de la imparcialidad:

La cuestión de la imparcialidad es central. Pero no se trata de imparcialidad periodística; el riesgo de esta visión es reducir un problema complejo a la cobertura de la política en un par de noticieros. Imparcialidad es dar espacio a todas las voces, no solo en política, sino sobre todo en la cultura y la expresión pública.

Un ejemplo interesante ocurrió hace un par de años, cuando TNP decidió transmitir en directo el festejo central de la Candelaria, desde Puno. No se trata meramente de mostrar «folklore», sino más bien de darle la oportunidad a parte de los peruanos para dialogar con el resto. No todo diálogo requiere un conversatorio o un panel; muchas veces basta con mostrar al otro tal como es, sin interpretaciones o explicaciones, y disfrutar del espectáculo puneño es un buen ejemplo.

Pocas veces tenemos la oportunidad de participar, siquiera como televidentes, de una fiesta de esta magnitud; aún más importante resulta el reconocer que mientras los limeños no festejamos el carnaval más que como un pretexto para actuar como vándalos, otros compatriotas gozan del placer de actuar como una comunidad y participar masivamente en una fiesta popular.

Imparcialidad entonces es diseñar políticas de programación pensadas para mostrar el país a todos los que vivimos en él, tanto en las opiniones políticas como en sus manifestaciones culturales. Esto no descarta el diálogo con formas más tradicionales de arte o de cultura, puesto que la idea no es «folklorizar» la televisión pública.

La imparcialidad de nuestra televisión pública, como bien apunta Eduardo, permitiría la representación -la inclusión, para usar la palabreja de moda- de los «otros» peruanos. Una necesidad de nuestro país que el propio García tiene muy presente. Ojalá esta vez sí aproveche la oportunidad.

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