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¡Contemplad! La Guía de Estilo de Utero.Pe

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versión 2.1 (agosto 2015)

(con ideas robadas)

QUÉ SOMOS Y POR QUÉ

 

Los periodistas, por flojera mental, trabajamos pensando que nuestro público está tan informado como nosotros, que consumimos todos los medios, que ubicamos a todos los periodistas y que recordamos los antecedentes de todos los casos. Esta es la Gran Mentira. Esta es nuestra razón de ser. Ama Quella.

 

Nunca tratamos al lector como idiota, pero tampoco asumimos que lo saben todo, especialmente en los casos de política menuda. Nuestra vocación es didáctica.

 

La gente no tiene por qué creernos a nosotros. Por eso les ofrecemos abundantes enlaces hacia nuestras fuentes abiertas. Tratamos de inculcar en el público la cultura de la corroboración propia.

 

No podemos competir contra medios que tienen, literalmente, cien veces más periodistas que nosotros. Pero sí podemos colarnos entre sus piernas.

 

Siempre buscamos el ángulo distinto o el dato extra. Ningún post nuestro puede parecerse a algo que ya esté publicado en otro lado.

 

No somos ni pretendemos ser objetivos. Se puede ser subjetivo y defender la verdad. Una verdad apasionada no deja de ser verdad.

 

La subjetividad está justificada, la mentira nunca. El camino más fácil hacia la mentira es parcializarse. Somos subjetivos, pero no parcializados.

 

La mentira es enemiga del periodismo y los mentirosos deben ser combatidos. La verdad se defiende.

 

En nuestro país, nuestra obligación es tocar verdades incómodas. Pero las embadurnamos con la vaselina del humor.

 

Advertencia: la comedia es un arma muy poderosa. Si no la sabemos manejar, el tiro puede salir por la culata. Corolario: Es imposible reírse de todo.

 

Tu opinión no importa. Tu interpretación basada únicamente en hechos corroborables, sí.

 

 

 

DE QUÉ LE HABLAMOS A LA GENTE

 

No hay temas aburridos. Hay periodistas incapaces de llamar la atención sobre temas importantes. Pero nosotros no queremos ser esos periodistas.

 

Todo el mundo sabe que Ollanta Humala Tasso es el Presidente de la República. Dile “Humala” nomás, olvídate de su nombre completo (y más de la huachafada de poner el segundo apellido) y de su cargo. Lo mismo pasa con Castañeda, Alan, Nadine, PPK, Toledo, Eliane, Keiko, etc. ¿Cómo les dicen tus amigos? Ya. Así les dices tú.

 

No todo el mundo recuerda que Agustín Mantilla fue ministro del Interior del primer gobierno de Alan. O que Almeyda fue el jefe de Indecopi y del CNI durante Toledo. Probablemente ni siquiera recuerden qué fue el CNI. Recordar, explicar.

 

La gente más tía espera que les advirtamos de qué es lo que está pasando en la internet peruana. Especialmente si eso que está pasando puede tener repercusiones en el mundo real.

 

Los blogueros invitados tienen dos objetivos: 1.) o cubrir áreas que la prensa debería cubrir pero no lo hace o lo hace de formas que no nos terminan de gustar (deportes, gastronomía, videojuegos, etc.) o, 2.) dar cabida a ciertas firmas fuera del mainstream que aporten visiones distintas a la nuestra.

 

Tenemos blogueros invitados pero nosotros, del blog, solo tenemos el espíritu libre, informal, comprometido. Un bloguero puede publicar cualquier cosa; nosotros, no. Nosotros debemos dar un paso más. Tenemos que enfocarnos en los detalles y, a la vez, mostrar el panorama general.

 

La verdad es incómoda. No solo para el lector, también para ti. Para llegar a la verdad tendrás que darle la vuelta a tus prejuicios, cuestionarte un poquito más y, a veces, meterle un tacle a alguien que te cae bien o –esto jode más– felicitar a alguien que te cae mal.

 

Existen las buenas noticias. Existen los buenos peruanos. Nos gustan el éxito de un compatriota, el compromiso del activismo que no se confunde con el márketing personal, el esfuerzo de una empresa por ir más allá de la rentabilidad.

 

Todas las fuentes son iguales. Sea un funcionario público con el que hablamos en la vida real o un bloguero que expone largamente un argumento o una persona que denuncia algo en su Facebook, es lo mismo. Hay fuentes más confiables que otras. Hay fuentes con las que se ha construido una relación de confianza. Y también hay fuentes que no conocemos en absoluto y cuya información, por tanto, debe ser cruzada antes de convertirnos en su caja de resonancia.

 

Los temas de farándula ni nos asustan ni nos dan asco. Pero solo los tocamos cuando tenemos un material periodístico absolutamente distinto o novedoso sobre ellos. En muchos casos, sirven para llamar la atención sobre problemas estructurales de nuestra sociedad (machismo, racismo, homofobia, etc.).

 

La principal pregunta que un periodista debe hacerse antes de abrir su boquita o apretar enter en el teclado es: “¿Estoy mintiendo?”

 

Después vienen todas las demás preguntas. “¿Estoy haciendo daño a alguien con esto?” debería ser la segunda y, si la respuesta es afirmativa, viene “¿Vale la pena?”.

 

Un error aislado no debería destruir la reputación de toda una vida.

 

No deberíamos juzgar a nadie por su apellido o por cómo se ve o por dónde vive. De hecho, no debemos juzgar a nadie por ninguna circunstancia ajena a su control.

 

Chequea tus privilegios. ¿Seguirías pensando que piensas lo que piensas luego de ponerte en el lugar de otra persona con menos oportunidades? ¿Tus opiniones serían distintas si no fueras hombre o blanco o heterosexual o católico o limeño o clase media o todas o alguna de las anteriores?

 

No todos los empresarios son explotadores insensibles. No todos los manifestantes son violentistas ideologizados. No siempre los prejuicios aciertan (pero a veces sí: nuestro trabajo es demostrarlo).

 

La discriminación está tan metida en el ADN de los peruanos –en su humor, en su lenguaje cotidiano, en la arquitectura de las casas, etc.– que la mayoría de veces no nos damos cuenta que estamos siendo racistas, clasistas, machistas, homofóbicos o cualquiera de las múltiples formas de segregación que ejercemos a diario. Nuestra labor es aplicar desahuevina en estos casos.

 

No hay concesiones con la corrupción o las violaciones a los derechos humanos o los atentados ecológicos. Pero recuerda lo que dice Carl Sagan: afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria.

 

Como periodistas, nuestra labor es contar la verdad. Y el único método certero para llegar a ella es el científico (del que el periodístico es pálida imitación). Por tanto, no damos validez a nada pseudocientífico. Nuestra labor es combatir a adivinos, astrólogos y místicos, no darles pantalla.

 

 

 

FORMALIDADES DE UN POST

 

Los títulos no deben contarlo todo. Lamentablemente, la gente creerá estar suficientemente informada con solo leer el titular (y no hay nada más lejos de la verdad).

 

Si no funciona como tuit, no funciona como titular.

 

Salvo casos excepcionales, los posts de coyuntura no pueden tener solo una fuente. Necesitamos justificar con más de una buena razón que la gente esté leyendo sobre esta noticia con nosotros y no en la fuente original.

 

Si solo ofrecemos una fuente es porque nosotros, al estar liberados del lenguaje formal, podemos explicar esa noticia de una forma más sencilla, amena y esclarecedora. O porque vamos a explicitar lo que la fuente original solo quiso dejar en la entrelínea.

 

Los videos son problemáticos. Hay que incrustarlos en el post siempre que aporten o sean divertidos. Pero pueden estar bloqueados en el trabajo o no hay audífonos para consumirlos en privado o no se cuenta con datos para verlos en la combi. Como sea, nuestra labor es, siempre, contarle a la gente lo que tiene el video que hemos colocado. Si podemos recurrir a capturas de pantalla, gifs animados o lo que sea, tanto mejor.

 

Si no sabes cómo abordar un tema, imagínate contándoselo con chelas a un amigo. Esa es la forma de abordar el tema.

 

Siempre queremos convencer al lector de algo. ¿De qué? Estructura la respuesta en 4 o 5 frases. Convierte cada frase en un subtítulo y rellena. Ya tienes el post.

 

Menos es más. Si puedes probar algo únicamente con imágenes y enlaces, hazlo.

 

A más palabreo, más posibilidades de caer en el error o la difamación o el malentendido. Keep it simple.

 

No le tengas miedo a las referencias propias: frases en otro idioma, jerga gamer, memes, un chascarrillo, lo que sea, todos los recursos son válidos si consiguen conectarte con tu potencial lector.

 

Siempre citamos. Siempre. Y si podemos enlazar la cita, mucho mejor. Estamos en Internet, usemos la Internet.

 

Es mejor cortar, pegar y enlazar unos párrafos ajenos que parafrasear o voltear lo que otro ha escrito mejor de lo que nosotros podríamos.

 

Especialmente con las investigaciones –pero en realidad intentemos hacerlo siempre–, no solo citamos el nombre del medio del que tomamos la información, sino también el del periodista que la produjo. Nunca seamos mezquinos con el trabajo de un colega.

 

Nunca usamos verbos en condicional. Si no podemos asumirlo nosotros o no podemos atribuírselo a un tercero, entonces simplemente no lo decimos.

 

Coherencia en la conjugación. Si estamos usando el plural de la segunda persona en pretérito perfecto simple, no puedes pasar al singular en pospretérito en el mismo párrafo. Casi diría que no lo hagas en el mismo post, a menos que seas Vargas Llosa.

 

La letra con foto entra. Encontrar (o elaborar) la imagen adecuada te hará el 50% del post.

 

Tú eres tu propio diagramador. Los puntos aparte, las imágenes, las negritas, las mayúsculas, los cambios en el formato, todo eso, bien usado, facilita la lectura.

 

Si una oración está muy larga mira dónde puedes ponerle un punto seguido. Ponle uno o dos. Ya quedó mejor.

 

 

PERIODISMO Y PERIODISTAS

 

El peor defecto de los periodistas peruanos es que solo consumimos periodismo peruano. Abramos nuestra cancha personal. Hay muy buen periodismo allá afuera. Y hay una vida, mucha vida, fuera del periodismo en general.

 

Pero, eso sí: en todos lados hay buenos periodistas. En todos los medios peruanos se puede producir buen periodismo. En esos diarios, radios o canales que tú dices no consumir y que desprecias, hay reporteros, editores y conductores dando la lucha por dentro, persiguiendo un caso en el que nadie más cree, insistiendo con un tema que ya pasó de moda, logrando un primicia que todos buscaban. Este blog empezó como un recopilatorio de casos de buen periodismo y debe seguir así.

 

No somos “los únicos que se atreven a escribir las cosas que lo demás no se atreven”, ni somos “prensa alternativa” o “antiprensa”. No usamos frases ridículas como esas para marketearnos y desconfiamos de todo el que sea suficientemente huachafo o megalómano como para esgrimirlas. Somos periodistas nomás.

 

No estamos por encima de nadie, menos de otros periodistas. No somos ni madres superioras infalibles ni chibolos trolls que nunca han pisado la calle. No andamos buscando la sinrazón para criticar a otros periodistas, de eso ya se encargan las redes.

 

Los periodistas no somos la noticia. No perdemos el tiempo tomando partido en guerras de medios o broncas de egos periodísticos.

 

Todo esto no quiere decir que no nos metemos con otros medios o periodistas. Pero allí hay dos escenarios: o los aplastamos, sin miramientos, inapelablemente, o solo les aventamos un pollo y seguimos nuestro camino. No hay puntos medios.

 

Tampoco tenemos sección editorial (reprime tus ínfulas, ni que fuéramos El Comercio o La República). Todo lo que queremos decir lo hemos dicho informando.

 

Eso sí: siempre informamos sobre los premios y reconocimientos que recibimos. Si nosotros no lo hacemos, nadie más lo hará.

 

Estamos a la caza de las nuevas tendencias del periodismo y las tecnologías de la información, pero no las adoptamos todas porque sí. Solamente utilizamos las que nos sirven realmente y las que le harán la vida más fácil a los lectores.

 

Pensamos siempre en el futuro. El periodismo de hoy es el archivo del mañana. Nos gusta pensar que dentro de 10 o 100 años alguien seguirá informándose gracias a nosotros.

 

No nos interesa el periodismo de declaraciones. Si alguien dijo algo feo de otra persona, eso no es noticia. Esto aplica para la política, la farándula o el deporte.

 

La excepción a la regla anterior está relacionada a las muestras flagrantes de discriminación (ver la sección “De qué le hablamos a la gente”). Si alguien perpetúa y ejerce cualquier tipo de discriminación agrediendo verbalmente a alguien, toca desahuevina.

 

Los Celebrity Deathmatchs son debates que ocurren entre personajes de distintos medios (de un diario le responden a otro, de un programa de televisión a uno de radio, de un web a un diario, etc). Es una forma de ayudar al público que no consume tooodos los medios.

 

La gente que opina distinto a nosotros no es nuestra enemiga. Puede estar desinformada o culturalmente condicionada. O, insólitamente, es posible que estén en lo correcto. Si se toman la molestia de exponer sus argumentos, leámoslos con mucha atención. Quizás aprendamos algo.

 

 

REDES SOCIALES

 

El equipo y los invitados pueden publicar a la hora que sea. Pero la difusión en redes es distinta a la publicación. Aquella responde a una estrategia basada en el comportamiento de la gente en cada determinada época (va variando a lo largo de los años, según incremento de conectividad, movilidad, costumbres, etc). No necesariamente se difunde al mismo tiempo que se publica.

 

El horario de difusión ayuda pero no determina. Hay temas que definitivamente necesitan un empujón. Pero, a veces –sobre todo con las exclusivas–, puedes postear una noticia a la medianoche o en la tarde de un sábado y tendrá tantos clicks como una difundida en el “horario adecuado”.

 

La forma cómo se presenta en Facebook (texto e imagen) es casi tan importante como el titular de la nota. Quizás más. Hay que pensarlo con mucho cuidado, especialmente para desincentivar que la gente comente sin leer el artículo.

 

De la misma forma, además del tuit automático con el título, enviamos dos tuits con enlaces hacia el mismo artículo. Cada tuit apunta a un potencial público distinto o sirve para mencionar el usuario de Twitter del autor o de los protagonistas del post.

 

Los primeros cinco minutos de difusión de un post son claves: si hemos metido la pata, saltará en los comentarios o los mentions. No abandones un post después de difundido. Todo lo contrario: fíjate cómo empieza a reaccionar la gente.

 

Nunca dejes que el primer comentario de Facebook sea de un troll. Distorsionará todos los que vengan. Ocúltalo sin roche.

 

No vale la pena perder el tiempo respondiendo los comentarios. Tu ego querrá tener la última palabra pero reprímelo. Un poquito de humildad. Ya aparecerá un comentarista lúcido que diga lo que nosotros hubiéramos dicho (y a ése le damos “me gusta”).

 

Muy de vez en cuando, en casos específicos, habrá que responder. Piénsalo muy bien antes de hacer que Utero.Pe polemice. Somos periodistas, no community managers.

 

De la misma forma, como no somos CMs, las “interacciones”, el “engagement” o como sea que se llame el humo en el futuro no nos quitan el sueño. Lo que queremos es que lean nuestros posts, escuchen nuestros podcasts o vean nuestros videos. Para eso nos sirven las redes. El resto es verso.

 

Twitter es una herramienta de trabajo. Si un troll aparece en tus mentions, bloquea bloquea bloquea. La tentación egocéntrica de aclarar calumnias o responder difamaciones podría quitarte tiempo que debes dedicar al periodismo.

 

Si tienes encima una campaña difamatoria muy grande, respondes una vez y ya. Intenta que sea a través de tus redes personales.

 

Eso sí: el peruano es vacilonero. No confundas la joda buena onda con un ataque a tu sacrosanta persona. De todas formas, con los posts noticiosos, lo que quieres es que hablen del contenido, no del emisor.

 

Sí hay roche en rectificarse. Pero es un roche que debe asumirse en todos los casos. Caballero. Además, es inevitable. Todos patinamos alguna vez.

 

Sé agradecido. Con todos los que se lo merezcan. Siempre.

 

ADVERTENCIA: Sí, no siempre hemos cumplido con estas recomendaciones. No, sí somos conscientes cada vez que la cagamos. Nadie es perfecto. Errar es humano (ver imagen inicial). La cuestión es seguir intentado.