noticias , politica Miércoles, 16 febrero 2022

Escenas de la vida palaciega: 3 momentos de Pedro Castillo que son suficientes para conocerlo

-Pero cómo voy a hacer un registro si yo no tengo apuntado quién entra y quién sale de ahí-, les dijo un ofuscado Pedro Castillo.

-Presidente, lo que podemos hacer es sentarnos una noche. Usted y yo con lapicero y libreta en mano; y hace memoria sobre a quiénes recibió en la casa de Breña y yo voy apuntando. El resultado lo podemos mostrar-, le respondió el entonces secretario general de Palacio, Carlos Jaico, con un poco de optimismo de poder convencer a Castillo y calmar la crisis provocada por las visitas clandestinas que el presidente recibió en la casa de sus amigos en el pasaje Sarratea en Breña.

Mirtha Vásquez secundó a Jaico. Estaban los tres en la sala de Palacio. Había terminado una sesión del Consejo de Ministros. Ambos intentaban hacer entrar en razón al siempre impasible Castillo, quien por un momento se quedó pensando hasta que luego de un rato tomó una decisión.

-Bueno lo hacemos-, dijo finalmente.

Era 1 de diciembre y no solo las visitas en Sarratea eran un problema. También lo era el caso del exsecretario general de Palacio, Bruno Pacheco, quien estaba envuelto en un escándalo después de que la Fiscalía encontrara 20 mil dólares en el baño de su despacho en la mismísima casa de gobierno. Por eso Vásquez, quien para ese entonces era presidenta del Consejo de Ministros, sugirió también que el presidente, en aras de la transparencia, anuncie el levantamiento de su secreto bancario.

-¿Y eso qué es?-, dijo Castillo, confundido.

La premier tuvo que explicarle que levantar el secreto bancario consistía en transparentar todos los movimientos de ingreso y salida de dinero de todas sus cuentas en bancos.

Castillo otra vez dudó, pero aceptó.

Jaico y Vásquez abandonaron la sala de Palacio. Inmediatamente la PCM convocó a una conferencia de prensa en la que la premier anunciaría la publicación de las visitas en el pasaje Sarratea. Minutos antes del encuentro con los periodistas, Castillo le escribió a su entonces premier por WhatsApp pidiéndole que no anuncie el levantamiento del secreto bancario ¿La razón? Recomendación de su círculo de asesores. Él no era un investigado.

Minuto 31:22 de este video, se puede ver a la premier anunciando que el presidente Castillo publicará la lista de visitas a la casa de sus amigos en Breña.

Los días pasaban y la lista no se publicaba. Cuando la premier le preguntó al presidente por la lista, Castillo le contestó que ya había sido enviada a la Procuraduría.

-¿No la va a publicar?-, le preguntó. Y Castillo dio la misma respuesta que con el secreto bancario. «No soy un investigado». Peor aún, la lista no existía. La Procuraduría desmintió la información.

Más tarde las declaraciones de Mirtha a la prensa caerían en saco roto. El propio abogado de Castillo, Eduardo Pachas, dijo un mes después, en enero, que el presidente no tenía por qué hacer una lista de visitas en Breña porque eso «no estaba entre sus funciones».

No sería la única demostración de la poca confiabilidad de las palabras del presidente Castillo. Sucedió otra vez cuando le pidió a Mirtha Vásquez convencer al exministro Avelino Guillén de quedarse en la cartera del Interior minutos antes de aceptar la renuncia de este en medio de la crisis de la Policía causada por el propio Castillo.

Pero su falta de decisión no es lo único que arrastra el presidente. La falta de transparencia no solo era con la prensa o con sus ministros, sino consigo mismo.

Del caldo verde a las finas hierbas

El mediodía del martes 19 de octubre del 2021 el comedor de Palacio de Gobierno se llenó de rosas rojas. No era cualquier día, era el cumpleaños número 52 del presidente y el primero que pasaría en Palacio.

Las largas y clásicas mesas del comedor habían sido reemplazadas por unas redondas, vestidas con una fina tela de seda. En el centro de cada mesa, unos caballos de plata galopantes hacían parecer que allí se casaba alguien. Pero no. Bruno Pacheco, el entonces secretario general de Castillo, se había encargado de convocar a los invitados al almuerzo en homenaje a su «amigo y compañero de luchas», como lo diría esa tarde de festejo.

A esa hora, los invitados hacían cola para ingresar al comedor de Palacio. La mayoría eran servidores públicos, congresistas o ministros. Todos tenían en sus manos un presente para el presidente.

Apenas pisaban el comedor, los mozos estaban prestos para dar la bienvenida a los invitados ofreciendo una copa de pisco sour. Tal vez dos o tres, todas las que quisieran. Sobre las mesas redondas empezaban a colocar botellas de vino blanco y tinto.

Mientras iban ocupando sus asientos, en una esquina del comedor una banda de violinistas ambientaba el lugar con suaves notas. Un lujo que dejaba atrás aquella mesa familiar con mantel blanco de cuadros y el caldo verde servido que reunía a la familia Castillo en Cajamarca.

Pedro Castillo se sentó en una mesa flanqueado por la vicepresidenta Dina Boluarte y la premier Mirtha Vásquez. También estaban su esposa, Lilia Paredes, y algunos ministros como el de Vivienda, Geiner Alvarado y el de Transportes, Juan Silva Villegas, que han sobrevivido a cuatro gabinetes, y por supuesto, Bruno Pacheco.

-Qué lindos esos caballos-, comentó una de las asistentes presentes en la mesa.

-Son de plata-, le contestó Bruno Pacheco, haciendo hincapié en el costoso material de que estaban hechos. Y agregó una pregunta.

-Para ti debe ser un sueño todo esto, ¿no?-, le dijo el entonces secretario general.

-¿Por qué?-, respondió su interlocutora.

-Porque todas las mujeres sueñan con flores, con palacios, con cosas así lujosas-, le explicó el amigo del presidente antes de que todos sepamos que guardaba miles de dólares en el baño de Palacio.

La entrada del almuerzo era una especie de tiradito de pescado, pero servido en porciones minúsculas y con una salsa particular, estilo gourmet. El plato de fondo fueron carnes rojas a las finas hierbas con guarnición de ensalada, bastante alejado de la comida típica cajamarquina.

Qué lejos se ven los momentos en que Pedro Castillo abrazaba al Perú. Intervención: Útero.Pe / Imagen original: Morgana Vargas Llosa/El País

Qué lejanos todo.
Intervención: Útero.Pe / Imagen original: Morgana Vargas Llosa/El País

No había momento en que el presidente Castillo dejara vacía su copa de vino. Las botellas parecían infinitas y a medida que más quedaban descorchadas sobre la mesa, más fuertes eran las carcajadas de los asistentes. En un momento, Castillo y sus amigos olvidaron que estaban en Palacio, que era el presidente y que había alrededor otras personas. Juan Silva se paró y le dijo en el oído en referencia a los caballos de plata sobre la mesa.

-Ahora los caballos, más tarde vienen las potras.

Y la mesa reventó en carcajadas, aunque ninguna de las tres mujeres sonrió. Era la cúspide de la familiaridad masculina en el poder. El presidente y sus amigos, amigotes, y de fondo el carnaval de Cajamarca tocado en violín.

El inspector Truquini

José Fernández Latorre, flamante e inamovible jefe de la DINI Imagen: Exitosa

José Fernández Latorre, flamante e inamovible jefe de la DINI
Imagen: Exitosa

Tener cercanía con el presidente resiste cualquier filtro. De eso el gobierno tiene muchas muestras. Desde ministros y funcionarios con denuncias de corrupción o violencia, hasta personas que, si bien no tienen antecedentes previos, su eficiencia es directamente proporcional a la capacidad de Castillo para respetar sus decisiones.

A inicios de setiembre del año pasado fue designado como jefe de la importante Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) al excomisario de Tacabamba, Chota, José Luis Fernández Latorre. Su nombramiento causó un poco de revuelo por su falta de experiencia, pero él se defendió en varios canales asegurando su idoneidad para el cargo.

Durante los meses siguientes la presencia de Fernández se fue diluyendo en el círculo de confianza de Castillo. Su irrelevancia en temas de inteligencia, de competencia de la DINI, se hizo evidente, una vez más, durante una sesión de Consejo de Ministros de mediados de enero de este año. Fernández expuso sobre la situación de la delincuencia en el país, pero su único enfoque era oponerse a la presencia de ciudadanos venezolanos. Estaban presentes también varios especialistas y el general en retiro Gustavo Bobbio, exconsejero de Antauro Humala y hoy jefe del gabinete de asesores de la DINI. Con una exposición sin datos concretos y apoyado en sus prejuicios, Fernández tuvo que ser corregido con cifras actualizadas del Instituto Nacional Penitenciario.

Según un informe del INPE del 2021:

  • El 3% de la población penitenciaria tiene origen extranjero, es decir, unos 2 mil 464 presos frente a los más de 84 mil presos de nacionalidad peruana.
  • De ese 3%, menos de la mitad, o sea, 1,167 tienen nacionalidad venezolana.

Para estar cerca del presidente, el jefe de la DINI tiene una oficina en Palacio de Gobierno. Una de sus grandes y recientes ideas ha sido la de proponer la compra de un detector de mentiras, un polígrafo, para usarlo con todas las personas que visiten Palacio.

Una sentencia del Tribunal Constitucional declaró que el uso del polígrafo solo es excepcional en el marco de una investigación a nivel laboral. Sin embargo, como indica esta nota de Esan aún no hay suficientes estudios que verifiquen técnicamente su fiabilidad. En todos caso, según los reportes del Ministerio de Economía, por lo menos hasta enero de este año no hay registro de su compra.

Todo el mundo en los pasillos de la PCM y Palacio saben que el jefe de la DINI es una caricatura de él mismo ¿Y el presidente? José Fernández continúa en su puesto a pesar de que su oficina no advirtió ni siquiera las evidentes denuncias contra el expremier, Héctor Valer, por golpear a su esposa y a su hija. Como ya lo hemos advertido líneas más arriba, el compadrazgo, para Pedro Castillo, pesa más que la eficiencia y, por supuesto, mucho más que su palabra… de maestro.

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