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El post que te explica por qué la nueva Ley de Cine no es lo que necesitábamos

Diego Pereira

I'm back, bitches / twitter: @algunpereira / correo para chismes: diego@utero.pe

Hace unos días, el Congreso votó a favor de la Ley de Promoción de la Actividad Cinematográfica y Audiovisual

La mayoría de votos en contra vino del fujimorismo. Foto: Captura/Tv Perú

La mayoría de votos en contra vino del fujimorismo. Foto: Captura/Tv Perú

La llamaremos Ley de Cine para no hacernos tantas bolas. Aún queda una votación por delante para que como Reimond Manco se haga realidad. Si quieres leerla aquí te dejamos el link. No obstante, quizás sería bueno repasar cómo fue que llegamos hasta aquí:

  • Salvador —como hizo a finales de los noventa con el pelo corto— puso el tema de moda y hasta siete propuestas para mejorar esa Ley de Cine se presentaron.
  • La que finalmente se aprobó ayer fue la propuesta por Francesco Petrozzi —el congresista que resultó siendo más blanco que fujimorista— y es un tacu chaufa armado con pedazos de las propuestas previas. Que quede claro: es un critter contrahecho.

Y la verdad es que necesitábamos una nueva

Porque necesitábamos reemplazar la Ley 26370 (Ley de la Cinematografía Peruana), promulgada en los años de la dictadura fujimorista (y a la cual le metieron unas ligeras modificaciones en el año 2012). Sobre los principales cuestionamientos a esta, escribe el cineasta Francisco Adrianzén Merino:

Los principales cuestionamientos que se hacían a la [ley] 26370 tenían principalmente que ver con que los fondos asignados para la promoción de la producción cinematográfica eran insuficientes, sometidos al capricho del Ejecutivo y tenían que ser sometidos anualmente a la consideración del Congreso vía la Ley General del Presupuesto de la República.

Por otro lado, la ley se quedaba en artículos plagados de buena voluntad y sin embargo, poco efectivos respecto a la distribución, promoción y exhibición de las obras cinematográficas peruanas y rozaba apenas los temas culturales como la educación cinematográfica en los colegios y la preservación fílmica encarnada en la necesidad de creación de la Cinemateca Nacional. Por todo ello no resultó nada extraño que desde los primeros años de funcionamiento de la ley 26370 (1998) se planteara su reforma.

Entonces, considerando los antecedentes de su predecesora, lo más lógico era que la nueva ley triunfara donde la anterior había fallado:

  • Modernizar y hacer que nuestro cine sea más competitivo (al menos en la región), adecuándolo a nuevas modalidades de producción, distribución y exhibición.
  • Y también crear la tan necesitada Cinemateca Nacional, una entidad cultural autónoma que guarde la producción cinematográfica peruana (la que vino y la que vendrá).

Pero te estás olvidando que este es el Perú, donde el lema para producir leyes es…

Fuck logic

Y seremos breves para contarte cuál es el problema: el Congreso optó por la solución más inmediata, la cual beneficia a los productores pero muy poco a los cineastas, a la cultura del país y —siempre la última rueda, por supuesto— al público. La nueva ley convierte al cine en solo un producto mercantil, por lo que solo el sector privado podrá salvarlo.

Idea para película de Tondero: que Cachín haga todos los papeles de esta película. Intervención: Utero.pe

Idea para película de Tondero: que Cachín haga todos los papeles de esta película de terror. Intervención: Útero.Pe

Sí, la nueva ley viene con avances significativos (como resalta José Tsang en esta nota de El Comercio) relacionados al financiamiento estatal:

  • La ley apunta a triplicar los recursos destinados al sector (de 2.000 UIT se pasaría a 6.000 UIT, lo que equivale a más de S/25 millones).
  • Entre el 30% y 40% (como mínimo) de esos recursos se destinarán a los proyectos de los distintos departamentos del país.

Pero este aumento presupuestal no es el más adecuado. Quienes lo comparan con lo que ocurre en Colombia, por ejemplo, no consideran que allá ese presupuesto sale de un porcentaje de la taquilla (aportado por exhibidores, distribuidores y productores).

En el caso peruano, gracias a esta nueva Ley, no se tendrá un fondo autónomo, pues el dinero depende del presupuesto anual —con la venia del Congreso y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)— y si no se gasta en ese año retorna al tesoro público.

Lo que faltó arreglar

Y he ahí el chongo con esta ley: reduce casi todo el problema del cine peruano a un asunto financiero. Pero las limitaciones monetarias no son el único cabe en el camino. ¿Y el acceso a las salas de exhibición? ¿Y los mecanismos de distribución? Explica el rollo el cineasta Jonatan Relayze:

Actualmente ya contamos con un mercado en el que difícilmente se pueden estrenar películas más pequeñas como ‘Rosa Chumbe’, que deben competir contra los ‘blockbusters’ por un lado y, por el otro, contra un cine comercial peruano que tiene a su disposición a la gran mayoría de medios de comunicación. En el caso que se duplique la cantidad de películas estrenadas, ¿tenemos público para esa cantidad de películas? ¿Tenemos técnicos suficientes para ese nivel de producción? ¿Tenemos salas suficientes para pasar las películas en buenas condiciones en todo el Perú? Y lo más importante de todo, ¿los exhibidores van a querer proyectar estas películas más pequeñas?

La nueva Ley de Cine no trae incentivos para mejorar la cultura cinematográfica pese a que esta fue (en principio) propuesta y fomentada desde el mismísimo Ministerio de Cultura.

Bueno, esta no es una ley cultural

Como escribe la crítica Mónica Delgado, “pensar el cine como un objeto de consumo” no debería partir del ente encargado de velar por la cultura nacional. Sí, ayudar, fomentar y desarrollar el cine no recibe apoyo privado porque no es rentable y, precisamente porque no todo tiene que serlo, para eso está el Estado. 

Pero, así como la vemos, parece que estamos aún años luz de tener una visión integral de cultura de parte de quienes nos gobiernan.

Diego Pereira

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