corrupción , historia , noticias , politica Viernes, 30 noviembre 2018

Las curiosas similitudes (y las enormes diferencias) entre las dos veces que Alan ha pedido asilo político

Diego Pereira

I'm back, bitches / twitter: @algunpereira / correo para chismes: diego@utero.pe

Bienvenidos al décimo segundo día de Alan García escondido en la residencia del embajador de Uruguay

Ya salte oye. Composición: Utero.pe

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Vaya, ya van a ser casi dos semanas desde que Alan se metió a la residencia del embajador uruguayo Carlos Barros. Seguro que ya está cayendo espeso ahí adentro porque ayer nos enteramos, según esta crónica de Fernando Vivas, que también habría pedido asilo a Costa Rica (y que antes lo intentó con Chile). Y quien pasa casi a diario por esa calle de San Isidro —según dice porque está en su ruta y no porque quiera meterse a sacarlo— es Fernando Olivera.

Recordar es volver a vivir

En entrevista con Juliana Oxenford, Olivera dijo que la persecución que existe contra Alan es “la persecución de la verdad”. Además, hizo un llamado a no dejar que el expresidente se escape and shots were fired:

Los peruanos estamos convocados a impedir esta fuga y esta impunidad con el nombre de asilo. Creo que los peruanos deberíamos hacer un cordón humano en torno a la embajada de Uruguay, un cordón humano pacífico, sin violencia, hay que vigilar calles y techos porque García se fuga por los techos. Hay que ver que no esté haciendo un túnel como le hizo a los terroristas del MRTA.  [Links agregados por nosotros, den click con confianza]

Popy también dijo lo que aquí ya hemos precisado: Alan no es Haya. Incluso mencionó lo que también hemos dicho: Alan está destruyendo el partido de la estrella. Pero para este post vamos a hacer énfasis en otra frase Olivera sobre quien llama “nuestro Al Capone criollo”:

“Los presidentes llegan corruptos al poder. No es que el poder los corrompe. Alan García llegó corrupto al poder”.

Esto es interesante tomándolo de quien viene: durante el primer gobierno aprista, Fernando Olivera fue el primer diputado en proponer una investigación parlamentaria que fue rechazada por la mayoría aprista en la Cámara de diputados. Eventualmente (y recién cuando Alan dejó el poder) presidiría una comisión —junto a Lourdes Flores, Pedro Cateriano y Fausto Alvarado— para encontrar evidencias sobre el enriquecimiento ilícito de García Pérez, presentarlas a la Cámara de diputados para que Alan pierda su inmunidad y se le pueda juzgar.

¿Recuerdan la carta que Alan García le envió al presidente uruguasho Tabaré Vásquez? En uno de sus puntos (tres de los cuales desmentimos aquí) decía esto:

(…) ya en una ocasión la Corte Suprema del Perú, en última instancia, me exoneró de todas [las acusaciones] en enero de 1992 pero, destituida esa Corte por el Golpe de Estado de ese año, y acosado por los golpistas fui protegido por Colombia, Patria de las Leyes. Pero hoy, la situación es similar, como se ira conociendo paulatinamente.

En este post haremos un breve resumen de ese momento de nuestra historia nacional en la que Alan García fue investigado para entender por qué se salvó (1987-1992). Porque sí es cierto que existen ciertas similitudes, pero no son las que él está diciendo.

El banco que lavaba dinero en 14 países

El primer chongo de García fue con los 14 aviones mirage que habría revendido a través de un traficante de armas marroquí para sacarse una jugosa coimisión. También está la cutra de los italianos que iban a construir el tren eléctrico. Y también están las coimas con un banco de Panamá: el Banco Central de Comercio Internacional (BCCI), que pagó sobornos a dos funcionarios del Banco Central de Reserva (BCR) para que estos depositen las reservas internacionales del Perú en esta entidad. La orden vino de García. Fue este último caso el que casi hace caer al líder aprista.

Como dijimos, la meta de la Comisión Olivera en 1990 —cuando Alan dejó el poder— era probar que el expresidente había incrementado su patrimonio con estas coimas. Pero había un problema: las declaraciones del impuesto a la renta de García y otras fuentes financieras no eran fáciles de obtener porque no había colaboración de parte de los funcionarios de Fujimori. Desesperados, los diputados contrataron los servicios de dos agencias privadas. García, por su parte, llamó a una firma legal para contrarrestar esas indagaciones.

La comisión se quedó sin plata para seguir pagando los servicios de las agencias, no tenían respaldo financiero para los gastos. Peor aún, los abogados gringos de García les sacaron en cara los investigadores contratados algunas irregularidades empresariales, cosa que sirvió para desacreditar los pocos hallazgos (indicios de cuentas bancarias del expresidente en Estados Unidos). Todo parecía perdido hasta que, de pronto, autoridades gringas y británicas emitieron órdenes judiciales para el cierra de las sucursales del BCCI en catorce países, el banco era investigado por lavado internacional de dinero y tráfico de armas.

Aquí el curioso paralelo con la actual situación de Alan García: al igual que ocurrió con la corrupción de Odebrecht, el caso del BCCI fue destapado por otro país y tuvo consecuencias para él.

Golpe y persecución

Aquí entra en la historia el fiscal de Manhattan (Nueva York, Estados Unidos), Robert Morgenthau, quien investigaba el caso del BCCI. Para el 1 de agosto de 1991, informó que dos altos funcionarios del BCR habían recibido hasta US$3 millones en sobornos. También sostuvo que García estaba enterado de todo. La clave de todo fue que Morgenthau llegó a acuerdos de colaboración con testigos protegidos. Si bien actualmente eso nos suena familiar, en el Perú dicho procedimiento legal recién sería introducido a finales del 2000.

El lengendario Morgenthau en 1985. Foto: Getty Images

El lengendario Morgenthau en 1985. Foto: Getty Images

Con todo, la Comisión Olivera presentó su informe a la Cámara de diputados y —en octubre de 1991—, por mayoría, senadores y diputados suspendieron la inmunidad de Alan García, entonces senador vitalicio, y se decidió procesarlo pro enriquecimiento ilícito. Sin embargo, el caso en su contra se desestimó. Así lo cuenta Alfonso W. Quiroz en su libro Historia de la corrupción en el Perú:

(…) la  primera corte penal peruana rápidamente desestimó el caso por falta de evidencias e imprecisión de los cargos criminales. Los jueces responsables por esta controversial decisión habían sido nombrados durante el gobierno de García o tenían sólidos vínculos con el Apra.  

Y luego, Alan se sacó la Tinka judicial:

6 de abril de 1992, un día después del autogolpe de Alberto Fujimori. Foto: RPP

6 de abril de 1992, un día después del autogolpe de Alberto Fujimori. Foto: RPP

El autogolpe de Fujimori —en palabras de Quiroz— “demolió toda apelación legal de base constitucional en el caso de García“. Y también lo convirtió en un perseguido político. Oficiales militares fueron enviados para arrestarlo. Él, supuestamente, evadió la prisión escondiéndose por 3 días y reapareciendo en la embajada colombiana. César Gaviria, entonces presidente colombiano, le brindó el asilo y un avión militar —previo salvoconducto del dictador peruano— lo sacó del país.

Curioso, ¿no? Alan García fue uno de los más beneficiados con el autogolpe de Alberto Fujimori: pudo decir que era un perseguido político, le dieron un salvoconducto, escapó del país y permaneció fuera de él hasta que todos los delitos por los que se le acusaba penalmente prescribieron. Ese conveniente maridaje entre el Apra y el fujimorismo escribió aún más capítulos.

Epílogo: Un hombre encerrado

Alan, siempre corriendo. Composición: Utero.pe

Alan, siempre corriendo. Composición: Útero.Pe

Alan García, encerrado y escondido, insiste en decir que su actual situación es similar a aquella que vivió a principios de los noventa. Como acabamos de ver, tiene razón: las acusaciones de coimas en su contra vinieron del extranjero y generaron investigaciones locales que lo pusieron en jaque. La diferencia es que —por más que él y su cúpula insistan en lo contrario— esta vez nadie ha dado un golpe de Estado ni tampoco se le está persiguiendo.

García ha optado por esconderse de la justicia por segunda vez en su vida. Los gringos, como el fiscal Morgenthau, tienen un dicho para este tipo de situaciones (traducción propia): “Si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas dos, la culpa es mía“. Si Uruguay le da el asilo, eso de la cadena humana propuesta por Olivera no suena tan mal…

Diego Pereira

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