noticias , periodismo , politica , sociedad Miércoles, 28 diciembre 2016

Fernando de Szyszlo: “Me llamaron y me dijeron: ¿Sabes quién ha comprado tu cuadro? John Lennon” [ENTREVISTA]

No sé si él es capaz de hablar franca o abiertamente de sus sentimientos. El amor, para él, es algo de lo que no se debe hablar”. Lila Yábar escribe sobre su esposo, el famoso pintor Fernando de Szyszlo. Es una presencia discreta que cobra una importancia enorme en La vida sin dueño, el volumen de memorias que Szyszlo acaba de publicar.

Ella está con él cuando pinta, a pesar que no soporta el volumen de la música que se escucha en el estudio. Acompaña a su esposo cuando este se deja llevar por la velocidad y acelera en su Mercedes C500, a pesar de que se muere de miedo. Escribe una carta sobre su vida con él. Lo mira, como en esa foto en la que están los dos en Nueva York, en 1994, solos, sonrientes. ¿Es Lila el hilo conductor de las memorias de Szyszlo? Hablamos con él para resolver el misterio.

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  • Emilio Camacho (EC): Marcel Proust, que es uno de los escritores franceses que más admira, dijo en el test que lleva su nombre: “La felicidad completa es vivir cerca de todos aquellos que amo, con los encantos de la naturaleza, una cantidad de libros y partituras y, no lejos, un teatro francés”. Robémonos esa misma pregunta, ¿Cuál es su idea de la felicidad completa?

-Fernando de Szyszlo: Yo le diré que he sido o me he convertido en un escéptico de la felicidad completa. Pero sí concibo felicidades transitorias. Estar con mi hijo, con mi mujer, eso es la felicidad. Pero claro que es incompleta, porque yo tenía mi otro hijo que se murió. Y entonces, siempre es fragmentado todo. La vida es así, cruel y generosa, te da unas de cal y otras de arena.

  • EC: ¿Y cuándo y dónde ha sido más feliz?

-FdS: (Hace una pausa, piensa) Yo creo que los veranos que pasamos Año Nuevo en Paracas. Durante 14 años fuimos allá. Con Mario Vargas Llosa, con Miguel Cruchaga, con Luis Miró Quesada. Allí jugábamos fulbito. Y poco a poco fuimos dejando de hacerlo. La última vez que fuimos a Paracas fue a fines de los noventa. Después no regresamos.

  • EC: ¿Y ahora, con 91 años, qué lo hace feliz?

-FdS: Pintar. Le da sentido a mi vida. Siempre digo que pintar es como una carrera de galgos, uno no alcanza la presa, pero hay un sentido, el hecho de tratar…

  • EC: …De tratar de alcanzar el cuadro imposible.

-FdS: Eso mismo. Hay este cuento de Balzac, La Obra Maestra, en el que un pintor termina un cuadro que nadie comprende. Es eso…

  • EC: …Pintar que es, al fin y al cabo, un acto de soledad.

-FdS: De soledad y de desgarramiento…

  • EC: Aunque Lila, su esposa, lo acompaña a veces…

-FdS: Sí, ella me acompaña bastante (sonríe)…

La vida sin dueño, las memorias de Fernando de Szyszlo, ya están en librerías bajo el sello Alfaguara. Imagen: Roberto Cáceres

  • EC: ¿Qué diría de nosotros los peruanos? ¿Somos un pueblo feliz?

-FdS: Yo creo que no. ¿Qué parte genética de nosotros trae como carga a la tristeza? Seguramente fue la conquista, la ruptura. Mi padre era polaco y mi madre era iqueña. Ella era la persona más cercana a mí, y yo puedo decir que llevo toda la carga quechua que pudo haber dentro de esa mujer de fines del siglo XIX. Había algo de nostalgia, de melancolía.

  • EC: ¿Y no siente que a veces el azar va a nuestro rescate? Puede ser que ocurra un acto vergonzoso en el Congreso y esa misma semana descubrimos que un maestro peruano está entre los 50 mejores del mundo. O puede ser que nuestra selección de fútbol sea goleada pero que, en esa misma fecha, la selección de ajedrez gane una medalla.

-FdS: Sí, es verdad. No todo es tan negro. Pero le diré que se ha ensombrecido. Con Humala se ensombreció. Estábamos en camino por un túnel con cada vez más luz. Y de repente se para todo. Todo ese veneno que Humala destiló contra Alan, por ejemplo, para promocionar a su mujer. Eso seguramente destruyó a Alan pero también lo destruyó a él. Fue un boomerang.

  • EC: Mario Vargas Llosa ha celebrado la publicación de sus memorias con un artículo en El País que dice: “Szyszlo es uno de los grandes pintores de nuestro tiempo y hubiera sido más conocido de lo que es si, como hicieron muchos otros artistas latinoamericanos -Lam, Matta, Botero y otros pocos- se hubiera quedado en Estados Unidos o en Europa”. ¿Por qué prefirió quedarse aquí?

-FdS: No sé por qué. Cuando llegué a Europa descubrí dos cosas importantes. Primero, que no sabía pintar. Me habían enseñado una pintura derivada del impresionismo y yo quería hacer algo más complicado, influido por los venecianos (Tiziano y Tintoretto). Lo otro que descubrí, es que todos los latinoamericanos que estábamos allí queríamos cambiar nuestros países, pero era imposible hacerlo desde el Café Flor (de París). Para cambiar un país necesitas estar metido en la salsa y pelearla. Yo no critico a los que se quedaron. El éxito de (Jesús Rafael) Soto o de (Fernando) Botero me alegra. Soto era muy amigo, lo quiero mucho, nunca regresó, él hizo una vida francesa. Yo no. Yo me sentía más vinculado al Perú. Es curioso, los países que tienen mayor presencia precolombina jalan más. Si reviso a mis amigos de París, los que eran peruanos y mexicanos han regresado, casi todos. (Jorge Eduardo) Eielson es el único que nunca regresó.

  • EC: Ahora, no solo Vargas Llosa dice que usted pudo ser más conocido si se quedaba en Europa. Ernesto Sábato ya lo había hecho cuando le dijo: “Fernando, tu problema es que vives en el culo del mundo”.

-FdS: (Se ríe) Recuerdo cuando se lo conté a Mario. Me dijo: Bueno, es el culo del mundo, pero Buenos Aires tampoco es el corazón del mundo (se sigue riendo).

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Fernando de Szyszlo, Octavio Paz, Damián Bayón, Mario Vargas Llosa y Guillermo Cabrera Infante en Reino Unido.

  • EC: ¿Qué diría usted? ¿El Perú es un país de poetas y no de pintores?

-FdS: Sí, yo siempre he pensado eso. Aun cuando la tradición plástica del Perú precolombino es apabullante. No hay tejidos más complejos de color y de imaginación que los Paracas. Con la conquista eso no desaparece. Se hacen cuadros, obligados por los curas, pero siguen siendo propios. La catástrofe se produce con la independencia. Todo el mundo quería ser español o francés, hacer pintura española o francesa. Un cuadro que admiran muchos peruanos, Los funerales de Atahualpa, es un cuadro, desde el punto de vista artístico, lamentable. A finales del siglo XIX pintaron este cuadro que es una ópera italiana, allí no hay nada que sea peruano, ni la arquitectura, ni la cara de la gente.

  • EC: Y usted es severo con el arte contemporáneo. Ha dicho: “Una obra que necesita un cartel que la explique no merece ser llamada obra de arte”.

-FdS: Pero eso no lo inventé yo. (Henri) Matisse contaba que una señora se le acercó y le dijo: “Maestro, qué hago, no entiendo su cuadro”. Y Matisse le respondió: “Señora, ¿a usted le gustan las ostras?”. Ella dijo que sí. Y Matisse le lanzó esta pregunta: “¿Y usted comprende a las ostras?”. (Se ríe) Es que no hay nada que comprender. El arte hay que sentirlo. No hay una explicación racional. Los curadores ahora son más importantes que los pintores, son los que describen el cuadro.

  • EC: El Perú le ha dado una amistad con muchos narradores y poetas, uno de ellos fue José María Arguedas, ¿qué aprendió usted de él? ¿y qué aprendió él de usted?

-FdS: Allí hubo una retroalimentación. Mi generación le enseñó a ese grupo de indigenistas que el arte precolombino existía, y ellos nos enseñaron a nosotros que el quechua actual, que la artesanía y la música quechua existían. Íbamos muy a menudo, los domingos, a esas carpas que habían en la Plaza Grau, a escuchar música andina.

  • EC: Usted dice que en ese lugar José María Arguedas era el rey.

-FdS: Era el rey, sí. Lo adoraban. Lo aplaudían. Aunque él era muy discreto, siempre se escondía. Él siempre decía: “No puedo vivir en Lima, no debería vivir en Lima”.

  • EC: ¿Llegó a encontrar el cuadro que pintó tras la muerte de Arguedas?

-FdS: ¡Ya sé quién lo tiene! (sonríe) Ese cuadro lo llevé a una exposición en Caracas, allí lo compró un millonario textil. Le fue mal con los negocios, con Chávez, y mandó el cuadro a un remate. Allí, gente de Sotheby’s (famosa casa de subastas) me ayudó a ubicarlo. Ya tengo la dirección. Está en Nueva York.

  • EC: ¿Y todavía conserva el mechón de pelo de Vallejo?

-FdS: Sí, lo tengo. Pero, mire, durante años tuve cerrado el sobre en el que me lo dieron. Regresé a Lima diez años después de ello. Mi visión era distinta. Entendí que para Georgette, un pedazo del cuerpo de Vallejo era más importante que un poema, un manuscrito. Yo fui una de las pocas personas que siguió viendo a Georgette hasta el último día.

  • EC: Tenía un carácter muy especial.

-FdS: Muy difícil. Aunque yo nunca peleé con ella. Siempre fui su amigo. Hasta convencí a Paco Moncloa de que debía hacer el facsímil de Poemas Humanos y España, aparta de mí este cáliz. La convencí a ella también. Cuando el libro ya estaba terminado, ella me dice: (De Szyszlo imita el dejo francés de Georgette) “Detesto a Moncloa”. Por qué, le dije. “Es que me habla de tú. ¡Me besa!”. (De Szyszlo lanza una carcajada).

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Con José María Arguedas en Puerto Supe.

  • EC: ¿Ha sufrido alguna traición de algún colega peruano?

-FdS: Me han desengañado. Traición es una palabra muy gruesa. Pudo ser algún pintor que ayudé, que empujé -a veces a regañadientes-, un discípulo de la Católica…

  • EC: …¿De los que firmaron la carta para que el Museo de Arte Contemporáneo no llevara su nombre?

-FdS: Como tantos otros. Ya no tiene importancia.

  • EC: ¿Es cierto que John Lennon compró uno de sus cuadros?

-FdS: Es lo que me dijeron en Sotheby’s. Me llamaron y me dijeron: “¿Sabes quién ha comprado tu cuadro? John Lennon”. Eso pasó seis meses antes de que lo mataran. No sé si Yoko Ono lo ha quemado o lo tendrá por allí.

  • EC: En su libro cuenta su pasión por los autos, ¿cómo es esto de que gusta de ir a toda marcha en su Mercedes C500?

-FdS: Sí, es algo que sigo haciendo (se ríe).

  • EC: A pesar de que Lila, su esposa, se aterroriza.

-FdS: (Se ríe) Sí. Bueno ella sabe que yo manejo con prudencia. Puedo ir rápido pero jamás paso a un auto en una curva o cuando no tengo visibilidad. A ella la aterrorizan otros. Me dice: “Cómo puedes ir al lado de este tipo que te va a matar”.

  • EC: Ha sufrido solo un accidente automovilístico…

-FdS: Una vez, el 51, contra mi voluntad. Había una persona que me pisó el pie cuando yo iba manejando. Fue un viaje un poco audaz. Del Ed’s Bar al Negro Negro (de San Isidro al Cercado).

  • EC: Nunca se ha callado nada. A Velasco, con quien rompió tempranamente, le dijo que se rodeó de una corte de adulones, que ese fue su fracaso. ¿Qué le respondió él?

-FdS: Velasco se puso furioso. Yo lamento que no apunté esa conversación…

  • EC: …que fue en Washington.

-FdS: Sí, en Washington. Velasco me decía: “Ustedes nunca me han comprendido. Yo quería que el pueblo fuera el que manejara los periódicos”. Yo le dije: “Usted perdió todo contacto con los intelectuales peruanos cuando nacionalizó la prensa”. Entonces se puso más molesto. Estaba echado en una cama. Se le veía la parte del pijama, donde estaba el muñón de la pierna, y la sacudía de arriba a abajo.

  • EC: Fernando Belaunde le parecía tímido para las decisiones graves, ¿ve eso mismo en el presidente PPK?

-FdS: Yo espero que no sea así. Yo creo que él no sabe manejar, me da la impresión, esa falta de reconocimiento que el fujimorismo hace a su derrota. El jueves (22) lo vi en un almuerzo. Nos dijo que las cosas iban bien, que la censura del ministro Saavedra había sido una metida de pata del fujimorismo que les iba a pesar.

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A los 91 años, De Szyszlo sigue trabajando en su estudio de San Isidro. Recibió la Navidad con sus nietos y bisnietos. Imagen: Roberto Cáceres

  • EC: Hábleme de los almuerzos de los jueves, esta reunión a la que han ido presidentes como Valentín Paniagua, Alan García y PPK.

-FdS: Eso comenzó hace treinta años, con Paco Igartua, Alfredo Toro y Boby Dañino. Ellos comenzaron a reunirse y de pronto llamaron a más amigos. Llegamos a ser doce. Y de esos doce ya han muerto cuatro. Los hemos sustituido. Siempre hablamos de política.

  • EC: PPK era parte del grupo.

-FdS: Claro, ahora va de vez en cuando.

  • EC: Y también han invitado a Alan García…

-FdS: Alan ha ido varias veces.

  • EC: ¿Eso lo ayudó a reconciliarse con él? En su primer gobierno usted era durísimo con García.

-FdS: Es verdad. Pero me convenció. Vi que el Perú, en su segundo gobierno, había dado un salto adelante, con inteligencia. Es una persona culta, con él puedes hablar de cualquier cosa.

  • EC: ¿Y cómo fue el encuentro con Valentín Paniagua?

-FdS: Él me hace acordar a José Mujica, de Uruguay. Lo citamos a las dos de la tarde y él aceptó con mucha gentileza. Pero nosotros empezábamos a llegar a las dos y cuarto; a las dos y treinta ya estábamos todos. Pero a las tres, el doctor Paniagua se tuvo que ir porque tenía una reunión en Palacio. Él había ido en su Volkswagen, manejando, sin seguridad y sin nada.

  • EC: Cómo sobrevivió el grupo de los jueves al fujimorismo? Entiendo que habían discusiones entre los que apoyaban al régimen y los que no.

-FdS: Uff… Era muy fuerte. Había gritos.

  • EC: ¿Usted peleó con alguno de los miembros?

-FdS: Nunca hubo pelea. Pero sí hubo discusiones feroces. Siempre hacíamos una votación cuando había elecciones. Y siempre ganábamos los antifujimoristas, pero por uno o dos votos. O sea, al menos habían cinco fujimoristas irreductibles.

  • EC: Que es un poco la realidad del país.

-FdS: Sí, pero en el grupo, en esta última elección, nadie votó por Keiko. Todos votamos en contra, con convicción, incluso los fujimoristas.

  • EC: Los convenció usted.

-FdS: No tanto (se ríe). Los convenció Fujimori, los convenció la campaña.

  • EC: ¿Por qué no hay mujeres en este grupo?

-FdS: Yo traté hace unos 15 años. Cuando hacíamos los almuerzos en algunas casas, en verano, vino dos veces Susana de la Puente. Pero nunca hemos invitado a otra mujer. Deberíamos haberlo hecho.

  • EC: “No comprendo a las mujeres”. Es una frase que repite siempre. ¿Su esposa comparte esa opinión suya?

-FdS: (Lanza una carcajada) Ella es una persona tan dulce y tan devota, nunca ha hecho problemas. Eso ha hecho que nuestra relación dure. Estábamos dispuestos a superar malas experiencias y construir una relación sólida.

  • EC: ¿Cómo decidió incluir una carta de Lila en sus memorias?

-FdS: Fietta Jarque, que me ayudó a editar las memorias, lo sugirió. Un día que hablábamos, Lila contó que estaba escribiéndole una carta a Sandra Roca Rey, que es muy amiga nuestra. Ella le dijo que se la diera para publicarla. Y así fue. A todo el mundo le ha gustado mucho. Hasta Mario hace mención a la carta.

  • EC: La carta es conmovedora, es el testimonio del enorme afecto que tiene por usted y del temor de perderlo o de que la deje. Ella llega a decir que usted envidia a Vargas Llosa por su nueva relación.

-FdS: (Se ríe). Sí, pues. (Sigue con una carcajada) Lo de Mario… siempre puede pasar algo así. Lo que pasa es que siempre hay alguien que sufre, así es la vida. Yo quiero mucho a Patricia, la trato con el mismo afecto de siempre. Pero me doy cuenta que hay cosas inevitables, no hay nada que hacer. Me alegro que Álvaro haya jugado un papel muy positivo en este problema. Álvaro ha sido quien hizo entender seguramente a su mamá. Sus otros dos hermanos han estado muy violentos con eso. Ya pasará. Aunque son gente de más de cuarenta años. Pobres, han sufrido. Los comprendo, pero no me lo explico.

  •  EC: Ha dicho alguna vez: “No se puede hacer buena pintura sin sufrir en cierta medida”. ¿Sigue creyendo eso?

-FdS: Claro, eso es así. Sobre todo en pintura grave, ambiciosa, tienes que volcar todo.

  • EC: Y su historia ha estado acompañada de tragedias personales, creció en una familia que lamentaba la muerte de su tío, el poeta Abraham Valdelomar, tuvo que soportar esta cosa atroz de despedir las cenizas de su hijo, y vio cómo el cáncer consumía la vida de Octavio Paz, su gran amigo…

-FdS: Sí, pues. Alguien decía que el arte es una experiencia cristalizada, no hay nada que no se haya experimentado que no se plasme en el arte. Y la muerte es eso, algo terrible.