noticias Sábado, 22 octubre 2016

El chico, el oso gigante y los peligros del amor romántico

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Vídeo de Facebook. Captura de Ojo.

Ayer se hizo viral el video de un adolescente que, armado de un ramo de flores y un gigantesco oso de peluche, esperó durante más de una hora a una chica que nunca llegó. La imagen es triste y graciosa (siempre la huachafería ajena se detecta más fácilmente que la propia): el chico la espera en un lugar céntrico de Lima, en hora punta, rodeado de gente que le grita bromas (uno de los testigo fue el que hizo la transmisión en vivo vía Facebook). Al final, cuando es evidente que la chica no llegará, el joven embute el peluche en un taxi y se va.

Y eso fue todo. O, bueno, eso debió haber sido todo. El vídeo, que como viral tenía su gracia, fue convertido en nota periodística por las webs de casi todos los medios locales (y por lo menos de uno internacional, Upsocl).

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El acontecer nacional. Captura: Google

Y como suele pasar cuando se inventa una noticia cuya única finalidad es conseguir rebote, sirvió exclusivamente para dar carne y tribuna a los comentarios en redes.

De eso quería hablar. No del chico, que por último tuvo el coraje de plantarse allí por la razón que fuese: pagar una apuesta, buscar perdón, demostrar que podía exponerse a todo por amor, qué sé yo. Muchas veces, un hecho habla más de quienes opinan sobre él que de quienes lo protagonizan.

En muchos comentarios, se decía que la chica no merece a alguien así. Se decía que así son las mujeres, que luego se quejan de la frialdad y la falta de amor, que la friendzone y el hermano caído y la puta madre. Aquí va uno:

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Comentarios a la nota de El Comercio

No sé muy bien qué fue lo que ocurrió (si la chica se quedó dormida, tomó otro carro, se fue de largo) y tampoco sé por qué no llamó al chico para avisarle que no iba (o por qué no la llamó él para preguntarle si iría). ¿Se imaginan el universo de posibles respuestas?

Y, repito, tampoco importa. Importa lo que la gente ha comentado sobre ella. Y esos comentarios importan porque revelan formas de pensar que deberíamos empezar a cuestionarnos.

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Comentarios en La Zona

Supongamos que la chica no fue al encuentro porque no le dio la gana: el chico no le gusta, o sabía que él podía actuar como lo hizo y prefirió evitarse el roche. ¿Eso no era mejor que ir y rechazarlo públicamente?

Olvidémonos un momento de los chicos y pensemos, en general, en esas grandes demostraciones públicas de amor: bien vistas, son (o pueden ser) ejercicios de presión sobre la mujer, que se ve obligada a corresponderlos porque de lo contrario quedará como insensible y atorrante.

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Y a eso hay que agregar que mucha gente cree, realmente, que el amor es una fiesta a la que se ingresa por orden de mérito, es decir: mientras más hagas, más digas, más demuestres, más derecho tienes al amor de quien te gusta, más te lo has ganado, más te lo mereces. Y como te lo mereces, bien puedes empezar a exigirlo. ¿Esa no es, acaso, la lógica de la friendzone?

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Así, la mujer va sintiéndose obligada a aceptar a quien se esfuerza por ella, porque mira, es bueno, se porta bien contigo, está haciendo méritos, etcétera. Y eso, la idea de que la mujer DEBE corresponder al hombre ‘bueno’, es una consecuencia atroz del amor romántico. No hay ninguna lógica para imponer el cariño por alguien, pero allí está, y se acepta y se repite siempre.

Tan atroz es esa idea como esa otra, que impone a la mujer la condición de mártir que debe soportarlo todo, porque así es el amor de verdad: todo lo aguanta, todo lo perdona. Entonces, es deber de ella dar paz al hombre violento, calmar al que es solo una bestia herida, incomprendida, que necesita amor para curarse.

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Más o menos así.

Y muchas veces las relaciones, para las mujeres, giran en torno a esos dos modelos extremos que, en realidad, son el mismo: el hombre bueno al que tienes que querer, el hombre malo al que tienes que volver bueno.

Esas ideas, en distintos niveles de intensidad, están en nosotros: crecimos con ellas y las acogimos sin procesarlas, porque llegaron en forma de comerciales de televisión, poderosas historias, consejos familiares: están prendidas a nuestra consciencia. ¿Tiene sentido que siga siendo así? En todo caso, ¿qué es el amor cuando no es romántico? ¿Qué tiene de bueno?

Quizá responder a esa pregunta sea más importante para nosotros que teorizar sobre por qué la chica no apareció para encontrarse con el último romántico.

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