denuncia , ecología , noticias , violencia Martes, 19 abril 2016

Máxima Acuña: Esto es por tooodo lo que debes pasar para llegar a su casa en Tragadero Grande

Allá en donde el frío carcome los huesos, el aire helado penetra en los pulmones y el barro se traga el calzado, en medio de la casi nada vive Máxima Acuña de Chaupe, la campesina cajamarquina que acaba de ser condecorada con el premio Goldman a la defensa del ambiente, tras resistir años de intensa lucha defendiendo lo que ella sostiene como su propiedad, de la minera Yanacocha. El galardón le fue entregado en el teatro de la Ópera de San Francisco. Este video de su presentación, cuando canta su historia, se ha viralizado en redes sociales:

La historia de Máxima se remonta al 2011, cuando empezó el hostigamiento de parte de la Policía y personal de la mina Conga, de propiedad de Yanacocha, que está conformada por la estadounidense Newmont y la peruana Buenaventura.

La lucha constante de la familia Chaupe Acuña ha sido retratada y narrada a lo largo de estos cinco años y en distintos momentos y por varios medios con episodios que van desde el ingreso arbitrario de parte del personal de Securitas y de la Policía a los terrenos de la familia, hasta la palabra de los detractores o de periodistas de prestigio, como Ricardo Uceda que, con documentos en mano, despertaron la suspicacia acerca del discurso de la campesina. 

Pero en este espacio, a un día de haber sido testigos de la premiación de Máxima y de las contundentes palabras que pronunció frente al mundo entero, nosotros compartiremos la experiencia de llegar hasta donde vive ella y su familia.

1. Lima = Lúpulo del gordo Casaretto, o sea ¡No pasa!

Hay una sola modalidad de llegar a la casa de Máxima desde Cajamarca. A 15 minutos de la ciudad, en un paradero llamado comúnmente Bambamarca, las combis salen entre tres y seis de la mañana directo al pueblo de Santa Rosa. En el camino se pasa a la altura de Tragadero Grande, lugar de residencia de la familia.

Antes del ingreso a la ruta -pista asfaltada, pitucaza- que nos lleva a Tragadero Grande, hay una garita de seguridad controlada por efectivos de la minera Yanacocha. Mientras el carro más se acerca al centro de control, se intensifica más la señal de Internet y de teléfono (yeee).

Este eres tú en la garita de Yanacocha.  Imagen vía: giphy

Este eres tú en la garita de Yanacocha.
Imagen vía: giphy

Todas las mañanas es la misma rutina. Los pasajeros de los vehículos deben entregar su documento de identidad para poder continuar su viaje. Ese día, diciembre del 2014, éramos un grupo grande, compuesto por 6 personas, el que llegó hasta la garita de seguridad alrededor de las nueve de la mañana. Estábamos armados de cámaras, trípodes y grabadoras, nuestro fin era entrevistar a Máxima Acuña para la web de Hiperactiva Comunicaciones. 

Cuando los efectivos policiales solicitaron nuestro documentos, sus rostros cambiaron, empezaron a asomarse sigilosos hacia el interior de la combi en que viajábamos. Un miembro de nuestro equipo tenía nacionalidad española y el hecho de presentar su carné de extranjería no hizo más que empeorarlo todo. Se llevaron nuestros documentos -seguramente para que nos googleen– y se acercó otro efectivo más a preguntar si éramos periodistas.

Si en tu DNI figura una dirección de Cajamarca, no hay ningún problema, si eres de Lima, debes dar explicaciones, si eres extranjero, tienes aún más dificultad para ingresar en territorio de la mina porque puedes ser periodista o activista. Lo mismo le sucedió al equipo de Cuarto Poder. Unas semanas después del episodio que hoy relato, un reportaje de Anuska Buenaluque retrató las dificultades para ingresar en territorio de la mina. Si Yanacocha no quiere no pasas.

Imagen: captura YouTube

Esta es la garita. Imagen: captura YouTube

 2. Santa Rosa = Abandono

 

A las diez de la mañana nos rendimos. Se decidió pagar más dinero al conductor de la combi para que no nos deje en el camino y dé la vuelta al cerro y nos lleve a Santa Rosa, a donde llegamos dos horas después.

El cielo de mediodía nos recibió con la misma inestabilidad con que habíamos llegado. Por ratos llovía y el aire era violento. Luego salía el sol que por un tiempo breve nos abrasaba con su temperatura. Nuestros zapatos, especialmente elegidos para la ocasión, se hundían en el barro cajamarquino, por donde transitaban hombres en caballo o burros de carga.

A diferencia de la garita de seguridad de la mina, en Santa Rosa no hay señal de teléfono, mucho menos Internet, ni siquiera hay servicios básicos de agua y desagüe. Los habitantes del pueblo hacen sus necesidades en silos ubicados a unos metros de las casas y cubiertos por plásticos y madera que hacen las veces de pared y puerta.

Pero debíamos continuar con el objetivo: llegar a casa de Máxima. En una hora dos vecinos de Santa Rosa nos ofrecieron llevarnos en sus motocicletas. Éramos seis, de modo que debimos dividirnos. Dos miembros del equipo lograron llegar a casa de la hoy premiada luchadora, los demás nos quedamos a esperar -por un par de horas más- una combi que nos llevaría a Celendín.

3. En medio  de la nada

Lo que contaremos a continuación es el relato que recogí de los compañeros que llegaron hasta la casa de Máxima.

El viaje en motocicleta no fue tan cómodo como en la combi, la lluvia les golpeaba el rostro y humedecía las bolsas de dormir y un plástico apenas colocado protegía sus ropas. Habían salido de Santa Rosa a la una de la tarde y las motos los dejaron en medio de la vía. Les dijeron que en 30 minutos, caminando en una sola dirección, darían con la casa Chaupe-Acuña A las 2:30 debían estar en vivienda de la mujer que hoy es una leyenda, llegaron una hora y media más tarde.

Imagen vía: elgranangular.com

Imagen vía: elgranangular.com

El frío estremecedor y los gritos de Máxima Acuña -dándoles aviso de su presencia- los recibieron en la única casa de Tragadero Grande. No hay agua potable ni desagüe, la señal de Internet y teléfono es ínfima ¿luz eléctrica? eso es un sueño. Máxima tiene en el interior de su vivienda un panel solar casi artesanal, lo usa para cargar celulares. Cocina con leña en una olla avejentada por el uso.

La cena de ese día fueron papas sancochadas, sembradas por ellos mismos, y pescaditos del río. La familia practica la agricultura de autoconsumo, además, en su territorio, los animales de los vecinos de alrededor llegan para alimentarse e hidratarse. Hay un colchón de agua camino hacia la laguna azul, eso les ha permitido sobrevivir, según  lo que nos contaron.

Imagen vía: El gran angular

Imagen vía: El gran angular

4. Los registros malditos

Toda esta historia de supervivencia la captó el lente de El gran angular, sin embargo, semanas después, en febrero del año pasado, como lo habíamos indicado al principio de este relato, el periodista Ricardo Uceda publicó una columna que puso en jaque los argumentos de la campesina para defender sus tierras de la minera. Según consta en los Registros Públicos, la familia figura como propietaria de otros predios cuya titulación se dio con el argumento del reconocimiento de la posesión.

La pregunta -válida- que se hizo el periodista en ese momento fue ¿cómo logró Acuña de Chaupe demostrar que esos terrenos eran de ella y a la vez vivir en Tragadero Grande?. Este útero publicó los tres argumentos que habían sido usados como defensa de la campesina. El más débil fue el de la ONG Grufides, dirigida por el excandidato a vicepresidente de la República, Marco Arana, que se enfocaba más a culpar de guerra sucia a la minera pero no ahondó en una explicación concreta. Pero la respuesta más consistente la dio Marisa -nuestra amixer for ever and ever- Glave.

Nuestra próxima madre de la Patria en el siguiente periodo, explicó bien como pa nuevo por qué es que Máxima figuraba como propietaria. Lo copiaremos íntegro para que se entienda la idea:

Quisiera añadir, por otro lado, un dato sobre el “modo de apropiación”: Los títulos de propiedad parten del reconocimiento de la posesión, sí. Pero no porque se haya “ocupado” el espacio abruptamente, para conseguir la prescripción. Una parte de las parcelas es producto de una herencia. La madre de Máxima se las dio a ella y a sus hermanos. Y otros terrenos son adquiridos. Pero, ¿por qué la mamá o los vendedores originales no inscribieron la propiedad? Pues, porque en el campo hay un problema – grave – de acreditación de la propiedad. Eso no quiere decir que no exista, quiere decir que no está registrada. Por eso, desde los años 90, en que se empezó a fomentar el mercado de tierras rurales, funcionan programas especiales de titulación, que buscan formalizar la propiedad. Una familia podía ser propietaria de una parcela como consecuencia de la Reforma Agraria, por más de 30 años, pero recién a inicios de este siglo consiguió el título que acredita dicha propiedad. Sí, así es el Perú. Entonces, que el título que otorga el sector Agricultura se base en el reconocimiento de la posesión no quiere decir que los Chaupe sean unos usurpadores profesionales. Quiere decir que, como sucede a decenas de miles de campesinos en el Perú, sus derechos y los de sus familias no estaban reconocidos formalmente, pero sí socialmente por sus vecinos, quienes acreditan la propiedad.

5. After party

Decíamos al principio y en medio de este relato que Máxima Acuña de Chaupe había sido reconocida a nivel mundial como una incansable luchadora por el ambiente y que se había convertido en una leyenda. El 24 de abril retornará al Perú con el galardón bajo el brazo, con cientos de notas donde medio de comunicación de todo el mundo dan a conocer su caso y con la promesa de la Oficina Nacional de Gobierno Interior (Onagi) -que es dependencia del Ministerio del Interior- para velar por su vida en su territorio. 

El Poder Judicial ya absolvió a la campesina de los cargos en su contra. La minera Yanacocha la había denunciado por apropiación ilícita,  pero pese a todo este reconocimiento aún hay demasiado alrededor que está en juego: Ajám, adivinaste: el Proyecto Conga. Duh. Así que nada, es posible que esta historia continuará.

Bonus Track:

Mientras Máxima era galardonada, ninguna institución del Estado, excepto la Onagi, se han pronunciado al respecto. Ni siquiera el Ministerio del Ambiente.

Y, bueno la Marca Perú estaba un poco ocupada con el osito Paddington:

Imagen vía: El Comerrio

Imagen vía: El Comerrio

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