Lima , noticias , politica Jueves, 3 septiembre 2015

EXCLUSIVO: Las extrañas jugadas de la basura de la Municipalidad de Lima

En el año 2009, el “curioso” pago efectuado por la Municipalidad de Lima a la empresa de limpieza pública Relima (y todos los extraños acontecimientos que le rodearon) tuvo nombre propio: Comunicore. Seis años después, dentro de muy pocas semanas, el contrato que mantiene actualmente la Municipalidad con Relima llega a su fin… y este es el inicio de otro caso extrañísimo.

En octubre se debe hallar un nuevo postor encargado de la limpieza pública y recojo de basura en el cercado de Lima. ¿Qué se ha estado haciendo al respecto? Según la actual gestión, Villarán no hizo nada y, por eso, se ha entrado a un estado de emergencia. Mientras tanto, se hará un contrato por un año con una nueva empresa que, en teoría, incluso podría no existir.

¿Por qué se ha bajado tanto la valla administrativa? ¿En verdad se está en emergencia? ¿Qué cambios se están haciendo en relación al servicio de recojo de basura y en los rellenos sanitarios? Lee nuestro informe especial:

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Publicación de El Comercio de ayer.

Escobita nueva, ¿barre bien?

En octubre vece la concesión de Relima para encargarse de la limpieza del Cercado. Nuevos postores podrán postular sin requisitos.

escribe Victor Caballero
en colaboración con el diario El Comercio

El 28 de mayo de este año se llevó a cabo una sesión abierta ordinaria del concejo metropolitano, presidida, contra su costumbre, por el mismo alcalde Luis Castañeda. El punto más importante: el servicio de limpieza pública para el Cercado de Lima.

En el Acta de Concejo N° 27, suscrita ese día, se sostuvo: “durante la gestión de Susana Villarán se ejecutaron acciones orientadas a darle continuidad al servicio de limpieza pública mediante el desarrollo de una iniciativa privada pero sin resultados positivos”. Con ello, según la actual administración municipal, la gestión Villarán habría dejado escaso margen de tiempo antes del fin del contrato con Relima. Debido a esta circunstancia de emergencia, aludida por la municipalidad, la actual administración se vería impedida de efectuar adecuadamente un proceso selectivo para el servicio de limpieza.

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Nótese el logo de Relima. Foto: La República

 

La creación de las nuevas “reglas del juego”

Poco después, entre junio y julio, la municipalidad creó nuevos términos de referencia (TDR) que modifican el esquema de funcionamiento del recojo de basura. El modelo tradicional implicaba un esquema contractual de diez años de servicio. Ahora, por la emergencia aludida, será solo de un año. Estos nuevos TDR indican que los postores no necesitarán de experiencia mínima ni autorización sanitaria. Es más, tampoco se les exigirá haber prestado servicios de limpieza anteriormente, ni contar con un patrimonio mínimo para garantizar la prestación de la operación.

Para José Salazar, ex presidente de Sunass, este esquema es un riesgo para la salud pública: si el municipio se retrasa en el pago, el servicio se suspende. “El concesionario, que tiene contrato de un año, no va a tener espalda económica ni flujo de caja para poder mantener la operación si es que dejan de pagarle uno o dos meses”, precisa.

Es decir, ante la menor eventualidad, la basura se amontonaría en Lima Cercado.

Algo así  sucedió a fines del año pasado, cuando el Ministerio de Salud declaró en emergencia sanitaria al Rímac, Villa María del Triunfo, San Juan de Miraflores y Comas por la acumulación de desperdicios en sus calles. El recojo había sido suspendido por falta de pago de las comunas.

Según el Acuerdo de Concejo N° 133 –suscrito el 28 de mayo–, la comuna apelaría al artículo 20 de la Ley de Contrataciones y Adquisiciones del Estado para exonerarse de un proceso regular, alegando la urgencia en los plazos. De hecho, como indica Salazar, las empresas podrían no contar con un registro de la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa). Pueden obtenerlo después de ganar la adjudicación, y “no hay penalidad ni sanción alguna por la demora en la obtención de dicho registro”, dice el ex jefe de Sunass.

Utero.pe intentó en reiteradas oportunidades obtener la versión de la Municipalidad de Lima, sin éxito. La Gerencia de Promoción de la Inversión Privada (GPIP) de la Municipalidad envió un comunicado a El Comercio al respecto explicando que está preparando los instrumentos técnicos para el lanzamiento de una nueva concesión para el servicio de limpieza.

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Una imagen que podría convertirse en cotidiana. Foto: El Comercio

 

El negocio de la “basura cara”

El acuerdo del 28 de mayo también modifica el esquema de gestión de los rellenos sanitarios que reciben los desechos de toda la ciudad. La municipalidad metropolitana posee, desde hace muchos años, dos rellenos sanitarios: Portillo Grande y el Zapallal. Además, existen otros dos rellenos privados, reconocidos por Digesa. Ambos pertenecen a la empresa Petramás.

El acuerdo prohíbe que los rellenos de la municipalidad, actualmente concesionados a Relima, reciban residuos que no sean domésticos. Esto es, residuos industriales, hospitalarios, mineros y comerciales. Es en estos desechos donde radica este negocio. Los rellenos municipales son, en la práctica, subsidiados por los clientes que les envían esa “basura cara”.

Los dos rellenos sanitarios de la municipalidad reciben residuos domésticos (municipales) a una tarifa social. Estos aplican una tarifa 2 a 10 veces mayor por recibir la basura de los clientes no municipales, como comercios, industrias, hospitales y mineras, pues, estos pueden tener niveles de toxicidad más altos.

Esta situación cambiará debido a la nueva disposición de la municipalidad. Solo los rellenos de Petramás estarán disponibles de recibir la “basura cara”. ¿Por qué solo esta empresa?

Si solo dejamos a los rellenos sanitarios municipales atendiendo los residuos domésticos –explica José Salazar–, el concesionario con contrato de un año atravesaría la misma inestabilidad financiera que el del recojo de basura. Nuevamente, cambios inexplicables producen peligro inminente.

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Los rellenos sanitarios. Foto: sindramas.com