noticias , sociedad Miércoles, 12 agosto 2015

Cipriani “explicó” su plagio y la Internet peruana respondió adecuadamente

Crisis en Ciprianis Infinitos.

 

Como ya muchos saben, hace unos días hicimos de conocimiento público el plagio cometido por Cipriani en su “columna primaveral” publicada en el Comercio. Así también, descubrimos otras reincidencias que ya no incluían contenido de Joseph Ratzinger, sino más bien del beato Pablo VI. 

Después de 48 horas de silencio, Cipriani respondió mediante una carta al director de El Comercio. Va un extracto de esta carta que fue publicada al filo de la medianoche:

Toda mi labor pastoral, también este artículo periodístico, tiene como base y sustento las enseñanzas del mismo Cristo, de los Papas y de la Doctrina social de la Iglesia. Siempre sigo fielmente sus enseñanzas y cito las fuentes según el tipo de publicación que se trate. Este patrimonio común de nuestra fe no tiene, por decirlo así, una propiedad intelectual, pero es habitual y correcto citarlos para una mejor comprensión y, en ocasiones, para reforzar la autoridad de la doctrina que se expone.

Lamento que la brevedad del espacio me llevó a omitir las fuentes y reconozco este error

El Mercioco respondió citándonos (como corresponde) y con este párrafo:

Más allá de las que puedan ser las consideraciones internas de la Iglesia Católica a este respecto, la política de El Comercio sobre el uso de frases o párrafos de terceros en sus páginas es clara: se deben hacer las menciones correspondientes para no dar una idea equivocada al lector sobre su autoría. El Diario lamenta profundamente lo ocurrido con estos artículos del cardenal Cipriani.

Las reacciones aparecieron inmediatamente

José Ragas, historiador peruano afincado en la Universidad de Cornwell, lo dice muy claro:

Respecto a lo ocurrido esta semana: ¿Reaccionaría El Comercio de la misma manera si quien hubiese plagiado fuese alguien de menor lustre? ¿No lo hubiera retirado ya de su grupo de columnistas si quizás no tuviese el cargo que tiene?

Por otro lado, me temo que el considerar el tema de plagio como un tabú en vez de conversarlo abiertamente, para reforzar los mecanismos de detección, denuncia y sanción, así como para dar a entender lo nocivo que es para la comunidad académica y la sociedad en general el permitir el trabajo fácil, la apropiación de ideas y el triunfo de la viveza sobre la originalidad y la investigación honesta, es contraproducente. No esperemos a que aparezca otro caso y que la naturaleza propia de las redes sociales lo convierta en un asunto casi de farándula y exótico que será olvidado el fin de semana, sin que derive en una conversación franca y seria sobre el tema.

Finalmente, nada menos que la FEPUC (la Federación de Estudiantes de la PUCP) lanzó este pedido:

Además, al representar la figura de Gran Canciller y ser considerado como parte de la Comunidad PUCP, se le investigue y procese dentro del Tribunal de Honor de la PUCP y, de ser el caso, se le sancione de modo que no se continúe manchando el nombre de nuestra casa de estudios.

¡Que lo procesen!

 

Ahora nos toca responder a nosotros

Si algo he aprendido en el corto tiempo que llevo trabajando en esta maldita pasión que llaman periodismo, es que uno debe tratar de evitar los adjetivos que puedan transformar una columna informativa en una de opinión. Pero si hay una excepción para todo, esta es la excepción para ello. La respuesta de Cipriani es inaceptable, ofensiva a la inteligencia y, en cierto punto, burlona. 

Falta de espacio, menciona. La razón por la cual el Cardenal de Lima no citó a los autores que copió, fue por falta de espacio. Ya. ¿Las comillas quitan mucho espacio? ¿La frase “como dice el Papa Benedicto XVI” es muy larga?

Peor aún: ¿También le faltó espacio en su propia web del Arzobispado? Porque allí volvió a publicar su columna y no vemos ninguna cita por ninguna parte. ¿O también se le olvidó?

Y esta no es la única razón brindada, Cipriani trata de justificar el hecho de haber obviado por completo la cita de los autores porque sus textos son parte del patrimonio de las enseñanzas de la Iglesia Católica” y  “este patrimonio común de nuestra fe no tiene, por decirlo así, una propiedad intelectual”.

Entonces, si es así, señores sacerdotes, diáconos, y todo aquel que profese la religión católica, son libres de utilizar cualquier texto de Cipriani para sus publicaciones. Si van a escribir un libro, una columna, o cualquier conjunto de párrafos, copien a Cipriani, no lo citen y no se sientan mal por ello, ya que todo lo “escrito” por él, es parte del patrimonio de las enseñanzas de la Iglesia Católica. Señores vendedores de libros, ustedes también pueden vender material de Cipriani sin temor de ser allanados, solo necesitan ser parte de la Iglesia Católica y esto los hace acreedores del patrimonio de las enseñanzas. Todos pueden hacer lo que quieran con el material de todos.

Así también, menciona que al redactar sus columnas tiene como base y sustento las enseñanzas del mismo Cristo. Y yo pregunto algo: 

“Para quien ama la verdad, la discusión es siempre posible. Pero obstáculos de índole moral acrecientan enormemente las dificultades, por la falta de suficiente libertad de juicio y de acción y por el abuso dialéctico de la palabra, no encaminada precisamente hacia la búsqueda y la expresión de la verdad objetiva, sino puesta al servicio de finalidades utilitarias, de antemano establecidas.”  – Pablo VI

“Para quien ama la verdad, la conversación es siempre posible. Pero obstáculos de índole moral acrecientan enormemente las dificultades, por la falta de suficiente libertad de juicio y de acción, y por el abuso dialéctico de la palabra, no encaminada precisamente hacia la búsqueda y la expresión de la verdad objetiva, sino puesta al servicio de finalidades utilitarias, de antemano establecidas.” – Juan Luis Cipriani

¿Esto es base y sustento? Señores del diario El Comerio, por respeto a nosotros sus lectores y a ustedes como diario representativo, no deberían aceptar esas explicaciones. Porque eso no es base ni sustento, es plagio, es copia, copypaste, es robo, es mentira. Un Cardenal que quiso apoderarse de una universidad que tiene estrictas políticas respecto al plagio, plagia, ¿Y ustedes solo lo sienten? 

Tomen medidas drásticas, sancionen y expulsen a quien cometa este tipo de actos, sin importar que se trate de un padre de familia o del Arzobispo de Lima.

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