literatura Jueves, 16 julio 2015

Llamada interceptada entre Alan García y el escritor Alejandro Neyra

Portada del libro con 'Caballo Loco'.

Portada del libro con ‘Caballo Loco’.

Texto leído por Gustavo Rodríguez en la presentación del libro “CIA Perú, 1985. El espía sentimental” de Alejandro Neyra.

 

Llamada interceptada

Embajada de Perú en Chile

24/6/2015  06:13 horas GMT

  –¿Aló, Alejandro? Soy José Antonio García Belaunde…

–Embajador, cómo está.

–Disculpe la hora… Quiero pasarle con un amigo mío…

–Aló, joven Neyra…

–¿Sí?

–Soy Alan García.

 (Murmullo ininteligible. Silencio)

–Señor García, mucho gusto.

–Me he enterado de que va a sacar una novela donde soy un personaje principal y debo confesarle, admitirle, manifestarle que he tenido acceso a una copia del manuscrito. Su editor, ¿cómo se llama?

–Alvaro Lasso…

–Sí, Lasso… ese sí sabe que la plata llega sola… (ininteligible) Bueno, el señor Lasso me mandó el archivo tan solo ayer y quería decirle que la terminé en un santiamén. Escribe bien joven Neyra, eso no se lo voy a negar…

–Gracias, usted comprenderá que es un ejercicio de ficción y como tal…

–¿Ficción? Esas son pendejadas. De ficción eran los billetes que mandaba a imprimir en mi gobierno para pagar los sueldos. Lo suyo es una urdiembre alevosa, voluntaria, explícita, en la que mezcla hechos tomados por reales con fantasías dignas de un transformer. ¿Qué psiquiatra lo trata a usted? De repente es el mío.

–No, señor García, hasta ahora los bares han sido mi mejor tratamiento.

–Me alegra que hable usted de bares y de desenfreno alcohólico, porque esas son las partes que más me han gustado. Yo, saliendo de noche en mi moto, con casaca y casco negros, encaminado a esas reuniones con las vedetes de Risas y Salsa. Así era yo, no lo niego. Y sé, de muy buena fuente, que ese rumor le sirvió de base a los productores de El auto fantástico para crear a su personaje. Solo cambiaron la moto por el carro y a las vedettes por malhechores de poca monta.

–Señor García, permítame decirle que eso es discutible. Según mis investigaciones de la época, el Auto Fantástico se empezó a grabar en 1982 y su gobierno empezó tres años después.

–Su memoria es endeble, joven Neyra. Además, usted debe haber sido un bebé en esa época. ¿A quién quería que usaran de modelo, sino? ¿A Belaunde? Pero déjese de pudores y dígame, ¿quién le contó de esos bacanales? ¿Los hijos de Héctor Delgado Parker? Ya nadie tiene honor en este país, carajo.

–Señor García, le repito que todo es imaginación mía. Si quiere hacer un reclamo siempre hay canales adecuados…

–Oiga, no crea que estoy molesto con usted. En realidad le estoy agradecido. Mi rostro lozano y juvenil en la portada de su libro, ese rostro que tanto le gustaba a Víctor Raúl, promocionándose en la esfera cultural y en el espacio virtual es el mejor apoyo que puede tener un político en la antesala de una campaña electoral. Pero, más que eso, le agradezco esa tesis que sin duda yo también apoyo por la cual mi gobierno, el gobierno de todos los peruanos, fue presa de un boicot del imperialismo que miraba con terror que un joven y carismático líder se pusiera a la cabeza de los no alineados para mandar al carajo a aquella constrictora deuda externa… (ininteligible)

–Qué bueno que vea con simpatía mi novela, señor García, pero le repito que todo lo que está en ella es una ficción completamente tejida en mi cabeza.

–Joven Neyra, o usted es un tremendo pendejo o es un gran cojudo para sostener esa posición, y como yo prefiero pensar que mis interlocutores son de mi condición me arriesgo por el primer camino y le diré la verdadera razón de mi llamada.

–Claro, lo escucho.

–Usted sabe que el pendejo de Kuczynski me lleva unos cuantos puntos en las encuestas.

–Sí, algo he leído…

–También debe saber que él no era nadie en el panorama electoral hasta que se dejó tocar la genitalidad por una anciana en una caminata de campaña…

–Sí, vi el video… eso fue hace años, ¿no?

–Pues me haría usted un gran favor si en su novela le añadiera a mi personaje un atributo legendario, usted sabe…

–No entiendo, señor García.

–Unos centímetros de más, pues… y si le pone un apodo, mejor. La gran paloma del APRA… la yuca del hortelano… No sé, usted verá, como escritor usted sabe más de  metáforas que yo…

–Señor García, lo que me pide es bastante extraño. Además, el libro ya casi está en imprenta…

–Usted ha escuchado mi petición, pero no la recompensa. A cambio de ese detalle en su novela estoy dispuesto a que sea el número 2 de mi lista al congreso. Entre Mulder y Del Castillo. Es más, aquí Joselo me ha dado una idea para redondear el título de su novela.

–¿Cuál es? Ya me dio curiosidad.

–En vez de poner “CÍA, 19-85”, cámbielo a “GARCÍA, 19.85

–Es original, no se lo puedo negar.

–Entonces, ¿tenemos un trato?

–Déjeme pensarlo.

–No lo piense mucho, que se le va a escapar la oportunidad. Ahorita mismo tengo a Roncagliolo esperando a hacer lo mismo en su próxima novela, así que ya está avisado. Hasta pronto.

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