sociedad Viernes, 3 julio 2015

5 cosas que me asquean sobre el cotilleo desatado por la relación entre Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler

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1) Asumir que las mujeres siempre son villanas oportunistas.

He escuchado hasta el cansancio tildar a Isabel Preysler de roba-maridos porque solo quiere la fama y la fortuna del Nobel. Tal vez sería bueno saber que la señora es más famosa que él y se codea con la aristocracia española sin ayuda de nadie. Es dueña además de una fortuna de más de 180 millones de dólares. Le sobran cualidades para escoger sus pretendientes por amor y no por interés.

 

2). Asumir que las mujeres siempre son unas víctimas cuya vida desaparece con la ruptura de su matrimonio.

Patricia Llosa es una mujer brillante que supo acompañar a su marido en su carrera de escritor pero que desarrolló a lo largo de estos años cualidades de representante literaria que si le provocara podría poner en práctica. Si no tiene ganas de trabajar la rodea una familia hermosa de la que ha sido pilar fundamental y de la que puede disfrutar hoy con más calma. ¿Quién ha dicho además que ella no puede reconstruir su vida, si le da la gana con otra pareja? Si está triste o no, ese es un tema que solo le compete a ella y su familia. Pero una vida tan rica no la termina un marido que se va.

 

3) Asumir que los hombres son unos pendejos que solo quieren divertirse.

No me toca analizar el pasado del escritor acá. Pero está claro que si a pesar de las aventuras llegó a cumplir 50 años de casado y a formar una bella familia, es porque la pareja Vargas Llosa encontró una fórmula que les funcionaba a ambos y que solo a ellos les concierne. Nadie puede negar que Mario Vargas Llosa amaba a su mujer sinceramente, lo vimos y escuchamos en la entrega del Nobel. Si el amor se acabó tiene derecho a continuar su vida y eso no debiera borrar los años de felicidad que compartió con su esposa y su familia. ¿ Es Vargas Llosa un desgraciado? No. Me parece que es un hombre enamorado que busca su felicidad.

 

4) Burlarse de la sexualidad de una persona de casi 80 años.

Para todos los jóvenes que hacen mofa de esta relación, solo un dato: a menos que piensen morirse pronto también van a llegar a esa edad y ojalá que lo hagan con la ilusión, la energía y sabiduría de los tres protagonistas de esta historia. A mí, saber que a los casi 80 años te puedes volver a enamorar, puedes tener las fuerzas para seguir adelante, saber que al final de ti depende tu felicidad me da una gran satisfacción. Me confirma que la vida no se acaba hasta que se termina.

 

5) Usar información personal y familiar para indagar en la vida de otros.

Pasar las declaraciones de la nieta del escritor el día del aniversario de bodas de sus abuelos es una bestialidad. Si los adultos quieren declarar genial. Si no, dejémoslos en paz, y dediquémonos cada uno a disfrutar de nuestras propias vidas.

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