discriminación , literatura , sociedad , tv Miércoles, 13 mayo 2015

El Perú está en los comentarios: el caso Mónica Cabrejos – Iván Thays

Acá casi nunca tocamos los temas de la vida privada de nuestra farándula, salvo que exista un trasfondo más amplio, una lección realmente relevante que todos podamos tomar o que ese caso diga algo que es necesario decir sobre nuestra sociedad en general.

Muchos culpan al afán de inmediatez del periodismo digital de la degradación del debate. En parte, pero, la verdad, yo creo que comentarios como el siguiente se producirían incluso después de los más sesudos análisis:

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Racismo y misoginia en un solo comentario. Perfecto. Esto es lo que somos. Iba a poner aquí, para equilibrar, otro comentario idiota, esta vez atacando a Thays porque no le gustaba la comida peruana. Pero no, el chauvinismo gastronómico no es un problema tan importante en nuestro país como la discriminación y la represión de las mujeres.

En todo caso, me dejó pensando este comentario del crítico literario de Perú.21, José Carlos Yrigoyen, escrito antes de que se haga público que el escritor en cuestión era Thays:

Sé que la literatura peruana no es un ejemplo de solidaridad y de unión, como tampoco suele pasar en otras latitudes. Pero si no podemos ser unidos, al menos intentemos no ser maledicentes. Puede que el escritor no me caiga, que no me gusten sus libros, en fin. Pero puedo decir que no hay nada más vil que hurgar en la vida privada de la gente y refocilarse en sus errores o faltas. Puedo decirlo porque conmigo también lo han hecho alguna vez y también con muchos de nosotros; la sensación de ser señalado por algo que no incumbe nadie más que a las personas más cercanas y de confianza es depresiva y lacerante.

No sé quién es el escritor al que se le acusa de este asunto, pero sea quien sea me conduelo por él. No por haber hecho lo que hizo si es que de verdad lo hizo; ese es otro tema. Me conduelo porque nadie merece ser sometido a esta clase de circos, evidentemente orquestados para sacar provecho de la víctima. Si uno se equivoca, tiene que pagar, es claro. Pero el escarnecimiento público, la humillación colectiva, no son la forma. Sería bueno que por una vez, una nomás, los escritores peruanos demuestren un mínimo de discreción.

Al poco tiempo de que Yrigoyen escribiera esto, el caso detonó:

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Patricia del Río va más allá:

No me pienso sumar a ningún cargamontón, pero que una mujer embarazada se lo anuncie a su pareja y este la abandone no solo no es gracioso, sino que es un drama de millones de mujeres en nuestro país que terminan criando a sus hijos solas. No sé por qué el hecho se hizo público ni me interesa, pero no perdamos la perspectiva: más allá de la farándula, en este caso hay un drama real, y social.

Lo cierto es que es difícil tener una opinión formada y contundente sobre casos así, en el que se mezclan desde la farandulización de las noticias hasta el drama de las madres solteras, pasando por todas las infinitas gamas de la discriminación en el Perú. Lo único que es cierto es que el caso, nos guste o no, ya es público y, de alguna forma, refleja mucho de lo peor de nosotros. Antes de lanzarnos a comentar y, sobre todo, a insultar, evaluemos todas sus aristas.

ACTUALIZACIÓN (17:26 pm). La versión de Iván Thays (click para ampliar)

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