noticias , politica Lunes, 2 marzo 2015

Humala es el presidente con menor popularidad en América Latina, según El Economista. Hasta Maduro le ganó.

Ollanta Humala termina su mandato rascando la olla, como suele pasar aquí en el Perú. A menos 500 días de salir de Palacio, nuestro presidente aparece último en esta encuesta de popularidad de distintos mandatarios lationamericanos elaborado por el diario mexicano El Economista.

Pese a la fuerte crisis que vive Venezuela, Ollanta igual no le gana al presidente que conversa con las aves.

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Humala logra un 22% cuando Maduro y Kirchner son los que se enfrentan a crisis políticas aún más complicadas. Foto: El Economista

Entre los presidentes en ejercicio, Evo Morales es el que se alza con la mayor popularidad en su país. Después de este viene el ecuatoriano Rafael Correa, el hombre que odia las redes sociales. Por su parte, el gran Pepe Mujica dejó ayer el gobierno uruguayo con su volkswagen azul y 62% de aprobación porque es un capo.

También hay que resaltar lo que decíamos al comienzo, hace bastante tiempo un presidente no acaba su mandato con una cifra que podamos considerar realmente buena. Así nos lo recuerda el politólogo Carlos Meléndez en esta columna de Perú21:

Perú es un país de desconcertados presidentes y esquivos seguidores. Ser político en el Perú es caer en el mar de la impopularidad; hagan lo que hagan los mandatarios de turno, sus apoyos son magros. Toledo promedió un 18% de aprobación en sus cinco años, García 35% y Humala 41% hasta ahora; como si se gobernara para decepcionar a los votantes y cambiar de agendas. Así, estos pobres desempeños en opinión de las mayorías terminan dañando más la legitimidad del régimen democrático. ‘Demócratas’ que no representan socavan, al final, la propia democracia.

Y ese Humala llegando al 40% fue en sus mejores momentos en comparación a la actual cifra. El peruano es disconforme, pero a la vez también se conforma con lo poco que hay. No por nada García y Toledo son nombres que vamos a seguir escuchando en la carrera al 2016.

Con la cantidad de denuncias que están lloviendo, su falta de diálogo político y todas esas relaciones extrañas y oscuras que no termina de aclarar son el punto débil del nacionalismo.