el útero Lunes, 23 febrero 2015

Aldo Mariátegui tiene razón

La semana pasada, en su columna habitual en Perú.21 (que, por cierto, continúa de lunes a viernes, queridos aldoliebers; la que ya no sale es la de El Comercio), se refirió a este blog:

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Soy SUPER fansss de cuando Aldo incluye links en sus textos impresos. De lejos, el mejor bloguero del Perú.

 

El enlace va a nuestro post reseñando su último cruce de espadas con Raúl Tola, quien mencionó que El Comercio debería ejercer “control de calidad” sobre sus columnistas. En los comentarios de ese post, efectivamente, se han colado estos dos comentarios:

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Esta vez, Aldo –con quien este blog tiene discrepancias casi ontológicas– tiene razón y su observación es una muy buena excusa para explicarles a ustedes, amigos uterinos, algunas cosas sobre la política de moderación y bloqueos que tenemos aquí en Útero.Pe.

Veamos. Estos dos comentarios de arriba son perfectamente injuriosos. Si dependiera de mí, habrían sido eliminados. Lamentablemente, el sistema de comentarios que usamos ahora, proporcionado por Facebook, no nos permite moderar (es decir, borrar o editar) este tipo de mensajes. Tampoco podemos evitar que vuelvan a comentar. Por supuesto, dirán ustedes, todo se soluciona cambiando de sistema. Pero este blog ya tiene ya casi 10 años y en todo este tiempo hemos probado otros métodos: el nativo de WordPress, Disquus y varios otros. ¿La conclusión? Facebook es el mal menor.

¿Por qué?

Porque las políticas de uso de Facebook prohíben el uso de seudónimos, nicks, nombres falsos o como quieran decirle. Eso permite que cada persona se haga responsable de lo que dice. Si uno quiere vincular su nombre a comentarios como “LA DICTADURA NEOLIBERAL DEFIENDE EL OLIGOPOLIO DE LA CONSENTRASION” y quedar en ridículo ante posibles contactos laborales, pues es su problema ante el resto.

Además que, por cierto, al exponer su verdadero nombre, asume todas las consecuencias legales. Aldo perfectamente podría demandar al señor Chávez Romero por el comentario que pueden ver arriba. Por supuesto que no lo va a hacer –aunque ganaría sin dudarlo– básicamente porque resultaría una pérdida de tiempo. Pero sí puede, como está haciendo, exponerlo en público. A veces la sanción social es efectiva.

Dales duro, Aldo

Dales duro, Aldo

Ahora, claro, ustedes ahora deben estar diciendo “qué fácil, cómo se lavan las manos” y, la verdad, nada más lejano. La experiencia enseña que la mayoría de personas que dejan comentarios lo hacen para expresar algún tipo de desacuerdo. Así que a Aldo no es al único que le cae por aquí. A los miembros del Útero nos dan como a Aldo y peor. Caballeros, nomás.

Eso sí: si detectamos a alguien que usa un seudónimo o identidad falsa para trollear, lo denunciamos ante Facebook, que es bastante diligente a la hora de eliminar las cuentas de trolls. O sea, vamos, a menos que seas Snowden o Aniversario Perú –que sí pisan callos delicados– deberías ser capaz de firmar con tu nombre todo lo que escribas. Al menos, eso creemos (o nos gustaría creer) por aquí: que si te ves obligado a poner tu nombre, vas a pensar un par de veces antes de apretar el botón de “publicar”. Especialmente, los que protestan contra el lamentable estado de los la prensa o los medios. No puedes criticarlos y caer en lo mismo. ¿Insultar al que te insulta? ¿Injuriar al injuriador? ¿Ejercer violencia verbal contra el que la ejerce? ¿Dónde hacemos la marcha contra los comentarios basura?

El sistema actual no es perfecto pero al menos desalienta a los anónimos (digitados o no) e intenta asignar un nombre real a los comentaristas. No es garantía de mucha calidad pero, teniendo en cuenta el estado del resto de la Internet, tampoco estamos tan mal. Si conocen un sistema mejor, avisen. En los comentarios de este post, claro.