noticias Jueves, 12 febrero 2015

Homenaje: 3 videos para recordar a la leyenda del violín peruano, Máximo Damián

Foto: Laguna Brechtiana

Foto: Laguna Brechtiana

Hoy murió Máximo Damián, excelso violinista y uno de los principales eslabones de la historia musical de nuestro país. Máximo falleció luego de ser internado producto de su diabetes en el hospital Rebagliati, donde en un principio no tuvo una cama dónde reposar y ser atendido como merecía.

El amigo de José María Arguedas, a quien le dedicara “El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo”, se fue con aún mucho que contar. Ahora nos quedan solamente las notas que sostenía Máximo sobre el pulido arco de madera de su violín para hacernos compañía.

La última entrevista que Máximo dio fue publicada en Diario16, hace casi un mes. La mejor manera de leerla es escuchando al maestro:

 

1. “Romería a Amador Vallumbrosio” (Sigo Siendo)

Esto le dijo José María Arguedas a Máximo una vez:

Quiere tu música, no comercialices tu música ni tampoco cambies. Si quieres a tu pueblo y quieres que te reconozcan; mil veces quiere a tu música y no a la plata. Tu música que cantas es lo que vales, a través de ella tendrás cualquier cantidad de personas que te van a querer; aunque no tendrás plata tu identidad es lo principal. Máximo no cambies la música que siempre tocas, siempre tienes que tocar. Mantener la música antigua.

 

2. “Adiós, pueblo de Ayacucho” (con Jaime Guardia y River Oré)

Aquí otro extracto de la entrevista:

No quieren reconocimientos ni medallas ni diplomas, el único pedido de Don Máximo Damián es que lo transfieran al Hospital Rebagliatti de Jesús María, confía que allí tendrá una mejor calidad de atención. Ha intentado atenderse allí, pero lo rechazan o le dicen que vaya a los hospitales de su distrito de residencia, ¿Sería mucho pedir un mejor trato a un artista que siempre ha tenido listo su violín para tocarle al país?

¿Era mucho realmente?

 

3. “Unchuchucucha” (recopilado por José María Arguedas)

Así recuerda Máximo los últimos días de su amigo:

José María Arguedas comenzó a bailar huayno y a cantar; estuvo cante y cante, baile y baile hasta las 10 de la noche. Luego se despidió. Al día siguiente lo busqué en una librería por Plaza San Martín donde trabajaba su esposa Sybila Arredondo para ver cómo había amanecido. Me dijo: “Máximo, ayer he bailado hasta decir basta, cómo me he reído, igualito al pueblo serrano, tomando chicha. Máximo yo vengo el día jueves a tu casa, espérame.

Lo esperó horas y nunca apareció. Luego se enteraría por los diarios que el escritor se había disparado. Una de las cartas que dejó era para él: le pedía que toque en su funeral y así lo hizo.

¿Quién tocará ahora para Máximo?