noticias , politica Martes, 13 enero 2015

6 razones por las que Urresti debería cerrar sesión y empezar a trabajar (o renunciar de una vez)

Daniel Urresti finalmente salió a disculparse por tuitear lo más faltoso que le hemos visto a un ministro en Twitter. Aquí una captura de su declaración ante la prensa:

Previamente había dicho que no se dio cuenta qué era lo que le habían tuiteado, que simplemente retuiteó sin ver. Lamentablemente no le creemos. ¿Por qué retuitear un tuit en el que no hay texto escribiendo “retuiteo con mucha educación”? ¿No se supone que no vio las fotos?

Lo cierto es que las reacciones han sido múltiples, sobre todo luego de que Ana Jara simplemente apareciera siendo bastante genérica al respecto: lamentando la violencia contra la mujer y citando a Voltaire.

La reacción del periodista Augusto Thorndike (en el minuto 0:25) fue TODO:

«Amárralo al loco pues Ana, amárralo». Curiosamente lo siguiente que dijo Ana Jara después y ante cámaras fue que no podían amarrar al buey. Augusto quizás se sienta decepcionado. Pero luego de leer todas estas opiniones se sentirá más tranquilo.

 

No hay control

En entrevista con Perú21, Patricia del Río habla sobre las oportunidades que está perdiendo Urresti al utilizar mal su novedosa popularidad. Lo peor de todo: que aparentemente Ana Jara es incapaz de controlarlo. La luz verde parece que viene de más arriba.

Habría que separar la labor de velar por la seguridad ciudadana y las facultades propias de un ministro del Interior de la personalidad del señor Urresti. Creo que, en lo que se refiere a su labor, es difícil evaluar si lo está haciendo bien o mal, porque su cargo es complicado y hace tanta bulla que no logramos analizar su gestión de una manera objetiva. Con respecto a su personalidad, como ministro, como autoridad, tenemos un problema grave. (…)

Él tiene una cosa que no ha tenido un solo ministro del Interior: popularidad. Y tener respaldo popular te obliga a más, porque te pone en mejores condiciones para hacer reformas. Entonces, Urresti no está aprovechando esto, sino que está haciendo un mal uso de su popularidad. Eso parece haberle dado alas para, en lugar de hacer una gestión eficiente, volverse cada vez más payaso. Cuanto más suba su popularidad, seguirá con el humor callejero al que se ha dedicado.

 

No puede hacer nada

Precisamente, sobre la falta de control de Ana Jara, este editorial de El Comercio nos da una pista para entender por qué tan poca proactividad para cuadrar al ministro:

¿Pero por qué la funcionaria que encabeza el Gabinete tendría que expresarse sobre un asunto tan grave solo en oráculos? ¿Por qué no puede coger al toro por las astas y sencillamente ordenarle a su ministro que deje de proferir improperios y cumpla más bien con las funciones de servidor público para las que es pagado con nuestros impuestos?

Pues bien, para contestar a esta interrogante, es necesario escalar más aun en la gradación de autoridad en el Gobierno, porque únicamente alguien que estuviese por encima de Jara y avalase las destemplanzas del titular del Interior podría obligarla a contenerse. En otras palabras, solo la intervención directa de un presidente fascinado con la popularidad que reportan tales exabruptos puede explicar la forma en que la primera ministra está siendo rebasada en sus atribuciones.

 

Pieza nauseabunda de ruindad

Desde Facebook, Nelson Manrique, muestra toda su indignación y señala al culpable que está sentado detrás del ministro:

Aún me resisto a creer que alguien pueda caer tan bajo. Vi la reacción de Marisol Espinoza pero creí que criticaba alguna insinuación más o menos maliciosa, no esta pieza nauseabunda de ruindad.

Más allá de las psicopatías de Urresti el directo responsable de estas bajezas es Ollanta Humala, que lo puso y lo sostiene en el cargo. Aparentemente Humala no es consciente de que esto es una mancha que va adornar su currículo de aquí en adelante. Y bien por Marisol E. Imagino los problemas que le traerá esta toma de posición dentro del nacionalismo. Es una pena que los varones del partido en el poder no tengan los pantalones para pronunciarse.

 

No tiene derecho a atacar

lalalala

Marisol Espinoza, vicepresidenta de la República, en conversación con Perú21, optó por ampliar su postura totalmente opuesta a la tibia reacción de Ana Jara. ¿Qué tan difícil es tuitear decente?

(Urresti) Tiene todo el derecho de hacer política, pero lo que no tiene derecho es atacar a terceras personas para ofender a otro. Si uno ejerce sus libertades debe saber que si insultas o afectas a terceros tienes que asumir responsabilidades. Para esto existen normas que se encuentran tanto en el código de ética del funcionario público como en el Código Penal. Creo que tenemos que cambiar como políticos porque la sociedad nos reclama, no chabacanerías, sino al contrario, la obligación de dar ejemplo. Una de las cosas que dijimos en la campaña –y lo mantengo hasta ahora– es hacer política con docencia y decencia. Ese es el gran reto.

 

El agravio no es un derecho

Poner carita de bueno luego de hacer una deposición en Twitter es fácil.

Poner carita de bueno luego de hacer una deposición en Twitter es fácil.

Rosa María Palacios en su columna de Exitosa, le explica muy bien a Urresti qué es la libertad de expresión y cómo se come. Si recuerdan, el ministro tenía la duda. Lea por favor, ministro:

La Constitución considera que habiendo dos derechos en conflicto (la libertad de expresión versus el honor y la buena reputación) hay que encontrar un límite al primero en beneficio del segundo. Así, “toda persona afectada por afirmaciones inexactas o agraviantes” en un medio de comunicación social, tiene derecho a una solicitar una rectificación o ir a la vía judicial penal para que se repare el daño.

La Constitución lo dice bien claro. La afirmación puede ser “inexacta o agraviante”. Es decir, puede ser absolutamente exacta pero agraviante. Eso lo sabe cualquier estudiante de deontología. Pongamos un ejemplo. Supongamos que está probado, debido a documentos administrativos, que la madre de un personaje público ejerció la prostitución. Es, en este ejemplo, absolutamente cierto que la señora fue prostituta. ¿Puedo llamar “hijo de puta” a ese funcionario porque la afirmación es cierta? No, no puedo. Porque es agraviante.

¿Y qué es agraviante? Decir que el ministro está procesado por asesinato no es agravio. Decir que una persona está divorciada, tampoco. Pero decirle infiel o “sacavueltero” sí lo es. Son ámbitos de la intimidad personal que no se pueden invadir en política.

 

El gobierno se quema

Sobre los achaques mentales y verbales del ministro del Interior, Augusto Álvarez Rodrich explica bien clarito cuál es el problema con las declaraciones de Urresti. Spoiler alert: no tiene nada que ver con el derecho a expresarse.

Toda persona, incluida una autoridad, tiene el derecho a expresar su opinión y a participar con intensidad en el debate nacional en defensa de sus ideas, pero esto no impide advertir que el comportamiento de Daniel Urresti significa una amenaza para las normas democráticas y para la ética esencial con la que debe conducirse no solo un ministro sino un caballero.

Así, Urresti tiene, en ejercicio de su libertad a expresar su opinión o, incluso, como componente de una estrategia de comunicación del gobierno al que pertenece, el derecho a contrarrestar sus planteamientos con los de la oposición, al margen de que esto le pueda estar añadiendo más gasolina a una situación que se puede volver explosiva y en la que todos pueden salir quemados.

Sin dejar de reconocer que algunos sectores de la oposición también se manejan de manera impropia, lo que un ministro no debiera hacer es ir contra las leyes y contra la ética esencial con la que debe conducirse cualquier persona, especialmente si ocupa un cargo de tanta importancia como la cartera del Interior.

 

Cómo usar Twitter

Sobre la actividad en la red social del pajarito, los amigos de Espacio360 se tomaron el trabajo de revisar los últimos 50 tuits de Urresti y los compararon en contenido con sus pares en Argentina y Colombia. El resultado habla solo:

¿Y las obras?

¿Y las obras?

A ver si alguien le avisa al ministro que es ministro para que de una vez haga chamba de ministros (valgan las múltiples redundancias porque él no las entiende).

Diego Pereira

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