corrupción , historia , periodismo , politica Viernes, 9 enero 2015

Charlie Hebdo, Fujimori y el más vergonzoso capítulo de la prensa peruana

kenja

 

Escribe Hugo Coya

La historia está repleta de ejemplos que demuestran que el Perú está plagado de políticos cínicos y de escasa memoria. También de que se trata de una nación pródiga en personas que no saben o no desean entender cuestiones elementales, ya sea por ignorancia, miedo o diversos intereses.

Mientras el mundo se horroriza por el atentado terrorista que le costó la vida esta semana a 12 periodistas y caricaturistas de la revista Charlie Hebdo por desafiar los fanatismos y las verdades absolutas, un tribunal cerraba aquí el que quizás haya sido el más vergonzoso capítulo escrito por la prensa nacional al hacer, exactamente, lo contrario que sus colegas franceses: arrodillarse ante el poder.

Es cierto que los juicios tienen la virtud de recorrer el pasado y, muchas veces, encontrar la basura que se escondió debajo de la alfombra en un intento vano de vendernos la ilusión de que siempre mantuvieron una casa limpia y reluciente. O sea, la ingenuidad, el desconocimiento u ocultamiento como instrumentos para galvanizar mentiras históricas.

Por eso no debemos permitir que la falta de memoria nos obnubile y proclamemos nuestro derecho a ejercitarla debidamente siempre para no permitir la reiteración de algún hecho. Entonces, si alguien no lo sabía o sufría de amnesia, aquí se lo recordamos.

Se trató de una depurada forma de prostitución en la cual numerosos periodistas vendieron, a cambio de gruesas sumas de dinero, las líneas editoriales de sus diarios, convirtiéndolos en auténticos pasquines dedicados a ridiculizar a la oposición y manipular a la opinión pública a través de ´cortinas de humo´ para asegurar la re-reelección del entonces ex presidente Alberto Fujimori.

Conscientes de que la mayoría de la población no leía críticamente (y aún no lee) periódicos, la labor del encarcelado ex asesor Vladimiro Montesinos y sus secuaces se concentraba en desarrollar infamantes portadas, pagando entre tres mil y cuatro mil dólares por titular, para que las personas pudiesen ´consumir´ esos contenidos distorsionados o falsos en forma gratuita y darlos como ciertos al pasar rápidamente por los quioscos.

Al igual que en los procesos judiciales anteriores, Fujimori ha negado cualquier conocimiento del delito que se le imputaba y ha asegurado que no sabía del desvío de ese dinero destinado, formalmente, en el presupuesto nacional, a las fuerzas armadas.
“Yo no soy el autor en lo más mínimo de los actos delictivos de este proceso, ni de ningún otro”, dijo Fujimori a la corte, afirmando que, desde un posición de gobernante, nunca desconfió acerca de las reales motivaciones de esa prensa que tanto lo ensalzaba e insultaba a sus detractores. ¿Eso es posible tratándose de alguien que se ha autoproclamado “el arquitecto y constructor del Perú moderno de hoy”?

Su hijo, el congresista Kenji Fujimori, no se ha querido quedar atrás y ha comparado este juicio con el atentado contra los periodistas y caricaturistas de Charlie Hebdo. Por medio de un encriptado mensaje, en su cuenta de twitter, ha sostenido que existe una doble moral porque mientras algunas personas “repelen” a la llamada “prensa chicha”, aplauden a “la presse chiché (sic, de algún dialecto desconocido del francés)» y comparte las caricaturas en las que Charlie Hebdo ironiza sobre el catolicismo.

Sea como sea, la Cuarta Sala Liquidadora del Poder Judicial no se ha convencido de los argumentos de Fujimori, condenándole a ocho años de prisión por el delito de peculado, inhabilitándole de ejercer cargos públicos por tres años y ordenándole pagar una reparación de unos tres millones de soles (equivalente a un millón de dólares).

Esta sentencia fue la última que recibe el ex mandatario por los delitos cometidos durante su régimen en base al proceso de extradición desde Chile en el 2005. Su primera sentencia fue en 2006 por el allanamiento ilegal a la casa de Montesinos para incautar y desaparecer supuestos ´vladivideos´ comprometedores.

El 7 de abril de 2009, Fujimori fue condenado a 25 años de prisión por su responsabilidad en los delitos de asesinato con alevosía, secuestro agravado y lesiones graves, tras ser declarado autor intelectual de las matanzas a un grupo de personas que participaban en una celebración en la zona de Barrios Altos en Lima, en 1991, y a nueve estudiantes y un profesor de la Universidad de La Cantuta, en 1992. Todos esos crímenes fueron cometidos por un escuadrón del ejército conocido como grupo Colina, incluyendo el secuestro del empresario Samuel Dyer y el periodista Gustavo Gorriti.

Esta última sentencia, no obstante, abre otras interrogantes: ¿Fueron juzgados ya la totalidad de los responsables? ¿Dónde están todos aquellos que vendieron sus líneas editoriales? ¿Cuál fue el destino final de ese dinero del Estado peruano que fue usado para la compra de diarios y periodistas?

Las respuestas podrían permitir, realmente, poner un punto final a este oprobioso capítulo de la historia nacional, dando una lección definitiva a quienes ahora se escudan en un moralismo selectivo para mantener oculto lo que antes hicieron y que pretenden disfrazar sus culpas con el argumento de que hay que cerrar las heridas.

La historia demuestra que las omisiones históricas permiten repetir el pasado, construyendo un futuro lleno de viejas novedades y porque, además, los muertos de Charlie Hebdo no merecen la ofensiva comparación con quienes cambiaron sus plumas por dinero.

Nunca un periodista vendido podrá alcanzar a los talones de quien pereció en defensa de la libertad de pensamiento – equivocado o no –, quizás el principio más digno de esta profesión.

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