historia , noticias , politica , sociedad Lunes, 3 noviembre 2014

Mirko Lauer te explica por qué uno de nuestros mejores historiadores cree que Velasco y Fujimori eran necesarios

Diego Pereira

I'm back, bitches / twitter: @algunpereira / correo para chismes: diego@utero.pe
No es Palpatine, es Pablo Macera. Foto: Perú21

No es Palpatine, es Pablo Macera. Foto: Perú21

En una reciente entrevista publicada en Caretas, bastante breve, parca y casi mono silábica, Pablo responde tres preguntas que podrían sonarte controversiales:

¿Qué gobierno se ha revalorado? ¿Cuál se verá con otros ojos?

–Velasco hizo un gran gobierno. Y si no lo hubiesen derrocado quizás habríamos tenido una guerra con Chile y quizás la ganábamos. Dicen que lo derrocaron para evitar una guerra que íbamos a perder porque Estados Unidos no iba a permitir una derrota chilena. En todo caso, fue un gran gobierno.

–¿A pesar del desastre económico y los atropellos políticos?

–La reforma agraria que muchos critican era inevitable.

–Debió de hacerse en democracia y a inicios de siglo.

–Debió continuarse. Acumulamos tensiones en el campo.

–¿Estamos condenados al péndulo autoritario? ¿A no reformar por consenso sino a bandazos? ¿A pasar del ‘Chino’ Velasco al ‘Chino’ Fujimori?

Las dos cosas eran necesarias. Las dos eran inevitables. Lo que hizo Velasco no podía dejarse de hacer. Y lo que hizo Fujimori, tampoco.

Hay que recordar, como hace Roberto Bustamante, que Macera no fue solo uno de los mejores y más ácidos historiadores que ha tenido el Perú, sino que también fue su postulación al congreso con el partido fujimorista lo que lo hizo desaparecer del radar.

 

¡Traducción!

A ver, chepi. Foto: Caretas.

A ver, chepi. Foto: Caretas.

La polémica frase “Lo que hizo Velasco no podía dejarse de hacer. Y lo que hizo Fujimori tampoco” es comentada por el periodista Mirko Lauer en una columna publicada ayer en La República. Tiene un punto muy interesante: que las elecciones Ollanta vs Keiko fueron entre “herederos moderados de las dos experiencias” (Velasco y Fujimori).

Cuando se declara que el estado de cosas que se vive hoy en la sociedad peruana es inaceptable, espantoso, repugnante, o cualquier otro adjetivo por el estilo, una parte de ese rechazo tiene la mirada inconscientemente puesta en las bondades atribuidas a la mano dura. No es un reflejo ideológico, sino más bien un sustrato generado por la incomodidad.

¿Es inevitable el autoritarismo en el Perú? ¿Nuestros 14 años de democracia son una ilusión?

En un plano más reflexivo, que es en el que se mueve Macera, cabe preguntarse si esta forma de democracia es un proceso llamado a prolongarse indefinidamente en la historia peruana. Sabemos que este tipo de avance democrático sine die existe en otros países, gracias a un constante proceso de reformas inteligentes, principistas, pragmáticas.

Es decir que son democracias capaces de resolver sus propias crisis. Frente a esto la democracia peruana está escindida: administra el tramo actual de la marcha económica con cierta eficacia, pero definitivamente no controla del todo la marcha de la sociedad. Hay un choque larvado en esta contradicción.

Esto nos devuelve a la idea de que hay cosas que son inevitables y que no pueden dejarse de hacer. No se trata necesariamente de una justificación del autoritarismo. Pero sí puede funcionar como una advertencia a quienes disfrutamos de nuestras libertades con poca responsabilidad. Una versión de la escritura sobre la pared babilonia en el libro de Daniel.

El reto de la democracia peruana es, aunque suene redundante, evitar que los Velascos y Fujimoris sean inevitables. Lo de Macera puede sonar una defensa del autoritarismo pero puede servir de aviso sobre cómo flaquea nuestra democracia:

No son opiniones que sea grato escuchar, pero son temores expresados sin histrionismo ni acrimonia. Valiosos en esa medida. Lecciones de historia.

(Por cierto, “sin histrionismo ni acrimonia” significa “sin exagerar y sin cacha“).

Puedes leer la columna de Mirko Lauer acá.

Diego Pereira

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