#LosNiñosDeSanPablo , noticias Martes, 1 abril 2014

El microondas “bomba” de cuidados intensivos

Caso Nº 4

Esperanza Rivera Villanueva, como la mayoría de madres de esta serie, fue trasladada a Clínica San Pablo desde un hospital estatal, el Guillermo Almenara, de Essalud.

Hasta allí llegó el 23 de agosto del año pasado, con 31 semanas de embarazo, y un cuadro de hipertensión. Los médicos de Almenara, por su estado, y porque el hospital -le dijeron- no tenía la capacidad de atenderla, la derivaron a la clínica.

En San Pablo nació, el 24 de agosto, el pequeño Gabriel:

Esperanza Villanueva y su hijo, después del peligro.

Esperanza Villanueva y su hijo, después del peligro.

Le informaron que el niño había nacido bien, pero que por su prematuridad debía pasar a observación en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

Esperanza no sabía entonces que la estancia de Gabriel en UCI se prolongaría por un mes y medio, y que en el área, lejos de fortalecer su salud, empeoraría: el bebé fue víctima, como ya no es sorpresa, de una infección intrahospitalaria que puso en riesgo su vida.

“A mi hijo lo tenían en UCI, y por un tema de espacio, porque ingresaron unos trillizos, lo pasaron a Cuidados Intermedios. Me informaron luego que lo habían regresado a UCI, pues había adquirido una infección. Hasta en dos oportunidades me dijeron que lo más probable es que mi hijo iba a morir”, cuenta ahora.

Pero Esperanza fue una de las tres afortunadas madres que sí lograron sacar con vida a sus niños de la Clínica San Pablo. Ello, no sin antes vivir experiencias que hoy le parecen increíbles.

Una en particular grafica el nivel de “cuidados” a los que los recién nacidos están expuestos.

 

Algo se quema en Cuidados Intensivos

Para acceder al área de Neonatología de la clínica, en Surco, hay que subir hasta el tercer piso de su edificio. Allí, una puerta blindada separa la sala de espera de los padres, del ambiente que acoge a los bebés.

Era aproximadamente la una de la tarde del sábado 14 de setiembre de 2013, cuando los padres que aguardaban en la sala percibieron algo raro: un olor, a quemado, invadía de a pocos el tercer piso, y no sabían de donde provenía.

Cuando se percataron que el olor salía del ambiente que tenía a sus bebés, se acercaron, e intentaron abrirlo a la fuerza, temiendo por la vida de sus hijos. Cuando las puertas se abrieron, una ola de humo gris y tóxico invadió el lugar, mientras enfermeras salían tapándose la nariz y “botando el humo con las manos. Era olor a plástico quemado”, narra Esperanza.

¿Qué había sucedido?

Siendo hora de refrigerio, una de las enfermeras había usado el microondas donde entibiaban los biberones de los bebés para calentar su almuerzo: un sándwich de pollo envuelto en tecnopor y plástico.

El accidente había llenado de humo el área más sensible de la clínica, el que albergaba a los recién nacidos, la mayoría de ellos prematuros, ubicados en Cuidados Intensivos y Cuidados Intermedios. Personal de seguridad tuvo que entrar a sacar el aparto humeante.

El hecho, que al lector puede sonarle inverosímil, fue corroborado por INFOS con 4 testigos presenciales. Se levantó además un acta de lo sucedido, que fue enviada al director de la clínica, doctor Amador Vargas. Aquí la hacemos pública:

Acta firmada por siete padres. Contiene, además, sello de recibido de la Clínica.

Acta firmada por siete padres. Contiene, además, sello de recibido de la Clínica.


Alegan desconocimiento

No pudo entonces la alta dirección de San Pablo no enterarse de este incidente, que puso en riesgo la vida de los bebés. Sin embargo, Carlos Calle, sub gerente de la clínica, le dijo en entrevista a INFOS desconocer el hecho.

“No lo sabía. Y es poco probable que haya pasado, porque nuestro personal sí tiene ambientes para calentar sus alimentos”, respondió escuetamente.

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