Archive | junio, 2011

Rosa María Palacios sobre Twitter

Hoy nuestra bloguera invitada es Rosa María Palacios.

Rosa María está a punto de alcanzar los 70 mil seguidores en Twitter y es la periodista política más seguida en las redes sociales.

Los periodistas tenemos una relación agridulce con Twitter, pero la de Rosa María, que expone su chamba ante millones de personas cada noche, lo es mucho más. Ella ha tenido la generosidad de regalarme este texto sobre una visión muy honesta -candid, dirían los gringos- de Twitter, los tuiteros, los trolls, los nativos digitales, el medio, el mensaje y, claro, del periodismo, que en el fondo de eso se tratan estas líneas. Disfruten.

(Con) Viviendo en Twitter

Hace más de un año mi amigo Marco Sifuentes me convenció de tener una cuenta en Twitter. Yo lo seguía en su blog “Utero de Marita” hasta que, un buen día, nos anunció que dejaba la crónica diaria para dedicarse a atender sus cuentas de Facebook y de Twitter. Fue la primera vez que escuché la palabra y no le encontré mucho sentido al sistema de comunicación. La verdad es que estaba más apenada por el abandono a sus lectores que por el nuevo sistema del que me hablaba. ¿Frases de 140 caracteres? ¿Seguidores (“followers”)? ¿Para qué quiero, voluntariamente, que alguien me siga? ¿A dónde me va seguir?  Eso parece un monumento al matrimonio entre el exhibicionismo personal y el voyeurismo, pensé. Al Facebook nunca había entrado y, probablemente nunca entraré. Soy una persona con una vida pública y una vida privada y he tratado, en lo posible, que estas no se invadan mutuamente. Finalmente, me parecía que para transmitir un contenido informativo ya tenía acceso suficiente a medios masivos. ¿Para qué perder el tiempo?

Meses después me despertó la alerta de tsunami a raíz del terremoto de Chile de febrero del 2010. Me encontraba durmiendo frente al mar, con la casa llena de niños y jóvenes. Gracias a que entraron a mi cuarto y me sacaron, literalmente, de la cama y a que, finalmente, no pasó nada en nuestra costa, evacuamos al cerro más cercano. Trabajo en televisión pero no veo CNN a las 3.30 am. ¿Por qué nadie me aviso? ¿Cómo se enteraron los demás? Ahí descubrí la inmediatez del Twitter.

Con la asesoría de Marco y José Alejandro Godoy y la ayuda práctica de una de mis hijas abrí una cuenta. “¿Quién me va a escribir?” pregunté. “Tu espera nomás”, me advirtieron. Debes seguir a algunas personas, tratar de poner mensajes de interés todos los días y, en lo posible, contestar a los que te piden respuesta. Eso fue todo.

Seguí a muy pocas personas. Periodistas y portales de noticias para recibir titulares al instante e información relacionada con el trabajo. Algunos, pocos, amigos (reales) y punto. No he cambiado mucho esa práctica. Eso me permite recibir una cantidad manejable de información. Sin embargo, con el paso de los meses y a raíz de la campaña electoral municipal y, luego, con las elecciones generales del 2011, el ingreso de comentarios fue explosivo. En el Twitter no sólo tú sigues a alguien cuyos contenidos son de tu interés, sino que alguien te sigue a ti. Hoy, con más de 68,000 seguidores es  imposible poder contestarles a todos.

Por lo general, coloco los titulares del programa Prensa Libre que se emite en vivo de lunes a viernes, a las 11.00 pm, un par de horas antes. Son un breve resumen de los reportajes que vendrán y el anunció de la entrevista en vivo. En las mañanas, cuando tengo tiempo en Radio Capital, hago lo mismo, con la diferencia de que ahí tengo una computadora que me permite ir leyendo los comentarios que entran (lo que, obviamente, no puedo hacer en la televisión).

Cuando tengo un pedido urgente como puede ser conseguir un donante de sangre, un medicamento raro o encontrar a una persona perdida, “retwitteo” el mensaje; es decir, se lo mando a los 68,000 seguidores que me siguen. De esa forma puedes crear rápidamente una cadena de ayuda. Como es obvio, el mecanismo es muy útil para emergencias de todo tipo, ya sea un terremoto, una alerta de lluvia,  el desarrollo de un asalto con rehenes o un tremendo atracón de tráfico. Sirve también para las buenas noticias, como la del otorgamiento del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas LLosa

Trato de responder, en la medida de lo posible, con respuestas (tweets) generales. Como indiqué, tienen no más de 140 caracteres, así que la precisión es importante.  Es útil cuando mucha gente hace la misma pregunta, pide la misma información o solicita una opinión.  Pero muchas veces debo responder uno por uno.

Me imagino que para un adolescente ser tratado de señor y de usted debe ser un tanto extraño. En las redes no sabes la edad de tus interlocutores. No tienes más datos que lo que han escrito. Yo asumo que todos son adultos interesados en asuntos públicos; sin embargo, he notado que la mayoría de veces se trata de personas muy jóvenes, con poca experiencia y grandes opiniones. La horizontalidad en el trato tiene sus pros y sus contras. Hay más libertad, pero menos respeto por el otro. Además, en mi caso, mis interlocutores tienen la ventaja de juzgarme por mi trabajo o por lo que creen que es, o debería ser, éste y, a veces, hasta por una vida privada que no conocen. Yo no tengo en casi la mayoría de los casos más información que la que proporciona el perfil de quien me escribe. Es decir, poco menos que nada.

Durante la campaña el ingreso de tweets se volvió casi inmanejable. Decidí leerlos, pero no contestar todos. Sólo la lectura me demandaba una o dos horas de trabajo, generalmente entre las 12.30 y 2.30 a.m. que es el tiempo que uso para quedarme dormida. Es imposible estar expuesta a las luces de un set de televisión y pretender irse a dormir apenas termina el programa. El cuerpo tiene que habituarse nuevamente a la noche y eso demora un poco. Una vez que lo aceptas puedes trabajar en el enloquecido horario que tengo y levantarte a las 10.00 am sin cargo de conciencia.

En mi experiencia diría que sólo un porcentaje muy pequeño de “twitteros” participa activamente en el Twitter. Para la inmensa mayoría es un mecanismo para obtener información, pero no para compartirla. Sin embargo la minoría que sí participa suele ser apasionadamente activa.

He encontrado buena información, ingenio, cultura, datos (muy buenos) y testimonios de primera mano sobre asuntos públicos. En algunos momentos han sido claves para encontrar pistas o testigos en una investigación. También hay una enorme solidaridad. Hay muchas causas que se promocionan, supongo con éxito, por esta vía. Es además una fuente extraordinaria de humor. Algunos te hacen reír y mucho. Es, del mismo modo, una fuente de cariño y un termómetro del estado emocional de un grupo poblacional muy especial: jóvenes, la mayoría solteros, con educación superior, acceso a Internet y necesidades de atención y participación pública. En general, el ego lo tienen grande pero sospecho que en la vida real son bastante más inseguros y tímidos de lo que aparentan ser en el Twitter. Supongo, no lo sé bien, que algunos tienen una vida paralela en estos medios. Una forma de parque de diversiones virtual donde, como dice la vieja canción, “la pinta es lo de menos” y la capacidad verbal lo que distingue y da prestigio.

La concisión del mensaje obliga a la exactitud, a prescindir de lo irrelevante y a usar el idioma con ingenio. Hay “twitteros” famosos por su capacidad de voltear las palabras de un político y convertirlas en frases de humor negro. Hay otros que pueden dar breves opiniones pero muy relevantes casi sobre cualquier cosa. Y si necesitas casi cualquier dato, habrá alguien que te lo de. Desde una tabla de mareas hasta el estado del tráfico en la carretera.  El uso de un celular con internet te facilita conectarte desde cualquier lugar. Incluso mandar fotos o videos de manera instantánea, aunque yo, todavía, no aprendo a hacerlo. Así nos pasa a los que no somos nativos digitales. Este medio resulta extraordinario para transmitir noticias al instante desde cualquier lugar del planeta y facilita mucho el trabajo periodístico.

Sin embargo, lo que caracteriza al Twitter, como a la radio, es la inmediatez. Sus usuarios quieren todo aquí y ahora. Y la ausencia de satisfacción instantánea suele ser duramente atacada. Son, como he dicho, en su mayoría jóvenes y la paciencia no es su fuerte. La inmediatez tiene también sus costos en calidad de la información, verificación y contraste de las fuentes. Por eso, hay que tener enorme cuidado al retransmitir un mensaje.

Hay también, entre los que participan, una tendencia a dar órdenes y asumir “el control”.  “Lo que tienes que hacer es un informe sobre …” o “debes entrevistar a ….”. Lo curioso es que no se trata de simples pedidos o sugerencias. Estos además vienen acompañados de curiosos retos descalificantes  como “seguro usted no se atreve a entrevistar a……” o “usted nunca haría un reportaje sobre…..”. Es gracioso contestar que lo que sugieren ya se hizo, muchas veces la noche anterior. Mi respuesta es casi siempre la misma: “es una lástima que no vea el programa”.

En este proceso de horizontalidad asimétrica (yo no conozco a la persona que me escribe) se producen fenómenos interesantes. Muchos de los que se dirigen a mi “me conocen”. Es decir, nunca en mi vida he tenido un contacto personal con estos “twitteros” pero ellos han creado en su propia fantasía un personaje que corresponde a la percepción (y prejuicios) que tienen de mí. Ese personaje poco o nada tiene que ver conmigo en la realidad o, por lo menos, yo no me reconozco en él, pero sus interlocutores se sienten con la absoluta libertad de decirle todo el tiempo cómo debe hacer su trabajo y advertirme, como profetas, qué es lo que yo pensaré, sentiré u opinaré de cualquier tema sobre el cual no he dicho nada aún. ¿Ejemplos? “No sabes entrevistar”, “deberías preguntar de esta forma”, “por qué no pregunta lo que yo le digo”, o ataques de frivolidad “twittera” que debate sobre el color de mi ropa, mi pelo o el tipo de reloj que uso. No creo que en la vida “real” ninguna de estas personas se acercaría a mí y me hablaría en los términos de confianza en los que escribe y, probablemente, le parecería socialmente inaceptable darle ordenes a un desconocido o tutearlo si le dobla la edad; sin embargo, no tienen ningún límite para hacerlo en el Twitter. Para quien no está habituado a este lenguaje, a veces brutal, uno podría atribuirles a estos interlocutores desde una conchudez superlativa, hasta un problema de severos malos modales.

Otra de las cosas que me sorprenden de esta interacción son los problemas de comprensión lectora o de déficit de atención. Apenas pongo los titulares pasan unos minutos y ya están preguntando ¿Qué hay esta noche en Prensa Libre?  Me deja perpleja la pregunta. Lo acabo de decir, pero ¿no lo leyeron? ¿no lo entendieron?  ¿requieren algún tipo de servicio personalizado e instantáneo?

Como todo medio de comunicación, el Twitter es también un imán de locos. Pero con la ventaja, para el agresor, de que aquí todavía puedes ocultar tu identidad. Eso le da poderes especiales a gente seriamente perturbada que reclama una forma de atención enfermiza. Se trata, en su versión más grave, de acosadores. Como no obtienen la atención que creen merecer se tornan sumamente violentos, tanto en su lenguaje (soez por lo general) como en su ímpetu por descalificar a quién consideraran “injustamente famoso”. Frases como “no eres periodista sino abogada” o “te me caíste” son las clásicas, de las que puedo reproducir. Los más elaborados preparan caricaturas, videos, reproducen y distorsionan parte de mi trabajo para desvalorarlo cientos de veces. Esto va más allá de la libertad que tiene cualquiera de gustar o no o de aceptar o no un contenido informativo. No es tampoco un problema de ideología, aunque estos raros sujetos suelen presentarse como radicales de izquierda. Por consejo profesional hay que darles atención, pero muy poca. Suelen tenerle pavor al contacto físico así que su agresividad será, casi siempre, solo verbal. Una nula atención les causa un enorme daño emocional y hace que se vuelvan más violentos. Sin embargo, en tiempos electorales los bloqueo.

Efectivamente, el Twitter tiene una función que permite al usuario bloquear a aquellos seguidores que desee. Así, no recibirá nunca más sus mensajes. Empecé a usar esta herramienta en las elecciones generales porque estas exacerban a los seres más enloquecidos de la web. Sin embargo en tiempos de elecciones son las “portátiles políticas” las que más daño hacen. Se trata de falsos usuarios que, a veces, corresponden todos a una misma persona, de determinado partido, que no sólo hacen propaganda por su candidato favorito, sino que se dedican a descalificar al adversario con las mentiras más salvajes y, de paso, a los periodistas. Cada usuario debería poner una foto o un “avatar” que lo identifique. Cuando no lo hace, el sistema le asigna un dibujo en forma de huevo. Si la persona que ataca es un huevito y no tiene ningún seguidor (es decir, son cuentas nuevas), lo más probable es que sea un miembro de estas portátiles.

Otra forma de referirse a los faltosos es con el nombre de “trolls”. Por lo general, el consejo más común es que no les contestes y así desaparecerán. Yo empecé mi actividad en Twitter haciendo exactamente lo contrario. Me toco mi primer difamador. ¿Y por qué lo voy a aguantar? Al final, termino rectificándose entre aplausos, cosa poco común en este medio. Sin embargo, se trataba de una persona identificada y con un blog. Por lo general los trolls son anónimos y esa es su fortaleza.

En esta campaña desarrollé otra estrategia que resultó muy útil y divertida. Es difícil para muchos comprender cuál es la naturaleza de mi trabajo. La culpa no es sólo de los twitteros sino también de los periodistas que se convirtieron en instrumentos de propaganda política. Sin embargo, las portátiles y los trolls de todos los grupos políticos asumieron posiciones salvajemente beligerantes. Mi posición en la campaña fue bastante simple: tratar de buscar la verdad en un escenario de confrontación y de mutua descalificación, recordando a las partes sus debilidades y desaciertos. Es decir, hacer periodismo. Eso enardeció a todos.  Como me dijo un twittero “mejor hubiera hecho campaña por uno sólo en la segunda vuelta, así  sólo la atacaba el 50%”. En vez de contestarles uno por uno o simplemente ignorarlos comencé a reenviar algunos de estos mensajes hostiles a los miles de seguidores de mi cuenta. No tuve que hacer nada más, para que, la solidaridad natural de estas redes funcionara. Cientos de usuarios furiosos se dirigían directamente al agresor. Luego procedía a bloquear y, a veces, como una gracia, le decía “chau” en un último mensaje.  Lamento haberlos llenado de basura hostil pero el experimento funcionó a las mil maravillas. Y creo que sirvió para que muchos supieran qué es lo que los periodistas aguantan cuando tienen el sincero deseo de tener una mejor vía de comunicación con la audiencia.

Mi trabajo es público pero no soy funcionaria pública. Sin embargo es bastante común que mis interlocutores me traten como si lo fuera. Tal vez sea una manifestación más de la poca o nula institucionalidad del Estado peruano o de la ignorancia juvenil respecto a mis supuestos “poderes”. Tengo desde pedidos de normas (como si yo fuera el Poder Legislativo), resolución de conflictos, asesoría jurídica y tramite documentario (“ya hice mi pedido al Ministro/Alcalde/Director pero no me hace caso” es la formula común) además de una variedad de “injusticias” que yo (sí, ¡yo misma soy!) debo resolver y que obviamente están fuera de cualquiera de mis más remotas posibilidades. Y así como piden, juzgan. Entiendo que un funcionario público debe rendir cuentas por su labor porque maneja dinero del Estado y responsabilidades públicas. Ese no es el caso de un periodista. Sin embargo, nuevamente la poca institucionalidad nos hace pararrayos de las furias sociales y éstas se manifiestan muchas veces no contra los actores políticos sino contra el mensajero. Matarlo sigue estando de moda y de las formas verbales más primitivas que puedan imaginar.

Otro habitante común en estas redes es el conspirador, o el que “sabe” de teorías de la conspiración. Este curioso personaje siempre sabe de todo. Desde lingotes de oro sacados de un supuesto “Paititi” por los Fujimori hasta la oportunidad o razón del próximo terremoto. Por cierto cuando les pides las coordenadas del Paitii (la famosa ciudad perdida), no responden aunque suelen ser muy hostiles sino son tomados en serio. Los conspiradores gozan también del chisme político del tipo, “Nadine Heredía se compró una casa en dos millones de dólares”, “ya va a nacer el próximo hijo de Alan García”, “Hugo Chavez está llegando a Lima para saludar a Humala” y cosas por el estilo. Obviamente esta es información descartable. Lo mejor, ni contestar.

El más mínimo intercambio no protocolar entre dos o más “famosos” es percibido y promovido como una “bronca”. Hay quienes la buscan y la encuentran y hay quienes las evadimos. Yo contesto de la forma más educada posible y me retiro, pero he constatado que algunos parlamentarios aman las peleas descalificantes por esta vía como una extensión del debate parlamentario. Creo que, en mi caso y en el de ellos, ésta no es la vía adecuada, pero no todos parecen tener los filtros necesarios entre su cerebro y el teclado y disparan sin medir las consecuencias que sus palabras tienen en su vida pública. Un anónimo puede decir lo que quiera y su máxima sanción será el bloqueo o la indiferencia. Un personaje público merecerá el repudio general si es que no escoge bien las palabras adecuadas.

Otro personaje común en Twitter es el loquito ortográfico. Este, pobre, sufre bastante dado que en las redes la ortografía ésta subordinada al mensaje.  Es decir, vale poco. Si yo corrigiera lo que leo me dedicaría solo a eso. Sin embargo a mi no me perdonan una. Suelen ser muy agresivos, sospecho que corregirme les da esa gratificación instantánea, tan buscada en estos medios.

¿Es un vicio el Twitter? ¿El del vouyerista que sólo lee? ¿El del exhibicionista que narra paso a paso hasta sus más leves movimientos estomacales? Es posible que lo sea. Mi recomendación es crearse una rutina. Por ejemplo, yo asocio el Twitter al trabajo, así que no twitteo los fines de semana, pero confieso que si miro en mi teléfono los mensajes. Tal vez venga un tsunami ¿no? A veces, los domingos en la noche, viendo los programas políticos lo hago, pero por lo general concentro mi atención de lunes a viernes.

También debo confesar que hay una cosa que sólo podré hacer en Twitter a partir de estas elecciones y que será un vicio irresistible: ver debates presidenciales. Una puede tener la experiencia de ver en televisión un evento político en familia o con un grupo de personas alrededor con los que intercambia impresiones. Hacerlo con 60,000 personas a la vez es extenuante pero divertidísimo. Los comentarios más ingeniosos, severos, benevolentes, destructivos o halagadores se recogen en tiempo real y hacen que la experiencia sea verdaderamente colectiva. El duelo verbal se da entre los espectadores que convierten hasta al más soso de los intercambios verbales de los candidatos en motivo de comentario.

Los twitteros son temperamentales. Aman y odian con pasión. Usan breves expresiones en inglés como “win” o “epic” para dar su respaldo o manifestar su condena. Arman cadenas que se convierten en TT (trend topic) y eso los emociona porque logran que cientos o miles de personas opinen o se manifiesten sobre un mismo tema. Un día te aplauden y al otro te quieren colgar. Son el público más feroz y más culto del Perú; el más inexperto y el más instruido; y pueden no creer en Dios pero temer el fin del mundo el 2012. Son, como todo colectivo inorgánico, la suma de todas las contradicciones, de todas las virtudes y de todos los defectos de un microcosmos de  la sociedad peruana. No la representa pero es, sin duda, una parte de ella.

Siento hacia ellos lo mismo que Borges respecto a Buenos Aires: “No nos une el amor sino el espanto, será por eso que la quiero tanto”. Ahí seguiré, hasta que Marco me cuente cual es el nuevo invento en la web y por qué, ahora sí, “no puedes dejar de estar ahí”.

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Los archivos secretos de Julian Assange

Ayer se cumplieron seis meses de la detención de Julian Assange en Londres y creo que es un buen momento de publicar aquí un perfil que escribí hace un par de meses para la revista Hombre, que dirige Fernando Ampuero.

¿Por qué el retraso? Para que compren la revista, por supuesto, que está muy buena. Acaba de salir una nueva edición y no hay versión web. Al kiosko, vamos, vamos.

El video que he puesto al final fue lanzado ayer por Wikileaks.

¿Quién es Julian Assange? Se le ha llamado revolucionario, hacker, periodista, terrorista high-tech, violador, superhéroe, superespía, idealista, apestoso, sex symbol, narcisista y algo que, quizás, resume todo lo anterior: personaje de Stieg Larsson. Marco Sifuentes, uno de los dos periodistas peruanos que han coordinado con Wikileaks, destapa los archivos secretos de una de las vidas más intensas e icónicas de los últimos tiempos.

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Reference ID Created Classification Origin
10ICELAND592 2010-ENE-14 23:08 UNCLASSIFIED // FOR OFFICIAL USE ONLY Embajada en Reykjavik, Islandia

Una primera escena podría ser así:

- A su salud, Embajador.
- Salud, señor… Disculpe, ¿cuál era su nombre?

El hombre de pelo cano sonríe. Levanta su martini, shaken, not stirred, y choca copas con el Embajador.

- Assange. Julian Assange -dice el canoso. Barras y estrellas ondean detrás suyo. La toma se abre y revela la locación: un cóctel de la Embajada de los Estados Unidos de Norteamérica.

Salen los créditos. Director: Steven Spielberg.

La escena, aunque indigna de Spielberg, sería perfectamente posible. Su productora, Dreamworks, está alistando un biopic sobre el misterioso fundador de Wikileaks. Y, aunque resulte inverosímil, esta escena es parte de su biografía.

En enero del año pasado, una colaboradora secreta de Wikileaks fue invitada a un cóctel en la embajada norteamericana en Reykjavik, Islandia. Y Assange, siempre el trotamundos y todavía desconocido, se encontraba en la ciudad. A la colaboradora le pareció divertido invitar al fundador de una web que, ya para entonces, había publicado los manuales para torturar presos en Guantánamo y que, de hecho, ya tenía en su poder material tan delicado como las bitácoras de Afganistán, los videos del asesinato de civiles en Irak y los 250 mil cables diplomáticos que se convertirían en la filtración más grande de la historia.

Algunos de esos cables habían sido escritos por el Embajador en Islandia con el que Assange charlaría un buen rato durante el cóctel al que nadie lo invitó, en una especie de broma privada, demostración de egomanía o simplemente ganas de meterse a las fauces del león que estaba planeando noquear.

Así es el ícono de nuestro tiempo, el hacker superstar que remeció el mundo. Lo que pocos saben es que este australiano contestatario es el hijo de una hippie prófuga de un culto clandestino.

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Reference ID Created Classification Origin
71AUSTRALIA234 1971-JUL-03
14:23
CONFIDENTIAL //
NONFORN
Magnetic Island, Australia


El padre de Assange se apellidaba Shipton. Despareció de la vida de Julian prácticamente desde el momento en que lo engendró. En 1972, cuando Julian tenía un año, su madre se casó con Brett Assange, un director de teatro que le dio su apellido. Los dos eran hippies. Assange describe su primera infancia como la de Tom Sawyer: vagabundeando de aquí allá, montando caballo, pescando, todo bien rústico.

Cuando tenía 8 años, su madre, Christine, dejó al señor Assange y se fue con otro, un músico. Tuvo un segundo hijo y entonces empezó la locura. El músico pertenecía a un culto llamado La Familia y Christine tenía que entregarle a su hijo recién nacido a la lideresa del culto. La madre de Assange cogió a sus dos hijos y decidió escapar de su ex por toda Australia. Antes de cumplir 14 años, el niño Julian Assange se había mudado casi 40 veces de hogar.

Varios años después, saliéndose del rubro Filtraciones Políticas, Wikileaks expondría documentos secretos de los mormones y de la Cientología, el extraño culto hollywoodense. Los amigos cercanos de Julian no se preguntaron por qué.

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Reference ID Created Classification Origin
91AUSTRALIA437 1991-MAY-29 23:38 CONFIDENTIAL Melbourne, Australia

Ya era un paranoico. Venía soñando la escena varias noches. Sospechaba (correctamente) que su teléfono estaba intervenido. Casi no le sorprendió cuando la policía ingresó al departamento que compartía con su esposa y su pequeño hijo. Incautaron las computadoras y se llevaron a Julian. Era 1991 y tenía 20 años.

Desde los 16, Assange era el “hacker ético” más famoso de Australia, bajo el alias de “Mendax” (mentiroso, en latín). En una época en la que Internet ni siquiera existía tal como la conocemos, Mendax ya había fundado un grupo de hackers llamado Subversivos Internacionales, con un fuerte código de valores.

Mendax no era un hacker malvado. Había entrado a universidades, empresas e incluso a un grupo aéreo del Pentágono pero no había dañado sus sistemas. Era simplemente el afán de hurgar en sus redes. Por lo inocuo de sus actividades, y compadeciendo su “infancia transtornada”, el juez lo liberó de los más de 30 cargos por hacking y los 10 años de prisión que pedían para él.

Pero, en el proceso, su joven esposa de 18 años lo dejó y se llevó al bebé de ambos, Daniel. Julian luchó la custodia de su hijo durante una década. Según su madre, el estrés de esta batalla es el origen del extraño cabello cano de Assange.

Varios años después, Julian trató de enrolar a Daniel en Wikileas. Pero Daniel -programador, biólogo molecular, ateo, bisexual y vivo retrato de su padre-, lo rechazó. No se hablan hace tres años.

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Reference ID Created Classification Origin
07KENYA234 2007-ENE-31 16:23 UNCLASSIFIED // FOR OFFICIAL USE ONLY Nairobi, Kenia


Wikileaks se hizo pública en el World Social Forum del 2007, en Kenia. Unos activistas keniatas vieron la presentación de Assange en el foro anticapitalista y decidieron que la idea de este impetuoso activista era lo que necesitaban. Contactaron con Julian y le entregaron información sobre corrupción y derechos humanos que terminó derrumbando al entonces presidente.

La primera víctima de Wikileaks: un régimen africano. Nada mal.

La idea ya tenía bastante tiempo dándole vueltas. En 1999 había comprado el dominio “leaks.org” pero no supo qué hacer con él. En el camino se especializó en neurociencias, filosofía y criptografía. Empezó a estudiar física en la Universidad, pero se fue cuando descubrió que las investigaciones que hacían terminaban alimentando al Departamento de Defensa norteamericano.

A través de su blog IQ.org empezó a contactar gente para su proyecto, que empezó en su departamento de Melbourne, Australia. Wikileaks era su hijo. Testigos del nacimiento de la web le dijeron al New Yorker que el departamento de Assange estaba repleto de colchones para alojar a los activistas que llegaban a colaborar. Assange escribía fórmulas matemáticas en las paredes y las puertas. Se quedaba 24 horas conectado a su pantalla, no dormía ni comía y se frustraba cuando tenía que hacerlo, maldiciendo lo ineficiente de la fisiología humana.

Pero la obsesión dio frutos: el régimen africano fue sólo la primera víctima. En los próximos cuatro años Wikileaks publicaría documentación secreta de Hugo Chávez, Sarah Palin, el gobierno chino, CEOs de distintas empresas y hasta petroaudios peruanos.

Al inicio Assange no quería dar el rostro, pero luego tuvo que hacerlo y, finalmente, le gustó. Empezaron a publicarse perfiles periodísticos sobre él. En 2010, después de publicar miles de documentos sobre las guerras en Afganistán e Iraq, ya era una estrella. Había pasado de vestir casacas deportivas, pantalones de cargo, medias blancas y mochila llena de cables a tener el look de Misterioso Hombre Internacional por el que es conocido ahora.

Pero el estrellato trae groupies. Y las groupies siempre traen problemas.

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Reference ID Created Classification Origin
14STOCKHOLM69 2010-AUG-13 02:12 SECRET // NOFORN Estocolmo, Suecia


En su declaración a la policía, Anna Ardin (31) dijo que la primera vez que tuvo sexo con Assange él insistió en hacerlo sin condón. Estaban desnudos en la cama y ella intentó alcanzar un preservativo pero él se lo impidió sujetándole los brazos e inmovilizando sus piernas. Ella reclamó y él finalmente accedió a colocarse uno. Anna ha declarado que en algún punto del acto, él “hizo algo” que rompió el condón y terminó eyaculando dentro de ella.

Anna era la anfitriona de Assange en Estocolmo, donde se celebraba un seminario en el que el fundador de Wikileaks era la estrella principal. La noche anterior, se acostaron. Luego Anna le diría a un amigo que fue el peor sexo de su vida. Sin embargo, a pesar de esto y del incidente con el condón, Assange siguió alojado con Anna una semana más y ella tuiteaba muy entusiasta sobre su invitado.

Al día siguiente, el sábado 14 de marzo, en la conferencia, una joven con un llamativo atuendo fucsia se sentó en primera fila. Se llamaba Sofía Wilen (26) y se las ingenió para conocer a Julian. Esa misma noche terminaron manoseándose en la última fila de un cine. No fueron más allá porque Julian tenía que ir a una fiesta que su anfitriona daba en su honor.

Pero el lunes 16 se desquitaron. Fueron a Enkoping, un pueblo cercano, y pasaron la noche allí. Sofia ha declarado a la policía que Assange no quería usar un condón y que ella lo detuvo. Julian perdió interés y se quedaron dormidos. Sin embargo, despertaron durante la noche y él accedió, a regañadientes, a tener sexo seguro.

Al día siguiente, según su declaración, Sofía despertó y descubrió que Assange estaba teniendo sexo con ella. “Espero que no tengas VIH”, dijo ella medio dormida. “Por supuesto que no”, dijo él y siguieron. Ella nunca había tenido sexo sin protección antes.

El miércoles 18, Sofía llamó a Anna. Sí, eran amigas. Compararon historias. Anna borró los tuits en los que celebraba a Julian. El viernes 20 demandaron a Assange ante la policía.

En Suecia existe algo llamado la ley del “sexo por sorpresa”. Básicamente establece que si, en cualquier punto del coito, la mujer ya no consiente el sexo y el hombre continúa, el acto se considera una violación. La defensa de Assange ha dicho que el sexo fue consensuado y que ambas chicas intentaron chantajearlo. Assange encuentra el tema tan urticante que incluso abandonó sin mayor explicaciones una entrevista en vivo para CNN cuando la reportera empezó a abordar esta cuestión.

Anna ha sido acusada de pertenecer a la CIA. El famoso colectivo pro-Wikileaks, Anonymous, ha revelado la vida entera de Anna, incluyendo unos curiosos viajes a Cuba, y hasta ha recuperado los tuits borrados en los que, después de la supuesta violación, llama a Assange una de las personas “más cool e inteligentes del mundo”.

Ahora, por sólo 8 dólares, usted puede comprar en Internet un 12-pack de condones “Dickileak”, con la cara de Julian Assange.

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Reference ID Created Classification Origin
11LONDON777 2011-FEB-08 23:08 UNCLASSIFIED // FOR OFFICIAL USE ONLY Londres, Inglaterra


“Yes, I am Julian Assange”, fue la frase con la que se rompió el silencio en la habitación. La periodista peruana Rossana Echeandía no había planeado encontrarse con él. Había viajado a recibir, para El Comercio, la parte peruana de los cables diplomáticos que está filtrando Wikileaks. Estaba con el staff de la organización cuando entró por la puerta una persona alta, muy delgada, muy bien vestida, con una bufanda impresionante. Absolutamente seguro de su celebridad, respondió una pregunta que Rossana sólo se había hecho en su cabeza:

- Yes, I am Julian Assange.

“Corro el riesgo de equivocarme”, recuerda Rossana, “pero es distinto a esa impresión tan distante, como de porcelana, que da en las fotos de los periódicos. En ese momento su actitud fue muy distinta, una persona cálida. Cambió la imagen que tenía de él. En las fotografías se le ve desenchufado del mundo y no es así. Es un tipo que sonríe”.

Assange, actualmente, se encuentra en Londres, esperando su extradición a Suecia por el caso del sexo sin condón y coordinando la publicación de los 251 mil cables diplomáticos que tiene en su poder. Hasta el momento, aunque usted no lo crea, sólo ha publicado poco más de 6 mil.

Rossana y Assannge conversaron un poco. “Habla muy lentamente, dice cada palabra con cuidado. Piensa mucho lo que dice. En los gestos, y sobre todo en su mirada, se ve la mirada de un tipo especial, probablemente genial, no sé si para el bien o para el mal.”

- ¿Siempre mira a lontananza como esperando la inmortalidad?

- Sí, clarísimo -me responde Fidel Cano, director de El Espectador, el diario más antiguo de Colombia y partner (igual que El Comercio de Perú) de Wikileaks en su país.

Fidel también lo encontró muy distinto a como lo había imaginado. “No lo había visto tan barbado, y era más risueño que el circunspecto que aparece en las fotos. Fue muy amable, me hizo sentir como si fuera parte del proyecto.”

“Más que periodista me pareció un contestatario feliz de haber encontrado la manera de acorralar al poder”, dice Fidel. Pero Wikileaks no es una organización periodística y, ciertamente, el ambiente de trabajo tampoco parece el de un diario. “La gente a su alrededor lo idolatraba por completo”, recuerda Fidel, “ejerce una fuerza casi sobrenatural sobre su equipo. Lo escuchan lelos y con gran admiración.”

Y así, la vida de Julian Assange parece haber completado un círculo. El niño que huía de un culto ahora ha creado uno a su alrededor. Y sí, sólo van 6 mil de 250 mil cables. Todavía quedan muchas fiestas que arruinar.

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El Lutero digital

Luego del arresto de Julian Assange en Londres, muchos blogs empezaron a calibrar el verdadero papel del fundador de Wikileaks en la historia y empezaron a llamarlo “el nuevo Lutero”. ¿Exageran? Veamos: Lutero no inventó la imprenta, pero fue el primero en usar esta nueva tecnología como un arma política para desafiar al sistema hegemónico de su tiempo. ¿Suena familiar? Sigamos: La venta de indulgencias de la Iglesia Católica de entonces se basaba en la falta de transaparencia de su propia religión. La Biblia era accesible a sólo unos cuantos iniciados. Usando una tecnología de la información recién inventada, Lutero develó los secretos fundacionales del sistema y se los entregó a las masas. Por eso fue declarado un hereje y perseguido. Cinco siglos después, Internet remplaza a la imprenta, los Estados Unidos a la Iglesia Católica y Assange a Lutero.

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Presidente Humala

Hemos vuelto a la normalidad. (foto: asuckel)

(Un pequeño reciclaje de ideas y frases propias y ajenas)

- Después de 14 meses de campaña electoral, esto se acabó. Se lanzó Kouri, se lanzó Lourdes, cayó Kouri, subió Susana, contraatacó el establishment, no funcionó, ganó Susana, bajó Castañeda, subió Toledo, subió PPK, bajó Toledo, subió PPK pero nunca tanto, subió Ollanta, contraatacó el establishment, no funcionó, Ollanta pasó a segunda vuelta, Keiko pasó piola, empezó la segunda vuelta, subió Ollanta, siguió contraatacando el sistema, funcionó, subió Keiko, contraatacó la sociedad civil, funcionó, subió Ollanta y ganó Ollanta.

- Y así, veinte años después, Mario Vargas Llosa le ganó a Alberto Fujimori.

- Las segundas vueltas de este siglo: Fujimori le ganó a Toledo que le ganó a García que le ganó a Humala que le ganó a Fujimori. The circle of life.

- Muchos factores explican el resultado pero no quiero dejar pasar dos que fueron clave para que detener al fujimorismo en Lima: la movilización social y las redes sociales. Ambas confluyeron en el #26M, una jornada sinceramente histórica (más sobre esto, chez Roberto Bustamante).

- Amigo ppkausa, este es tu país al 99.69% de actas escrutadas (faltan algunos distritos):

Elaborado por Francisco Javier Rodríguez Arias

- ‎”Querida Lima, esta vez me tocó ganar a mí pero no te asustes. Ya nos tocaba. Atentamente, El Interior del País.” (@chinorubio)

- El problema, querido Interior del País, es cómo le explicamos esto a una Lima cuya primera duda ante este mapa es ¿quiénes son los azulitos?

- Claramente hay un problema con nuestro A/B, nuestra élite, nuestra burguesía o, como dice Alberto Vergara, nuestra casta dirigencial (no llega a ser clase). Llámenlo como quieran (PPKausismo le digo yo) pero ese es un sector de la población que vive de espaldas al Perú, es un sector capaz de creer que un señor apellidado Kuczynsky Godard podría ser una alternativa seria en un país tan fracturado, es un sector que repite y repite y repite los mismos errores electorales y postelectorales. ¡Y todavía tienen la concha de ser los más frustrados con el resultado!

- “Creyeron muchos que el poder fáctico (capital y prensa) podría detener la turba electoral y persuadir a muchos de los peligros del Nacionalismo, pero como en el 90, el periodismo carece de poder frente a las decisiones que cada cual toma respecto de sus lideres. No hay medio de comunicación (ni solo ni corporativamente) que determine el curso de los acontecimientos históricos.  El populorum es independiente, plenamente autónomo de las plumas y las voces que procuran encauzarlo o encantarlo. La realidad social manda y la pobreza en las tripas tiene más incidencia en las urnas que cualquier editorial.” (Raúl Mendoza Cánepa).

- “Los ganadores de siempre, se rehúsan a perder. Y no porque no reconozcan los resultados electorales o hablen de fraude. Sino porque un día después de las elecciones, Lima amaneció con las consecuencias esperadas del miedo económico del que tanto se habló durante la campaña: la bolsa de valores de Lima cayó 8 puntos y de manera preventiva se suspendieron las operaciones temporalmente. Los lobbyistas se cayeron de la cama temprano para anticiparse con recomendaciones de personajes a cargos estratégicos como el Ministerio de Economía, el Banco Central de Reserva e incluso la Presidencia del Consejo de Ministros. (Cancillería entra a definiciones secundarias por el momento). Los medios de comunicación –la mayoría de preferencias distintas a los resultados de los comicios— se sumaron a la presión. Los ganadores de siempre, no quieren dejar de serlo.” (Carlos Meléndez)

Comentario a este post: “Qué fácil te resulta denigrar al 50% del país que no votó por OH y q es el q mantiene con sus impuestos al otro 50%”. Impresionante. He visto ese razonamiento estilo “nosotros te mantenemos, humaliento” en algunos muros de Facebook.

- No hemos aprendido nada y no aprenderemos. Los aspavientos de la gentita del Movimiento Libertad luego del triunfo de Fujimori fueron idénticos al drama PPKausa de estas elecciones. Por eso es que nuestra mente más preclara, Mario Vargas Llosa (a quien los peruanos, nuevamente, le debemos una disculpa), sabe exactamente de lo que habla cuando la raja:

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- Nuestra clase dirigencial tiene que leer más a Vargas Llosa y menos a Ricardo Lago, debe entender que necesitan voces que digan la verdad, no que les inventen los cuentos que quieren escuchar, deben entender que un mall no es progreso, deben entender que en el sur también han votado por sus bolsillos (vacíos), deben darse cuenta, por dios, que a los embajadores del comercial Marca Perú sólo los conocen en Lima. Que su rabia por haber perdido las elecciones no los ciegue aún más. Deben ser más Gastón y menos Willax.

- Y esto nos lleva al tema de la prensa.

- Primera alerta, durante las municipales: “Los periodistas alucinamos que decidimos elecciones. Pero no es así y, es más, a veces parece que fuera al revés. Vargas Llosa perdió en 1990 y Lourdes ni siquiera pasó a la segunda vuelta en 2006, a pesar de contar ambos con toda la maquinaria mediática a su disposición. Y, por otro lado, el apanado unánime contra Humala en las últimas elecciones no impidió que ganara la primera vuelta y que casi se la lleve en la segunda (incluso subiendo en intención de voto durante las últimas semanas, ¿ya se olvidaron?). Algo similar sucedió con Toledo en la primera vuelta del 2000, cuando se enfrentó a toda la prensa comprada por Montesinos, y aún así empató con Fujimori”. (“Puñetazos” 5/9/10).

- Segunda, luego de la victoria de Villarán: “Una vez más, coleguitas: Los medios no hacen ganar elecciones. ¿Probamos de nuevo el 2011 o nos dedicamos a nuestra chamba no más?” (“Susana llegó“, 26/10/10)

- Pero probaron de nuevo. Siete meses después, hay que repetirlo, coleguitas: a la gente no le gusta que les digamos por quién tiene que votar. Y les gusta menos si insultamos su inteligencia (¿Reinaldo Dos Santos? ¿en serio?) y, peor, si les mentimos.

- Si no hubiera circulado tanta mentira (que Humala es prosendero, que se va a llevar tus pensiones, que quiere estatizar hasta a los niños, etc.), ahorita estaríamos viviendo una transición mucho más ordenada en vez de la histeria limeña que ha invadido Facebook.

- ¿Se imaginan lo nocivo que hubiera sido para la moral del país si el fujimorismo hubiera triunfado gracias a una campaña de mentiras, manipulación mediática y colusión con el gobierno? ¿Ese hubiera sido el mensaje para el país? ¿El vale todo, el fin justifica los medios, el no importa que robe con tal que mantenga nuestro status? El fujimorismo como opción política tiene derecho a soñar con volver al poder, sí, claro. Pero no así. No así.

- “No sé si es lo mejor pero es lo correcto”. (Patricia del Río).

- ¿Y ahora qué? Miren lo que puse hace dos meses:

- ¿Qué posibilidades tiene cada uno? Ambos van a jugar a la “coalición democrática” de uno frente al otro.

- En ese campo, Fujimori la tiene más difícil. Rodeada de su núcleo duro y con un vicepresidente como Rafael Rey, seguramente podrán convocar a la derecha empresarial y mediática. No es poco, pero tampoco es una gran concertación (después de todo, el fujimorismo es sólo un subconjunto de la derecha empresarial y mediática). (…)

Se dirá que ella no es una autócrata pero la respuesta será fácil: Keiko no gobernará (no seamos ingenuos). Liberará a Fujimori y lo nombrará primer ministro o, qué apropiado, asesor presidencial.

El apoyo de los medios será crucial. Levante la mano el que tenga la más mínima duda de que los medios masivos, salvo dos o tres periódicos, se van a jugar el todo por el todo a favor de Fujimori. Mejor emputecidos que expropiados, será el razonamiento de sobrevivencia. Los niveles de histeria mediática superarán al 2006 con creces.

- A diferencia de Keiko, Humala viene de una racha ganadora. No dejó de crecer desde enero. Pero también la tiene muy difícil para concertar. Ha sido representado como una amenaza directa al bolsillo de la clase media. ¿Quiénes querrán aliarse? Los que lo hagan serán calificados, inmediatamente, de tontos útiles. (…)

Se habla también de un acercamiento de Perú Posible, deslizado por el mismísimo Toledo el último viernes. (…) Si esto es verdad, encaja en el objetivo de Humala de demostrar que es más Lula que Chávez.

(en “No han ganado los ignorantes…” del 11 de abril)

- ¿Y, entonces, ahora qué se viene?

- En una entrevista a Alberto Vergara, el politólogo dijo que todo depende de la madurez tanto del nuevo gobierno como de la clase dirigente. El oficialismo tendrá que respetar las formas democráticas y cuidar, también, la economía de la clase media. Que amarre a sus ultras. Que cuadre a los nuevos Torres Caro. Que tenga lejitos a su promoción del Ejército. Los humalistas no pueden olvidar que gobiernan desde territorio enemigo: no ganaron en ningún distrito limeño (salvo Carabayllo). Su reto es doble: satisfacer la expectativas del interior del país y conquistar Lima.

- La oposición tendrá que sostener al gobierno, mientras éste se mantenga en los cauces democráticos, claro. Debe asumir que perdió, debe jugar limpio, debe dejar de sembrar pánico. Algo que pocos dicen de Venezuela es que, sí, Chávez es un demente megalómano, pero él se alimenta de una oposición torpe, histérica y también antidemocrática (no olviden el golpe mediático que puso a Carmona en la presidencia) que agudiza las contradicciones. Si queremos que Perú no se convierta en Venezuela, los políticos opositores necesitarán cabeza fría. Humala tiene que durar cinco años en el poder. Ni un día más. Pero tampoco ni un día menos.

- Insisto: Siempre y cuando se mantenga en los cauces democráticos.

Ya saben.

- Ahora, relajémonos. Ya ganaron. Sí, todos nos pusimos estúpidos en algún momento u otro de estos largos 14 meses de campañas. Pero ya todo terminó. Ya fue. Ahora, a juntarnos. Los que votaron por Fujimori no son corruptos, los que votaron por Humala no son ignorantes y los que votaron viciado no son irresponsables. Fue una situación difícil y las decisiones que se tomaron fueron difíciles. Desde el lunes  todos ya somos oposición.

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