cholósfera , literatura , politica , tv Viernes, 24 noviembre 2006

“Vano Oficio” en discusión

Reproduzco aquí una columna de Jerónimo Pimentel, aparecida ayer en Caretas, que extrañamente no ha sido rebotada en ninguno de los blogs de literatura.

Creo que mi amigo Jerónimo -como de costumbre- se desborda, pero su columna plantea tópicos que no sólo alentarán el lamentable chismorreo puñalero de la autófaga chologósfera literaria, sino que pueden incentivar algo más constructivo: un debate necesario y urgente sobre las características mínimas de nuestra televisión pública. Aquí va.

La sinrazón de un programa, ‘Vano Oficio’, que hace honor a su nombre.

Tantas Veces Thays

Que aceptemos el aforismo de Wilde y entendamos que la literatura, para ser tal, debe estar desprovista de toda utilidad, no significa que un programa dedicado a ella tampoco tenga ningún fin. Por ello no se sabe bien a santo de qué se le ha encomendado a Iván Thays un programa de literatura en el Canal 7. Por razones que sería ocioso desarrollar, y que resultan obvias al televidente, no se debe a sus virtudes propiamente televisivas (fluidez del discurso, manejo de cámaras, etc.). La única razón posible es que su conocimiento literario y sus dotes comunicativas lo hagan merecedor de un sueldo pagado por todos los peruanos por el servicio que ofrece. Pues bien, esto es cuestionable.

Thays posee una personalidad caprichosa harto reflejada en su visión literaria sectaria y sesgada, personalidad que por lo general traiciona toda objetividad en aras de saciar, en un penoso laisser-faire permitido por RTP, su agenda personal. Esas son las contradicciones de un personaje tan contradictorio que desde la blogósfera reclama hipócritamente altura y nivel en el debate intelectual, pero que no ha tenido problemas para resolver sus duelos privados insultando públicamente, como aquella vez que denigró desde estas mismas páginas (CARETAS 1877) a un respetable catedrático de la misma universidad que auspicia su programa, la PUCP.

De la misma forma, habría que desglosar múltiples minucias para explicar a los amantes de la literatura por qué Thays no invita a un considerable grupo de escritores destacados a ‘Vano Oficio’, o por qué ellos no están dispuestos a participar en el show de quien los menosprecia sistemáticamente, para entender por qué una importante parcela de artistas de todas las edades y escuelas no tienen la posibilidad de participar en el único programa de literatura que se permite la televisora del Estado. La lista de literatos es tan amplia que sus nombres juntos sólo renuevan la vergüenza: en narrativa, desde el genial Miguel Gutiérrez al prometedor Alexis Iparraguirre; en poesía, desde el consolidado Tulio Mora al talentoso José Carlos Yrigoyen. Luego, el contraste con sus colegas dobla la indignación: ¿A qué historiador Tony Zapata es incapaz de citar por que lo encuentra moralmente cuestionable (“Sucedió en el Perú”)? ¿Qué carnaval peruano no puede ser cubierto por Sonaly Tuesta en virtud de qué desarreglo con cuál alcalde, regidor o mayordomo (“Costumbres”)?

Cuando ‘Vano Oficio’ tuvo algún mérito, haciéndose merecedor de un premio incluso (que no compartió), fue gracias a que la estructura de su programa, así como la pre y pos producción del mismo, eran tan originales que trascendían el pobre desempeño del anfitrión. Pero cuando los directivos de aquel entonces se dieron cuenta que el resultado se debía a los méritos del productor Hernán Medina, y decidieron otorgarle una oportunidad para que realice una propuesta más inclusiva que la del autor de ‘La disciplina de la vanidad’, el escritor que es mejor contactólogo que escriba, y que en nada desaprovecha su status público de Skármeta wanna-be, confeccionó una carta colectiva en la que renombradísimos del panteón de las letras intimidaron con sus firmas al directorio de RTP, que de literatura sabe lo que Melcochita de etiqueta.

Thays ha hecho de esas relaciones públicas un método de disuasión con penosos resultados, por efectivos. Pontificando y denostando con ligereza y mala fe, ha aprovechado su espacio para dar rienda suelta a groseras vendettas, como aquella vez que calificó de “peor ensayo del año” una obra de divulgación que se permitió destacar a uno de sus blancos recurrentes y que, oh casualidad, le daba el discreto lugar que merece a su propia obra narrativa. Con décadas a la cabeza de ‘Presencia Cultural’, ¿con cuántos artistas se ha enemistado el buen Ernesto Hermoza? ¿Quiénes son los pintores o escultores imposibilitados de salir en ‘De Arte’, de Claudia Chumbe? ¿A quién le negó conversación Guillermo Giacosa en ‘Mapamundi’?

Ahora que Alfonso Salcedo se encuentra a la cabeza del Canal 7, el publicista, que no es ajeno al mundo de la poesía, debería aprovechar la oportunidad de replantear la cobertura literaria que realiza la señal estatal. (Jerónimo Pimentel)

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