noticias Jueves, 22 septiembre 2005

El asesinato de Alberto Rivera

Para variar, era un día gris. Almorzábamos un menú barato en Miraflores, cuando Daniel Yovera, entonces reportero de La Ventana Indiscreta, contestó una llamada en su celular. Los demás ni prestamos atención. Pero cuando colgó el teléfono, Yovera estaba lívido. Todos lo miramos y él solo atinó a decir: “mataron a mi entrevistado“.

Así conocí a Alberto Rivera. Era el 21 de abril del 2004.


Alberto Rivera Fernández. 1950 – 2004.

Daniel acababa de regresar de Pucallpa. Hacía tan solo 24 horas que había entrevistado a Rivera. Y ahora estaba muerto: asesinado un día después de denunciar al alcalde de Pucallpa, Luis Valdez Villacorta, como cabecilla de una banda de narcotraficantes.

En los últimos días deben haber escuchado bastante el nombre de Rivera. La semana pasada se inició el juicio oral, en el que sólo están comprendidos algunos peces chicos. A pesar de que el mismo Alberto Rivera había responsabilizado al alcalde en caso de cualquier atentado contra su vida, Valdez Villacorta -conocido como “La Vieja” por la DEA- está considerado simplemente como testigo del caso.

Algunos de los peces chicos ya empezaron a cantar y demostrar que Rivera tuvo razón sobre su propia muerte. Pero en Pucallpa la justicia le pertenece al alcalde. En su última entrevista, el mismo Rivera detalló cómo es que Valdez Villacorta maneja a su antojo a todas las autoridades de Pucallpa.

Con tanto poder, era de esperar que este señor diversifique su accionar empresarial. En marzo de este año, estuve en Pucallpa viendo el enorme problema de las millonarias concesiones forestales que este gobierno ha llevado de una forma sospechosamente chapucera. El tema es muy grande para reseñarlo aquí (hagan clic para ver el reportaje), pero “Lucho” Valdez era quizá el más favorecido con el tremendo cambalache de las concesiones en la selva.

En Iquitos lo acusaban de actuar a través de testaferros y, de hecho, encontré unas cuantas empresas vinculadas a él. Cuando lo entrevisté, el alcalde terminó admitiendo, cachosito él, que se había “asociado” con unos cincuenta concesionarios. En concreto: si nadie lo detiene, Valdez Villacorta pronto se convertirá en el dueño de la quinta parte de nuestra selva.

Pero, claro, como todo esto ocurre allá donde los días no son grises, a nadie le importa.